Baleares, ¿la última ‘Numancia’ contra la ‘catalanización’ educativa?

Solo con pisar suelo en Baleares uno sabe que allá no se habla catalán, se habla mallorquí, menorquí e eivissenc, y si alguien no lo entiende, ‘barco de rejilla’, que es esa popular expresión insular y en apariencia humorística, controvertida en según qué ámbitos, que se traduce como que el que no esté de acuerdo con nosotros, los de las islas, que se ahogue en el mar.

Pues, lo que son las cosas, el proceso de catalanización, esto es, aquello que una comunidad como es la valenciana ha logrado frenar con el tiempo, a pesar de compartir diccionario lingüístico básico (más por ahorrar costes que por otra cosa, la verdad) en Baleares se ha somatizado hasta el punto que pone en riesgo a las Islas Baleares (o Ses Illes Baleares, con sus artículo salado, que lo llaman, y no con la ‘l’) como comunidad diferenciada y más próxima a aquel sueño del Lluís Llach del posfranquismo (avant ‘tot era silensi’) dels Païssos Catalans, esto es, una sola Cataluña engullendo a la Comunitat Valenciana y a las Baleares. Unos países catalanes que afectarían a terrenos en Italia, Alemania y Andorra, no solo en España, y donde solo se hablaría catalán, el catalán.

Y ¿Cómo se ha llegado a esta situación? Pues a través de un lento pero progresivo proceso de catalanización lingüística que empieza, como no podría ser de otro modo, por la escuela. En las Islas, la mayoría de ciudadanos habla con naturalidad en una lengua distinta al castellano, además de hablar en castellano: también lo hacen en inglés o alemán, hasta en ruso, gracias a las crecientes colonias turísticas. Pero también el mallorquí, el menorquí y el eivissenc, que ahora quieren singularizar exclusivamente como catalán.

Lo que era natural de siempre, como en la Comunidad Valenciana, que era hablar en valencià, y en castellano, y que en Baleares resultaba minoritario y hasta simpático cuando la Obra Cultural Balear preconizaba en los 80 y 90 la catalanización del idioma y de todo lo demás, y pocos los tomaban en serio, hoy se ha convertido en un problema, no tanto derivado de que el catalán de Cataluña se convierta en el idioma oficial de todas las islas, como que lo catalán lo impregne todo. Y tras largos años de gobiernos populares, donde se hablaba con naturalidad y propiedad en los idiomas propios de las islas, aterrizó una izquierda, liderada por el PSIB-PSOE y su actual presidenta del Congreso de los Diputados, que impulsó como nunca la catalanización de la educación en Baleares.

No ayuda mucho que el Estatuto de Baleares señale que su lengua, además del español, es el catalán, a diferencia del Estatuto de la Comunitat Valenciana, que especifica que su lengua, además del castellano, es el valenciano. Porque sí, el valenciano es mucho más antiguo que el catalán, data de hace siglos y hasta tuvo su propio Siglo de Oro, en el siglo XV, con los Joanot Martorell o Ausias March, irradiando desde una Valencia que sumaba 75.000 vecinos, frente a los 14.000 de la Barcelona de entonces, cuya primera gramática catalana, así llamada, la escribe el ingeniero Pompeu Fabra, unos 500 años después, en 1912.

En este marco, donde históricamente bien puede decirse que el catalán vendría a ser un dialecto del valenciano, y pocos habrían de rasgarse las vestiduras, es donde hoy se cuece el enfrentamiento político-lingüístico más importante de las últimas décadas, con un perdedor de bandera, la lengua común a todas las regiones, comunidades, nacionalidades o como se deseen llamar españolas: el idioma castellano o español.

La Comunitat Valenciana resiste desde que falleció Franco los constantes intentos por catalanizar la sociedad y el territorio (en ello jugó un papel fundamental la TV3, también en Baleares). El PP es el que, a trancas y barrancas en estas décadas ha sostenido el bilingüismo en la escuela como expresión de que es posible la ‘pax romana’ desde el sentido común. Las excepciones han sido, como en Baleares, los intervalos en que gobernó la izquierda, de natural más pegada a la ‘Cataluña catalana’ por razones que llevará años explicar a los analistas, historiadores y sociólogos, principalmente.

Baleares, en el corazón de la tormenta

Este apabullante contexto es el que enfrenta a día de hoy el Gobierno de Baleares, de la popular Margalida Prohens, al que apoya el demonizado VOX. Su idea en forma de experiencia piloto de garantizar la libertad de los ciudadanos, los padres en este caso, para que elijan en qué idioma estudiarán sus hijos, si en catalán o en español, ha generado una controversia que recuerda el caso catalán y el estupor, pues así fue, de la delegación de la Unión Europea durante su visita para investigar por qué en ese territorio las autoridades educativas no cumplen con la ley que establece un porcentaje mínimo para que quien lo desee pueda educarse en la lengua común del país, España.

Hace apenas unos días, la Conselleria balear de Educación y Universidades hubo de salir al paso con un comunicado en el que matizaba su apuesta por la libre elección de lengua. En realidad, más que matizar, era dejar claro que, como estaba previsto (en esto no hay sorpresas) en el curso 2024-2025 se hará efectivo el derecho de las familias a elegir la lengua de primera enseñanza que deseen para sus hijos.

