Andrea G. Henry (CANAE): “No es justo para el estudiante que la ley educativa cambie con cada gobierno”

Los estudiantes observan entre la cautela y la esperanza las novedades de la nueva ley educativa. Aunque reconocen que algunos aspectos de la LOMCE eran revisables, siguen lamentando que aspectos relacionados con la participación estudiantil tampoco se recogen en la LOMLOE. Entre tanto, a la espera del desarrollo en la práctica de la nueva ley educativa, los estudiantes representados en la Confederación Estatal de Asociaciones de Estudiantes (CANAE) lamentan que aquella haya sido aprobada, de nuevo, sin el consenso ni la consulta previa con la comunidad educativa que cabría esperar de una normativa legal de su relevancia. La presidenta de CANAE, Andrea G. Henry, lo explica en esta entrevista concedida a ÉXITO EDUCATIVO.

¿Qué echan de menos los estudiantes en la nueva ley educativa?

Fundamentalmente participación y educación en la participación. No tanto que hayamos podido participar como estudiantes en la tramitación de la ley, que también, sino incluir contenidos en materia de participación estudiantil juvenil e infantil en la propia ley. Es decir, creemos que esta ley tiene cosas desde nuestro punto de vista positivas, pero en otros ámbitos se queda corta, y uno de ellos en que flojea es en el tema de la participación, ya que no se han incluido dentro del currículo ni se apunta en la propia ley las formas de participación de los estudiantes, mientras que sí se hace en el caso del profesorado.

¿Qué es lo que más les convence de la normativa recién aprobada?

Nos parece un avance la reducción de la repetición y considerarla como última vía antes de haber agotado todas las anteriores. También que se devuelvan ciertas competencias al Consejo Escolar, que antes fueron eliminadas con la LOMCE y que se devuelven a los consejos.

¿Han comprendido la urgencia en aprobar esta nueva ley?

Creemos que hay muchos aspectos de la ley que son urgentes y que no pueden esperar. Sin embargo, estos aspectos no están del todo contemplados en la ley, como la adaptación a las nuevas metodologías, reducir las tasas de abandono escolar o adaptar la educación digital en unas aulas aun poco actualizadas: eso urge y no es algo que se refleje. No sé si era urgente o no tramitar la ley como se ha hecho, pero sí que era urgente tramitar todos juntos una ley de consenso. Entendemos que cada partido político legisla en su momento cuando está en el gobierno, pero lo que no puede ser ni es justo para nosotros como estudiantes es que la ley cambie cada vez que cambia el gobierno. No nos podemos permitir estar cambiando de ley educativa cada cuatro, cinco o seis años. Necesitamos estabilidad y lo que creo que hacía más falta y era más urgente era consensuarla, tanto con todos los grupos parlamentarios como con la comunidad educativa, lo que no ha ocurrido.

¿Era tan perniciosa la Ley Wert para el sistema educativo, como apuntan sus detractores?

En CANAE tratamos en su día la LOMCE y hallamos muchos aspectos mejorables. Lo que creemos que es más urgente, con aquella como con la nueva ley, no es tanto un cambio legislativo como un cambio de paradigma en la educación. Es decir, cambiar a otra ley educativa que continúa el mismo paradigma o que no resuelva los problemas reales de los estudiantes no era lo prioritario.

¿Se enseña actualmente lo suficiente y adecuado para afrontar las necesidades del mercado laboral? Algunos críticos advierten que los contenidos curriculares todavía no se ajustan a la demanda de las empresas.

El tema del currículo es algo que necesitamos cambiar urgentemente. Estamos todos de acuerdo en que es demasiado extenso y memorístico, al tiempo que nada motivador para el estudiante. Y tampoco está adaptado a las necesidades laborales actuales. Como estudiantes sentimos que la sociedad ha avanzado, pero la educación es la misma que hace 30 o 40 años. Evidentemente hay que hacer un cambio en el mercado, y por aquí pasa el tema de la formación profesional. Hace falta mejorar el sistema de FP en España y, sobre todo, lo más importante es darle valor como sociedad. Tendemos a desvirtuar lo que es la FP sobre la que pesan todavía muchos prejuicios, pero es una gran salida a esa oferta laboral más profesional sin tener que pasar por la rama académica de años estudiando para poder obtener tu grado o máster universitario.

