Reflexiones de una directora

Cuando hace unos días me ofrecieron escribir esta sección, no dudé ni un segundo en aceptar la propuesta. La oportunidad de volcar y compartir mis reflexiones con otros docentes y con directivos del ámbito educativo me motivó desde el principio, aunque fuera por el mero hecho de crear comunidad.

Pero cuando ya luego reposé la idea, la motivación pasó al entusiasmo. Todos los que vivimos nuestro día a día en un colegio sabemos que el ritmo es intempestivo y frenético y el poder aprovechar este medio para bajarme del carro de las prisas, el poder escribir sobre esa cotidianidad, es una invitación a ordenar mis ideas y, sobre todo, a dotar de profundidad mi labor.

¡Qué bonita es la vida que se respira en un colegio! Está plagada de relaciones, ruido, emociones y movimiento. Sus pasillos, aulas y despachos observan niños correteando, adolescentes flirteando con su recién estrenada parcela de poder, maestros que entran y salen apresurados de clases y salas de profesores, familias que vienen a tutorías, personal de administración y servicios engrasando la maquinaria del día a día con sus labores… Toda una comunidad educativa volcada en sus quehaceres. Y cada uno de estos movimientos responde a un hecho sumamente trascendente: se está gestando la generación del futuro.

No negaré que el orden y la rutina en un centro educativo son fundamentales para su buen funcionamiento: la gestión de tiempo y espacios, la delimitación de funciones, una normativa interna consensuada y que responda a la idiosincrasia del centro… Pero todo este “encaje de bolillos”, que Dirección y jefes de estudios trabajan con tanto mimo, pese a dotarnos de cierto orden y equilibrio, puede llegar a hacernos perder de vista la profundidad y trascendencia de nuestra labor si no nos obligamos a “ver más allá del árbol”.

Así que hacer el acto de consciencia de pensar que trabajamos con “material altamente sensible y delicado” (permíteme la expresión) es fundamental. Estamos formando personas (niños y adolescentes), cuya vulnerabilidad es extrema, estamos acompañando y dotando a los padres de las herramientas necesarias para educarles (porque recordemos que el hecho de ser padres no les convierte en educadores).

¿No te parece que esta labor merece que de vez en cuando nos formemos, leamos, reflexionemos y nos autoevaluemos? ¿No crees que nuestros alumnos merecen que revisemos y rectifiquemos el rumbo cuando así lo veamos necesario? Los profesionales de la educación hemos de obligarnos a parar, elevar nuestra mirada, distanciarnos de esa cotidianidad, en la que tan cómodos nos sentimos, para escudriñarla, analizarla, destriparla y evaluarla.

Y este es justo el objetivo de esta humilde sección: acompañarte en tu labor directiva docente mediante la reflexión. Porque, que lo urgente pase por delante de lo importante, puede convertirse en rutina y esta puede ser absolutamente incapacitante para crecer a nivel personal y profesional. Para ello, hay que planificar de forma sistemática momentos para hacer paradas metacognitivas sobre nuestra labor.

Brújula de la gestión educativa

Y porque perder el norte puede ser fácil cuando estamos capturados por la urgencia y la prisa, te invito a leerme utilizando una brújula. A ella acudo con frecuencia en las reuniones de evaluación de desempeño docente y en la mía propia.

Hoy te invito a que, con brújula o sin ella, me acompañes en este camino que inicio hoy con mucha ilusión.

Bienvenidos a “Reflexiones de una directora”. ¡Aquí estoy para compartir contigo mi día a día en el cole!

Anabel Valera Ibáñez, directora de Colegio Lleó XXII y directora ejecutiva de la Red de Directivos de Instituciones Educativas en España REDIE

 

 

 

 

 

 

 

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