Esta decisión, recuerda el Govern, está amparada por la normativa vigente, “puesto que el derecho de las familias a elegir la lengua, siempre y cuando sea oficial en las Illes Balears, en la que sus hijos recibirán la educación en la etapa de Infantil y en primero y segundo de Primaria está previsto en el Decreto 92/1997, de 4 de julio, conocido popularmente como Decreto de Mínimos (Artículo 9); el artículo 18.2 de la Ley 3/1986, de 29 de abril (artículo 18) y la Ley de Educación de las Illes Balears (Artículo 135.1.c)”.

De este modo, las familias elegirán esta lengua en el momento en que el niño se incorpore al sistema educativo dentro de los cursos anteriormente indicados.

En paralelo, el Gobierno balear pondrá en marcha un plan piloto voluntario de libre elección de lengua en el resto de cursos, que se basará en tres pilares fundamentales: “El respeto más absoluto a la normativa actual. No se cambiará ni una coma de la legislación educativa existente; el respeto más absoluto a la autonomía de centro, a la autonomía pedagógica y al proyecto lingüístico de cada centro; y la voluntariedad de los centros”.

Esta voluntariedad, explica el Govern, implica que aquel centro al que no le guste, que no lo considere necesario o que quiera seguir con su proyecto lingüístico, simplemente no se tiene que acoger al plan piloto. Por tanto, deja bien claro el Ejecutivo de Prohens, que “no se trata de ninguna imposición por parte de la Conselleria. Todos y cada uno de los centros de las Illes Balears tendrán la libertad total y absoluta de hacer lo que consideren oportuno en relación al plan”.

Será ya en el curso 2025-2026 cuando la Conselleria de Educación y Universidades pondrá en marcha el plan piloto voluntario de libre elección de lengua en las etapas de secundaria en base a los tres pilares antes mencionados. Actualmente se está trabajando en su desarrollo y se presentarán y explicarán las líneas generales del plan en el Parlament de les Illes Balears en una comparecencia voluntaria del conseller de Educación y Universidades, Antoni Vera, el próximo 8 de febrero. A partir de aquel momento el plan piloto se consensuará con todos los sectores implicados para elaborar el texto definitivo del proyecto, concluye el comunicado.

Desde la UOB, la Unió Obrera Balear, han llegado las reacciones más sonoras contra el plan piloto del PP en esta materia. “Ante las agresiones del gobierno balear a la lengua catalana y el intento de implantar un plan piloto de segregación lingüística, cada vez somos más los que decimos: Basta! No permitiremos más retrocesos en materia lingüística y nos opondremos a cualquier política que sea hostil al catalán”, rezaba uno de sus últimos manifiestos.

UOB muestra su más firme apoyo a todos los docentes que se han manifestado en favor de la defensa de la lengua catalana, y alienta a los que todavía no lo han hecho a “que lo hagan cuanto antes”.

Cada vez, menos hablantes de catalán

No hace mucho, el Moviment per l’Escola en Catalá a les Illes, difundió una ‘Carta abierta al conjunto de la sociedad de las Islas Baleares’, que resume a la perfección lo que piensan, y temen, los sectores socioeducativos procatalanistas, que no necesariamente pro-baleares, por ello. Así, en su Carta, expresaron que en los últimos quince años el catalán “ha ido perdiendo hablantes y uso social, de acuerdo con los datos oficiales del Govern de las Illes Balears”, una realidad que, apuntaba, “no se limita estrictamente a las grandes ciudades y municipios, sino que se extiende por los territorios insulares, lo que puede implicar una pérdida de capital simbólico: el catalán, elemento identificador y vertebrador de nuestra identidad, de acuerdo con Estatuto de Autonomía de las Islas Baleares, se puede percibir como una lengua de segundo nivel”.

El último informe del Anuario de la Juventud de Baleares, conocido hace unos días, acredita esta pérdida de ‘cariño’ de las nuevas generaciones por expresarse en catalán en la intimidad.

En la década de 1980, se explicaba en esta Carta, información que completa como pocos otros documentos este reportaje, en las Islas Baleares empezó a introducirse la escuela en catalán, que, según el Moviment, “dio lugar a un modelo de conjunción lingüística que, en algunas zonas hispanohablantes implicó la aplicación, por consenso de toda la comunidad educativa, de la metodología conocida como enseñanza cien por cien en catalán”.

Este sistema tiene como primer objetivo que al finalizar la etapa obligatoria todo el alumnado sea competente en las dos lenguas oficiales, objetivo que, lamenta el Moviment, “a menudo no se consigue, como demuestran las estadísticas publicadas por la Conselleria de Educación y el día en día de los centros educativos”, a causa, asegura, “de un entorno fuertemente castellanizado”.

Las causas de esta situación, admite el Moviment, son “diversas y complejas”, pero por empezar por alguna, cita un “entorno comunicativo altamente castellanizado, la dejadez de la Administración en lo que se refiere a la promoción de nuestra lengua, y la falta de conciencia lingüística de los hablantes. Todo ello ha provocado un descenso del uso social del catalán”.

