Afrontar la educación en tiempos de coronavirus

El coronavirus se está convirtiendo en uno de los sucesos históricos que van a marcar nuestra época. Claramente va a haber un antes y un después de él. Eso está sucediendo en todos los ámbitos de la vida, y también en la educación.

En los últimos años estábamos viviendo no una época de cambios, sino un cambio de época. Y el coronavirus ha acelerado esta tendencia. Eso no significa que el mundo nuevo que se está creando sea mejor. Es, sencillamente, diferente. Y lo más adaptativo es prepararnos cuanto antes para ese nuevo mundo.

En el sector educativo, el cambio tan brusco que han tenido que vivir todas las escuelas se está gestionando como mejor se ha podido en cada caso. Todos los miembros de la comunidad educativa (administración, docentes, estudiantes y familias) están intentando poner de su parte. Pero hay que reconocer que el sistema no estaba preparado. Y por eso estamos cometiendo errores.

Brecha digital y brecha educativa

También hay que tener muy en cuenta las dificultades tan grandes que se han puesto de manifiesto aún con mayor crudeza que antes. Por ejemplo, se están agravando tanto la brecha digital como también la brecha social y educativa:

  • Brecha digital. ¿Cómo podemos concebir que todos los estudiantes dispongan de ordenadores si ni siquiera los docentes los tienen? Hasta ahora al menos, los docentes están trabajando con sus propios medios: están poniendo sus ordenadores y sus conexiones a Internet de su bolsillo. Y los estudiantes y las familias están haciendo lo que pueden. Esta brecha digital se está agravando con el virus porque las familias que mejor estaban quizá han podido además comprar nuevos ordenadores y dispositivos, y las familias que estaban peor se han estancado, o incluso han ido hacia atrás. Pero resolver esta brecha digital es algo relativamente sencillo: lo único que hay que hacer es invertir. Así de claro. Y, después, hacer un reparto justo de la inversión: dar más a los que más lo necesitan.
  • Brecha social y educativa. Los estudiantes ya tenían diferencias entre los más avanzados y los rezagados, y esas diferencias se van a hacer más grandes con esta crisis. Esta otra brecha es más difícil de solventar. Y probablemente sea la principal consecuencia educativa, y además completamente negativa, de esta grandísima crisis que estamos viviendo. Hacia aquí deberían ir los principales esfuerzos educativos tanto de la actividad de los docentes en el día a día de las aulas, como también de las grandes políticas del ramo.

Educación presencial pero también digital

En el mundo transformado que nos toca vivir a partir de ahora, ¿cómo será la educación? Colegios y universidades seguirán teniendo un papel fundamental como espacio físico privilegiado para el aprendizaje. La idea no es que a partir de ahora abominemos de la educación cara a cara del docente con sus estudiantes. Es algo que debe seguir siempre, no porque sea el formato tradicional, sino porque es necesario.

La educación consiste en crear ciudadanos, pero también en crear sociedades. La educación tiene un componente social, porque es en la escuela donde caemos en la cuenta de que existe la diferencia, y de que todos vivimos juntos. Por eso debemos encontrarnos con el otro. Y en eso la escuela presencial es insustituible.

Los estudiantes deben seguir yendo a los centros educativos. Pero eso no significa que la presencialidad deba ser la única opción educativa. Igual que ha sucedido con la irrupción del teletrabajo, en la pandemia hemos podido observar cómo algunas escuelas que sí estaban adaptadas a lo digital han podido seguir su ritmo de una manera muy razonable. Y debemos extraer enseñanzas de la experiencia.

Y si algo hemos aprendido en este tiempo es que la educación digital es la única manera de garantizar el derecho a la educación de los estudiantes en caso de confinamientos. Por eso es un imperativo prepararnos a conciencia para ella. No porque sea nuestra opción prioritaria pedagógicamente. Sino porque no queda más remedio.

No podemos no estar preparados para la educación digital. Y si además, con ello, mejoramos de paso los procesos de enseñanza y aprendizaje, miel sobre hojuelas. La educación en la realidad nueva pasa por aquí.

Tecnología educativa: aprender de los errores

Uno de los errores más habituales en la incorporación de la tecnología en la educación es repetir las metodologías y usos tradicionales, pero con los medios actualizados. Donde antes había clases magistrales en vivo de docentes a estudiantes, ahora hay lo mismo, pero por videoconferencia o enlatado en vídeos de YouTube. Donde antes había libros en papel, ahora hay libros en pantalla. Y donde antes había fotocopias ahora hay aulas virtuales como «modernas reprografías».

Pero, ¿cómo podemos afrontar la educación digital que necesitamos?

Lo primero que hay que garantizar es la infraestructura. La inversión en dispositivos y conectividad es absolutamente necesaria. Sin ellos con el coronavirus no hay garantías de una continuidad suficiente de la educación. Habrá que ver cómo articular esa inversión, qué intensidad podrá dársele y qué alcance. Seguramente habrá que empezar con dotar de un portátil corporativo a todos los docentes. Pero luego habrá que continuar con los estudiantes.

Además de eso, será necesario articular todos los medios para poder digitalizar la educación. Las medidas principales (además de las de infraestructura) son la formación masiva de los docentes, garantizada mediante certificaciones apropiadas, y un despliegue de software adecuado: software de gestión, software generalista y contenidos educativos digitales.

Lo iremos viendo en los próximos meses, y años. Ya lo verán.

Julián Alberto Martín

La tecnología, ¿mejora la educación?

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