¿Cuáles son los cuatro activos del aprendizaje? Construir una utopía educativa

Con el título «Activos de aprendizaje. Utopías educativas en construcción», Fernando Trujillo Sáez presenta una recopilación de textos que explican lo que son «los activos de aprendizaje» en el ámbito educativo.

A lo largo de 160 páginas analiza los recursos que tenemos para ampliar el conocimiento y las competencias educativas: otras personas, situaciones y eventos en los que participamos, dispositivos con los que se interactúa. Por ello, el autor dice que «somos organismos que aprenden y nuestro entorno es una fuente constante de aprendizaje».

En el primer capítulo analiza la escuela como activo de aprendizaje. Pide que esta se convierta en un lugar en el que aprender a filtrar la información, leerla críticamente, y compartirla. Define aprender como «transferir lo aprendido a situaciones novedosas, y reflexionar sobre la experiencia vivida».

En este contexto, son los estudiantes quienes deben aprender a localizar la información, comentarla, organizarla, darle sentido y plantearse nuevas preguntas. En este sentido, el autor pide una alta capacidad de diálogo entre los docentes y los alumnos. Ese diálogo debe realizarse con los alumnos mientras realizan sus trabajos en grupo. Sobre los grupos recomienda que se alternen grupos cooperativos heterogéneos con distintos formatos a lo largo del curso. Y para potenciar esos grupos pide una gamificación de la profesión docente.

Esa gamificación pasa, para el autor, «por ofrecer experiencias de aprendizaje». De esta forma, se acaba la rutina de las tres «P» (presentar contenidos, practicarlos y prueba de evaluación) y se pasa a las tres «C», la creatividad, la conexión y vivir la ciudadanía desde el liderazgo educativo.

En el segundo capítulo analiza al profesorado como activo de aprendizaje, con la idea de conseguir la utopía de un nuevo profesorado. Un docente que no sea un simple «cajero automático» que expide los contenidos, sino un docente que se convierta en un «narrador» cuya historia «abre un escenario de posibilidades no determinadas por algoritmos» para cada alumno.

En tercer lugar, se analiza la enseñanza como activo de aprendizaje. En él aborda diferentes debates como la presencia del libro del texto en la enseñanza, qué son los aprendizajes basados en proyectos; qué problemas se generan y cómo atenderlos entorno al aprendizaje cooperativo. Dedica cuatro páginas para hablar del camino del proyecto lingüístico de centro. Y cierra con nuevas propuestas sobre la evaluación, donde pide que la evaluación sea «acompañar y comprender, sentirse corresponsable del aprendizaje. Demostrar que el docente no es un observador externo que sobrevuela por encima del trabajo del aprendiz».

La ciudad también puede ser un activo de aprendizaje. A ello se dedica el capítulo cuarto. El autor pide una comunidad de aprendizaje abierta: «una escuela que crea situaciones de aprendizaje cooperativas (no individualistas o competitivas), que plantea proyectos y tareas integradas y que fomenta la presencia de la comunidad en el aula, por ejemplo, a través del contrato de aprendizaje con las familias».

Cierra el libro un capítulo titulado «Entre utopías y distopías«. En él se abordan otros temas complejos como la utilización de la tecnología, el ciberutopismo, las neurociencias aplicadas a la educación. Interesante broche final la carta a un docente sobre PISA: «PISA es solo una luz que ilumina ciertos aspectos de la realidad, y en muchos casos distorsiona tanto como ilumina. No quedemos deslumbrados por este faro interesado y, en todo caso, establezcamos un buen sistema de iluminación a lo largo del camino que queramos hacer y procuremos que este sistema no perjudique al caminante con su luz cegadora».

Fernando Trujillo Sáez: «Activos de aprendizaje. Utopías educativas en construcción», Editorial SM, 2018.

 

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