Sin embargo, agrega, “no cabe duda de que últimamente se ha constatado una notable relajación en la conciencia lingüística. No nos referimos sólo a la disfunción grave que supone que buena parte de las clases de secundaria se hagan en castellano y que la inspección no le ponga remedio. Los datos muestran que la lengua mayoritaria entre compañeros de estudio es el castellano, idioma que también se usa en muchos intercambios alumno-profesor fuera del aula. Se trata de algo especialmente grave, porque puede suponer la percepción de que el catalán es sólo la lengua de una parte del territorio y no del conjunto de la ciudadanía”.

Por todo ello, el Moviment reclamaba en su Carta como “indispensable que la sociedad isleña tome conciencia de la necesidad de un cambio urgente que cambie la situación actual de regresión de los derechos lingüísticos y, sobre todo, de la cohesión social de nuestro territorio con la promoción del uso social de la lengua y la defensa de los derechos lingüísticos”.

¿Cómo proteger los derechos de los que habla el Moviment? Lo primero y principal es que desde el Estado español “cese la política de marginación del catalán y que reconozca la pluralidad lingüística y cultural del Estado como un bien inmaterial a conservar, de forma que haga efectivo el especial respeto y protección que prometió a la Constitución de 1978, que promueva y garantice el uso del catalán en las dependencias que gestiona, y que retire toda normativa encaminada a la sustitución lingüística”.

También que desde el Parlament balear se garantice el uso del catalán como lengua de uso preferente en la educación, que asegure la consecución de las competencias orales y escritas de los alumnos, y que tenga en cuenta lo que establece el artículo primero de la Ley de Normalización lingüística.

Al Gobierno de las Islas Baleares se le pide que fortalezca el espacio comunicativo catalán con la reciprocidad de las emisiones de los medios públicos de los territorios de habla catalana, con una programación atractiva especialmente para los niños y los jóvenes, que potencie referentes culturales que se expresen en lengua catalana. Así, para que no haya duda alguna, “es necesario que la Administración haga las gestiones pertinentes para que en las Islas Baleares recibamos los canales originales de cada territorio de manera recíproca, de forma que podamos ver TV3, À punt, Esports 3, etc.”.

La lista de peticiones es más larga, alcanza a los profesores y que se garantice que el catalán sea el eje vertebrador del sistema educativo de las Illes Balears, con la dotación de recursos pedagógicos en los centros educativos, para que el profesorado pueda implementar programas y metodologías innovadoras. Pero también a otras profesiones, a las instituciones locales, al mundo del deporte… a que todo sea favorecedor para el catalán.

El catalán, por encima de (casi) todo en la escuela

La Asociación Hablamos Español presentaba a finales de 2023 el ‘Estudio sobre los proyectos lingüísticos (PLC) de los centros de enseñanza de Baleares‘, que supone una foto fija del momento, pero lo suficientemente esclarecedora como para entender la actual situación. Que las nuevas políticas educativas del PP la reviertan, es algo que habrá de estudiarse más adelante, pero, de entrada, el análisis de Hablamos Español coloca al ciudadano sobre lo que hay hoy.

Y lo que hay, concluyen los analistas de esta asociación, es que “independientemente del resultado del estudio del contexto sociolingüístico del centro, tanto si el catalán es utilizado en el ámbito familiar como si no, se concluye (de los PLC) que el catalán debe ser la lengua vehicular del centro”.

Las leyes, órdenes y decretos aprobadas por el Gobierno de las Islas Baleares (se entiende que el anterior de izquierdas) “fomentan el uso del catalán en el entorno educativo y discriminan claramente el uso del español”.

Así, de acuerdo con este retrato, “en todos los centros se establece que la lengua de comunicación utilizada para el ámbito administrativo y de gestión será únicamente el catalán” y  si i alguna familia desea tener la información en español “deberá solicitarlo de forma expresa y se hará una sesión separada para aclarar dudas”.

En todos los centros educativo, prosigue el estudio, se establece que la lengua de comunicación utilizada para la impartición de las clases será el catalán, a excepción de las clases de Lengua Castellana e idioma extranjero, obviamente. El español, advierte la asociación, “prácticamente desaparece en la Educación Infantil y Primaria”.

Además, se indica expresamente que los alumnos deberán comunicarse también con los profesores y el resto de los alumnos en catalán, independientemente del conocimiento de la lengua catalana que tengan.

Más madera. En todos los centros se establece que la lengua de comunicación utilizada entre cualquier miembro de la comunidad educativa será el catalán. Se obliga al personal docente y no docente a utilizar el catalán en el Centro y también se establece en la mayoría de los centros que las actividades extraescolares también deberán ser en catalán. Es decir, “se utilizan los Centros Educativos para conseguir que el catalán sea la única lengua utilizada por los alumnos de las Islas Baleares y se discrimina claramente a todas aquellas familias que quieran utilizar el español”.

Así está la cosa, a la espera de las experiencias piloto del nuevo gobierno.

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