Es momento de apostar por la conversación de desarrollo

Es momento de apostar por la conversación de desarrollo

Vamos a reflexionar juntos sobre algo importante. Para ello, necesito que reserves los siguientes cinco minutos de tu tiempo, ¿de acuerdo? Vamos a por ello…

Pregunta: ¿Cuánto tiempo dedicas, como responsable de tu equipo, al desarrollo personal y profesional de cada uno de los miembros?

Y no me refiero a cerrar una reunión al año y hablar con cada uno de ellos sobre cómo les ha ido el curso. Me refiero a plantear un plan de mejora individualizado y organizar conversaciones de desarrollo con cada una de las personas que trabajan en tu centro educativo.

De eso quiero reflexionar hoy contigo. Si cada vez estás más convencido (si no lo estás ya) de que un colegio, en cuanto a estructura y dinámica profesional, es una empresa, debes incorporar las conversaciones de desarrollo en el acompañamiento de tu equipo.

Y, ¿en qué consiste? La respuesta es demasiado larga como para escribirla en este artículo, pero sí te puedo dar pistas de por dónde va este planteamiento. De hecho, hay un libro que te recomiendo como lectura importante (y, según como, urgente): “La conversación de desarrollo” de Pablo Romero Cagigal. Es un libro muy ameno y directo. Habla con claridad y, a la vez, en profundidad sobre la importancia de las conversaciones de desarrollo y en qué consisten.

Me gustaría destacarte algunas de las claves que plantea Romero a lo largo de sus páginas a modo de guía de reflexión. Piénsalo, necesitamos seguir aprendiendo cómo acompañar a nuestro equipo para hacer de él una suma de individuos desarrollados a su máximo nivel. Y ese equipo hará de ti un excelente profesional y una mejor persona.

Lo que es clave en un colegio es generar cultura. Y en este caso, cultura de acompañamiento personal, de aprendizaje continuo y desarrollo personal. Y ahí entra, entre otras cosas, las conversaciones de desarrollo. Es importante comprender, y así insiste Romero a lo largo de su libro, que la responsabilidad del desarrollo personal no es exclusiva del empleado. Nosotros, como responsables de ese equipo, también lo somos. Y debemos generar los foros y las inercias adecuadas para que se pueda dar.

Yo añadiría, además, que, en último término, si un profesor no hace un proceso de aprendizaje y desarrollo profesional y personal a lo largo de los años, que no sea porque nosotros no hemos construido el andamiaje adecuado para que eso suceda.

Construir una conversación de desarrollo es generar un encuentro adecuado en tiempo y forma en el que nuestros profesores puedan desahogar todo lo que llevan dentro. No se trata, exclusivamente, de expresarles por nuestra parte lo que nos gusta y lo que no y marcar objetivos (aunque eso sea necesario), sino de ir más allá.

Desde mi punto de vista y tras la lectura de este libro, la pregunta base en una conversación de desarrollo la dividiría en dos partes:

Primero, ¿qué talentos puedes desplegar y yo no te he dado espacio para hacerlo?

Segundo, ¿cómo te puedo ayudar para que puedas desarrollar un plan de crecimiento personal y profesional?

Estas son dos preguntas que sirven de andamiaje externo para empezar a construir una base sólida a partir de la cual seguir desarrollando todo lo necesario.

Soy consciente de lo difícil que es empezar este camino. De hecho, si te soy sincero, yo estoy en proceso de ese primer andamiaje en mi nuevo proyecto, pero sé, por experiencia propia y la de otros, que es posible. Pero para ello debemos activar herramientas clave: tiempo, criterio y, sobre todo, humildad.

La herramienta “tiempo” es evidente, ¿no crees? Debemos revisar nuestras agendas y nuestras prioridades. ¿Dónde estás tú? ¿En los objetivos? ¿En las urgencias? ¿En apagar fuegos? ¿En no se sabe qué? Pues ya sabes, ordena todo eso, prioriza a tu equipo y empieza a construir sin prisa, pero sin pausa. Stephen Covey ya nos da pistas al respecto al crear ese cuadro tan maravilloso en el que podemos dirimir entre lo más o menos importante junto con lo más o menos urgente. Dale vueltas…

La herramienta “criterio” es un poco más compleja, ya que no siempre lo tenemos aunque nos creamos que sí (recuerda eso de inconscientemente incompetentes). Es importante que estemos, los directores digo, bien formados. Y la formación potente es la suma del aprendizaje de nuestra experiencia más el estudio y la formación profunda a través de másteres varios, seminarios, libros serios… Y, cómo no, con el compartir con otras personas que puedan aportarnos luz a nuestra oscuridad.

Y, por último, la herramienta “humildad” es la más exigente y compleja. La queremos todos, pero no todos la tenemos. Y si la tenemos no nos dura mucho tiempo. Es algo que debemos curtir a lo largo de nuestra vida a todos los niveles. Cuando entendemos que ser líderes no significa tener razón ni conocimiento pleno de las cosas, sino vivir y dirigir desde la sencillez rodeándote de personas que te pueden aportar y ayudar, ahí aparece la humildad, y se queda un tiempo largo.

Pues bien, cuando tenemos estas tres herramientas, estamos preparados para empezar a construir conversaciones de desarrollo potentes y eficaces. Es ahí donde podremos escudriñar posibilidades de desarrollo en nuestros profesores que, como bien dice Romero, no siempre pasa por un aumento de sueldo o más responsabilidad, sino en profundizar en los talentos de cada uno y llevarlos a su máximo esplendor. Sé que no lo conseguiremos ni siempre ni con todos, pero eso no es motivo para no implantar una cultura de desarrollo y mejora continua. Recuerda, normalmente los grandes resultados empiezan con pequeño pasos.

Cuantos más años paso en el mundo educativo (y yo soy de los que ya lleva un tiempecillo) veo más claro la importancia de aprender a acompañar y a desarrollar herramientas de acompañamiento que permitan, a los que están a mi lado, crecer y avanzar. Y a mí, por supuesto.

No te olvides de que si estás en un puesto de responsabilidad, significa, nada más y nada menos, que debemos dar respuesta a los que nos rodean con nuestra propia experiencia y con la voluntad y rectitud de corazón de generar horizontes para cada una de las personas de las que soy responsable.

El resto, lo explica maravillosamente bien Pablo Romero en su libro.

Gracias por leerme, una vez más.

Por Javier Luna Calveradirector académico, consultor y coach educativo.

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