Antes de que suene la alarma

Llevo unos meses levantándome antes de que suene la alarma que tengo configurada para las 6.30 am. Una hora antes ya estoy dando volteretas por la casa. Si viviera mi abuela diría: “a esas horas aínda non puxeron os camiños”. ¿Por qué me levanto antes de la hora habitual? Porque la ilusión no me deja dormir.

Hace tiempo le comenté a un director de un colegio internacional la importancia de motivar a los trabajadores y contestó: “ya cobran a final de mes”. ¿Qué futuro le espera a ese centro educativo? ¿Y a los trabajadores del mismo?

La motivación no solo se consigue con dinero o con frases inspiradoras. La motivación se obtiene con una serie de acciones con los trabajadores y se define por el nivel de energía, el grado de compromiso, de persistencia y la creatividad que aportan a sus tareas diarias en sus puestos de trabajo.

Por el contrario, los trabajadores que presentan un grado bajo de compromiso con la empresa están desconectados emocionalmente y no suman en favor de los intereses de la organización. Cualquier responsable de recursos humanos que crea que la motivación hay que “traerla de casa”, debería quedarse en la suya. La motivación ni se tiene ni se trae: es un resultado de nuestra vida.

Nos dejamos embaucar por conceptos modernos como “engagement”, mientras que los trabajadores están tantas veces comprometidamente descomprometidos. No detectar los síntomas de los empleados desmotivados precozmente puede traducirse en una pérdida de productividad y un empeoramiento del ambiente laboral. Entonces, tendemos a pensar: “¡uy!, es una persona tóxica”.

Pero lo cierto es que no hay personas tóxicas; cualquiera puede comportarse de manera tóxica si no hay motivación. Todos, en cierto modo, podemos estar propiciando que una persona se comporte de esa manera. Por eso se habla de la inteligencia emocional, tan importante y necesaria en los contextos laborales y en la vida, en general.

Los centros educativos pueden ayudar a que los profesores y trabajadores estén más a gusto y sean más profesionales. Motivar no es animar. Es necesario fijar objetivos reales y hacer una buena planificación; promover el desarrollo profesional de los trabajadores y alejarse de la cultura del presentismo laboral, pues no necesariamente es más productivo el que más horas permanece en su silla.

Por otro lado, los trabajadores deben esforzarse por mantener una actitud proactiva de aprendizaje, ser resolutivos y trabajar en equipo con empeño y optimismo. Solo así se puede conseguir trabajar a gusto con uno mismo y con los demás. Entonces, sin darte cuenta, comienzas a levantarte antes de que suene la alarma.

Noa Carballa es doctora en Comunicación, licenciada en Periodismo y Publicidad y miembro del Consejo Editorial.

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