Siempre cuento esta anécdota. Yo llegué a 4º de la ESO y en Historia nunca pasamos de los Reyes Católicos porque cada año se terminaba el curso en esta etapa histórica, debido a lo sumamente extenso que era el temario. Por ejemplo, la Guerra Civil, el Franquismo… eso lo vi en 2º de Bachillerato porque siempre nos quedábamos en los Reyes Católicos.

Al hilo de esta cuestión, un reciente estudio, el informe TIMSS, baja el rendimiento de los escolares españoles en matemáticas, lo que liga con el menor interés por estudiar carreras STEM, que son, parece ser, las que va a necesitar la empresa del futuro. ¿Qué opina?

A medida se avanza en el estudio, desde primaria, secundaria hasta bachillerato, llega un momento en que las matemáticas dejan de ser estimulantes para convertirse una materia estresante. No se enseñan de una forma práctica, lo que es el gran problema de la mayoría de asignaturas que tenemos actualmente, que son muy teóricas y poco prácticas. No recuerdo ninguna clase práctica de matemáticas donde se aplicaran a la vida real los conocimientos teóricos.

Los estudiantes están siendo, junto a los profesores, protagonistas involuntarios durante la pandemia ¿Cómo están estudiando? ¿Cómo han vivido el cambio al modelo online de la enseñanza?

Cuando llegó la pandemia muchos estudiantes sufrimos las consecuencias de la desactualización de la educación. Se pasó de un modelo cien por cien presencial a un modelo online en muy poco tiempo, lo que tuvo sus fallos en muchas comunidades autónomas. Aquello al principio no funcionó, porque no todos los estudiantes teníamos un dispositivo adecuado, ni todos los profesores estaban formados en la materia, ni todas las comunidades tenían plataformas virtuales destinadas a esto. Se vivió con bastante incertidumbre al principio porque los institutos no estaban preparados.

Así, aquello resultó ser un desastre, nadie sabía qué hacer ni cómo gestionarlo. Se sobrecargó de deberes a los estudiantes, no sabíamos muy bien cómo ajustar la enseñanza online, estábamos todo el día haciendo deberes, en clase y con videollamadas… al final, fueron muchas horas delante de una pantalla y eso afectó a la salud de todos. La salud mental de los estudiantes se ha visto -y siguen las consecuencias- muy afectada por el confinamiento. CANAE hizo una encuesta entre estudiantes sobre el confinamiento, la principal conclusión es que hubo estrés, agobio, depresión, cansancio, aburrimiento.

¿Qué podría ser mejorable en esta situación, en la que se está combinando el aprendizaje online y presencial?

Teniendo en cuenta que en la actual situación no podemos volver el cien por cien a la clase presencial y estamos en un sistema semipresencial, lo que sería mejorable son las metodologías. No podemos pretender que una clase que antes funcionaba de modo presencial ahora lo haga de manera online sin más.

Es decir, la educación online no es poner una cámara al profesor y lo que antes decía de manera presencial ahora consiste en decirlo de manera online. Eso no funciona. La formación online es buscar aplicaciones, mecanismos, metodologías que ayuden a la autonomía del estudiante, que ayude al estudiante a filtrar la información, a la búsqueda de documentos científicos o cómo investigar en internet. Y por supuesto, más formación al profesorado en este nuevo ámbito. Durante el confinamiento hubo una brecha no tanto digital como generacional entre profesores y estudiantes.

Éxito Educativo
Author: Éxito Educativo

Redacción de Éxito Educativo, información sobre la actualidad educativa, especialmente toda la relacionada con la gestión lo centros.

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