Autopsia a una adlátere populista al servicio de la causa

man sitting on chair holding newspaper on fire

Aun tengo atrapado en mi memoria el ruido de las olas romper con violencia contra las rocas, el olor salino del cantábrico, y el silbido del nordés en un “prau” de una colina costera. Enfrascado en esta rememoración bucólica ha venido a disturbar mi paz el recuerdo de algunas de esas herramientas del diablo que tanto convulsionan a los centros educativos: el “wasap”. Y lo peor de todo, es que este desasosiego no solo viene motivado por el recuerdo de dicho canal de comunicación, que también, sino por un esperpéntico artículo publicado en un diario nacional, y que he tenido el infortunio de leer, con el título Autopsia a seis chats de padres: “Bizum” es lo más repetido en un colegio privado; “reunión” en uno público.

El dilema moral con el que me encuentro ahora mismo es, si no recomendarles su lectura, habida cuenta del escaso valor periodístico del artículo, o, por el contrario, incitarles a que lo hagan, se echen unas risas y puedan juzgar por ustedes mismos qué capacidad intelectual nos otorgan algunos de los “chupatintas” patrios; porque si de verdad un profesional ha escrito este bodrio convencido de que ha hecho un ejercicio de investigación serio, riguroso, y de una objetividad absoluta,  lo único que cabría preguntarse es si en las facultades de periodismo hay ahora  mucho catedrático al borde de la jubilación que está regalando el aprobado general. Si no, esto no hay quien lo entienda. Bien es verdad que ahora, a poco que uno encienda la tele y se enganche a alguno de esos canales televisivos opiáceos, aquellos que se creen periodistas y hacen que ejercen de eso, son más bien numerosos. Como no me he documentado con suficiente rigor, dejo la respuesta sobre el sentido profesional del autor de dicho artículo a la imaginación de cada uno.

Pasemos a diseccionar algunas de las perlas que nos podemos encontrar en el texto. El periodista se hace eco del análisis realizado por María Zabala y recogido en su libro “Ser padres en la era digital”. En este “riguroso” estudio se analizan, ni más ni menos, que 6 chats de 6 colegios de los 30.000 centros educativos que hay en España. En este sesudo análisis se abordan algunas cuestiones muy significativas tales como que en los chat de un colegio británico se repetían con insistencia expresiones del tipo “jajajaja”, además de usar muchos vocablos en inglés del tipo de “snack”, “parents”, “bizum hecho” y, por supuesto, “party”. Juzguen ustedes mismos, no solo la intencionalidad trasladada en el uso de esas palabras, sino la impericia de la escritora y de la intrépida periodista, que para ridiculizar el contenido de dicho chat exponen el uso de palabras en inglés. ¿Se puede ser más mendrugo?, en qué carajo de idioma pretenden que se comuniquen familias que llevan a sus hijos a un colegio británico. ¿Habrán caído en la cuenta de que muchas de esas familias, con toda seguridad, son de distintas nacionalidades? El colmo de la desfachatez es que se apostille que una de las más repetidas es “por supuesto, party”. ¡Cómo no! Claro, estas familias alegres, desinhibidas, despreocupadas y siempre de “party porque es lo que tiene vivir de las rentas. Frente a esto, en un colegio público de la misma localidad, las familias se refieren en más de 100 veces a la profesora por su nombre, y la tercera palabra más repetida es “regalo”. No nos debe caber ninguna duda de que mientras que en el primer colegio no hay profesores, sino siervos al servicio de alumnos y familias, en el segundo las familias son conocedoras y respetuosas al máximo con la profesión docente. La articulista se podría haber tomado, por ejemplo, con el ánimo de contrastar datos, la molestia de comprobar el porcentaje de absentismo por motivos médicos en la escuela pública y en la privada, como muestra de la presión que unos y otros soportan en su día a día. A lo mejor se lleva una sorpresa, pero claro, no cuadrarían esos datos con el mensaje “objetivo” que se nos pretende trasladar.

En otro de los chats de colegios públicos referidos, se señala la importancia de que no se hable de padres o madres, sino directamente de familias, y además se haga un uso frecuente de lenguaje inclusivo “niñ@s o niñes”, en un chat de 2º de Primaria (7-8 años). Miren, llegados a este punto, no sé si nos toman por tontos, o lo que es peor, que ese sea el caso. De ser así, como decía Mafalda “paren el mundo, que me bajo”.

Nos trasladan también el contenido de un chat de una escuela pública rural, donde entre las cosas que más destacan es la cercanía entre las madres (aquí son solo madres, ya se sabe que la misoginia está muy extendida en zonas rurales de voto más conservador), que se llaman entre sí “guapa o wapa”. Cosa que no ocurre, claro, entre las estiradas madres de los colegios privados; ni en los concertados, ya que, en estos, los chats solo “pretenden ser de perfil bajo” y se centran en “cuestiones organizativas “en las que los padres (aquí sí, los padres) se limitan a dar las gracias y colocar algún emoji dando palmas”. Para eso hemos quedado. Los padres, digo.

Cierto es que últimamente se ha puesto de moda lo de documentarse poco y mal. No es infrecuente oír a ministros y ministras argumentar sobre diferentes temas utilizando coletillas del tipo: “he oído en el metro” (la señora Pilar Llop, ministra de Justicia dixit, hablando sobre la crisis del CGPJ); o, “me han parado por la calle para expresarme su preocupación por la escalada de precios y los márgenes abusivos que imponen las empresas de distribución” (Señora Yolanda Díaz, vicepresidenta del Gobierno y Ministra de Trabajo, con funciones delegadas en  los ministerios de Consumo y Agricultura). O del tipo: “un taxista me preguntó si era la de Podemos en la Asamblea de Madrid, para así poder expresarse con tranquilidad y libertad”, a cuenta de la señora Carolina Alonso.  Es tal el abuso de ese recurso tan cobarde que incluso le lleva a uno a poner en boca de otros sus propias ideas en lugar de defenderlas con argumentos, que no es ilógico encontrarse con artículos tan bochornosos como este.

En todo caso, cuando uno analiza un poco detalladamente el perfil que de sí misma presenta la redactora, entiende claramente cuál ha sido el leitmotiv de este artículo. Por lo visto fue subjefa de la sección de nueva narrativa. Ahí está. Ese es el motivo. Ha sido un ejercicio maravilloso de nueva narrativa, también llamado posverdad. “Siembra la duda, que algo cosecharás” dice nuestro refranero. En todo caso, una debería de tener un poco de pudor profesional y tratar de no hacer ejercicios de una pobreza intelectual tan burda como esta.

Si a nuestros alumnos de Secundaria y Bachillerato les exigimos a la hora de hacer un trabajo un intenso ejercicio de documentación, crítica, contraste de opiniones y de fuentes, rigor científico en la búsqueda y tratamiento del dato, qué no debemos exigir a profesionales en el ejercicio de su labor.

Es necesario denunciar el basto intento de tratar de manipular voluntades e ideas. Sea cual sea el signo político de quien lo trate de hacer. Ya está bien de soportar este ambiente sofocante de opresión politizada.

Cada vez más empieza esto a parecerse peligrosamente a lo narrado en “1984” por George Orwell.

Jaime García Crespo, CEO de Grupo Base Educación

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