23 de abril, una fecha enigmática (III)

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Photo by Jessica Pamp

No se conserva ni un manuscrito redactado por el puño y letra de Shakespeare, se conjetura que apenas sabía poner en un pliego su nombre, pero cada 23 de abril, con motivo del Día del Libro, vuelve a aflorar el nombre del creador de impagables páginas que definió el amor como un faro imperturbable.

Cuando se acerca el Día Internacional del Libro se recuerda que esta efeméride es debida a que ese día de 1616 fallecieron Cervantes y Shakespeare. Una coincidencia errónea, pues Miguel murió en Madrid el 22, aunque fue sepultado al día siguiente, y William falleció en su pueblo un 23 de abril que en realidad era el 3 de mayo, ya que Inglaterra se había negado a aceptar la reforma del calendario decretada por Gregorio XIII en 1582 y se seguía rigiendo por el calendario juliano.

Laura Lara y María Lara con el libro ‘Brevario de Historia de España’, en Brihuega (Guadalajara).

Ese invierno el alcalaíno apenas había salido de casa, una vez publicada la segunda parte de El Quijote se esforzaba en culminar el Persiles. Apenas podía moverse, la diabetes avanzaba y la vida se le escapaba sin parar de urdir argumentos. En contraste, Shakespeare pasaba las horas bebiendo como un cosaco, se cree que murió debido a la fiebre provocada por la borrachera mientras celebraba con unos colegas nuevos proyectos.
También se ha comparado a Don Quijote con Hamlet, por la locura fantasmagórica que deambula por la Mancha o Dinamarca y por ser individuos atrapados por la duda, o a Sancho con Falstaff, los dos son amantes del vino, de la holgura y del incesante diálogo. Esta hibridación de dimensiones y tonos – el realismo, la fantasía y la ironía- halla explicación en su propio tiempo, una época de crisis o transición de un sistema feudal a otro capitalista, del Renacimiento al Barroco, de la monarquía absoluta continental al liberalismo británico.

Probablemente, Shakespeare leyó la primera parte de las andanzas de don Alonso Quijano. En 1612 Thomas Shelton hizo la primera traducción al inglés y, fruto de esta lectura, tomando el personaje de Cardenio, William escribió a cuatro manos, con John Fletcher, el relato que recogía la historia de los amores contrariados de cuatro jóvenes, eso sí con final feliz. Desde su estreno en 1613 nunca fue repuesto y hoy es uno de los mayores enigmas literarios. Un influjo en el vaivén de las aguas del Canal de la Mancha que no resultó recíproco, ya que Cervantes jamás leyó a Shakespeare.

“Si llevas tu infancia contigo, nunca envejecerás” afirmó el dramaturgo británico de origen checo Tom Stoppar. Nació en 1937 y uno de sus trabajos más célebres es el guion de la película Shakespeare in Love. En el film estadounidense- dirigido en 1998 por el británico John Madden y protagonizado por Gwyneth Paltrow y Joseph Fiennes- el joven William tiene un romance con la ficticia Viola de Lesseps, admiradora suya, mientras se encuentra escribiendo Romeo y Julieta. En la producción Shakespeare lleva pendiente.

Doctoras María Lara y Laura Lara, Profesoras de la UDIMA, Escritoras Premio Algaba y Académicas de la Academia de la Televisión.

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