Abel González: «Algunos protocolos de prevención del acoso son muy burocráticos»

Abel González UDIMA

Los casos de acoso escolar y el ciberbullying están presentes en los medios de comunicación semana tras semana. Recientemente, ha sido publicada la noticia de una niña que había sufrido acoso en varios centros escolares, relatándose el calvario vivido. Abel González, director de Criminología en la Universidad a Distancia de Madrid UDIMA y experto en bullying y ciberbullying, explica cuál es la situación actual de estos problemas en las aulas españolas.

¿Cómo puede ser que un mismo joven pase por varios centros y sea víctima de acoso en todos ellos?

Es algo perfectamente factible siempre y cuando se den las condiciones adecuadas en todos los centros, es decir, que los patrones de victimización se repitan. Este aspecto está siendo impulsado por la popularización y el uso de las tecnologías de la comunicación por parte de los estudiantes, ya que en el ciberespacio siguen en contacto entre ellos, aunque no lo estén físicamente. No debemos olvidar que cerca del 99% de los jóvenes a partir de 12 años tienen un teléfono móvil con conexión a Internet y utilizan de manera casi compulsiva las aplicaciones de comunicación (whatsapp, redes sociales, …). También hay que unir que, aunque se ha avanzado mucho en la concienciación, no se ha hecho lo mismo con la formación de los docentes, donde, en no pocos casos, se ven impotentes ante un caso de estas características por no tener recursos ni formación. Otro aspecto destacable es que las administraciones lo que han hecho es proponer protocolos de prevención del acoso excesivamente burocratizados y que en muchos casos no sirven para prevenir o intervenir en esta problemática, más allá de enquistar los problemas.

¿Qué papel están teniendo las tecnologías digitales en estos casos y otros de acoso?

Como ya he avanzado tienen un papel muy importante porque son nuevos medios de victimización. El papel principal es que hacen que el acoso perdure 24 horas y no permiten «lugares» seguros en los que las víctimas puedan estar. Pensemos por ejemplo, que aunque la víctima no tenga un perfil en Instagram, sí puede ser víctima de ciberacoso a través de este medio, en cuanto se suben fotografías suyas y se hacen comentarios ofensivos. También hay que pensar en que las víctimas observan los efectos de manera permanente, todo lo que se sube a Internet permanece allí por mucho que la víctima se esfuerce en ocultarlo. En resumen, hacen que los efectos perniciosos se multipliquen en el tiempo en el que permanecen y en la repercusión de los mismos. También facilitan el acoso de manera muy sencilla, porque en este medio no se producen los insultos o comentarios en el cara a cara, sino en la distancia y eso, siempre hace que los agresores y agresoras no perciban los efectos negativos en las víctimas y no desarrollen actitudes empáticas.

¿Por qué hay diferencias entre cómo perciben las familias y la administración estos casos?

Como he dicho en la primera pregunta efectivamente así se da, por un lado tenemos que los medios de comunicación no han hecho bien algunas cuestiones y están consiguiendo que el problema se banalice y que todo lo que sufren los adolescentes en el centro educativo sea «bullying», y eso cala en las familias, que no están preparadas para determinar si su hijo o hija realmente sufre este problema o cualquier otro en esta edad, por lo que se puede exagerar la incidencia de ciertos casos. Y por otro lado, también hemos observado que la administración no está preparada para hacer frente a estos problemas reales, ya que lo ha solventado con protocolos de actuación que no están acorde a la realidad y las prácticas efectivas en la intervención de esta problemática, con lo que se da un cóctel explosivo en muchos casos. Y tampoco debemos olvidar que siempre las relaciones familias y centros educativos son las más complicadas, y repito, no se forma a los profesionales educativos en técnicas de comunicación con las familias.

¿Qué posibles soluciones hay para estos problemas?

Yo creo que la fundamental es que los Grados y Másteres de formación del profesorado incluyan formación en este sentido, además, que las administraciones apuesten por la implementación de programas evaluados en los diferentes centros educativos, y pasa por la colaboración con la Universidad, ya que existen algunos programas diseñados y evaluados que no tienen repercusión por la falta de relación entre universidad y administración. También sería adecuado que en los centros se impulsase la figura del «gestor» de convivencia y fuese una figura clave en la organización para detectar de manera temprana estos problemas y que fuese el encargado de coordinar todos los recursos que se pusieran en marcha. Y, cómo no, potenciar la participación de las familias, desde el minuto cero, en los centros educativos. f

El acoso y el ciberbylling, ¿aumentan o disminuyen?

No lo sabemos porque desde 2006 no tenemos un estudio serio y riguroso a nivel nacional, en este caso promocionado desde el Defensor del Pueblo para dar continuidad a los dos de 2000 y 2006. Ya va siendo hora de que hagamos uno al respecto. A pesar de todo ello, sabemos de manera parcial, que el problema del acoso tradicional no ha aumentado y el del cyberbullying parece estar en aumento, pero por otro lado sabemos que ambos problemas se retroalimentan, es decir, son parte del mismo problema general de convivencia, y lo que urge es ponerse de acuerdo en ambas definiciones para empezar a saber si está en aumento o en descenso.

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