¿Blockchain en educación?

Hoy dedicaremos nuestro espacio a una de las tecnologías que más atención está acaparando en los últimos tiempos: el blockchain. Últimamente aparece por aquí y por allá en artículos que hablan de sus supuestas bondades, sobre todo en relación con criptomonedas, que supuestamente van a cambiar el escenario financiero mundial. Y también se menciona el blockchain para mejorar certificaciones varias.

Según sus defensores, la tecnología blockchain supone una especie de validación magnífica e invencible para todo tipo de operaciones. Algo mejor que cualquier notario o que cualquier entidad de certificación. Su ventaja es que la validez que aporta esta tecnología está descentralizada, por lo que no es necesario ningún banco federal o europeo o chino ni ninguna entidad que verifique nada: la pura tecnología sirve para eso.

Así, se supone que las unidades monetarias del futuro estarán basadas en blockchain, y que por ello, serán globales y universalmente válidas. Muchos se han lanzado a invertir en alguna de estas nuevas monedas. Hay varias, pero el famoso bitcoin es la que tiene más predicamento.

También se habla del blockchain como un elemento mágico para transacciones, que pasarán a ser inamovibles, como escritas en diamante. Se supone que si alguien realiza una acción, y ésta se acredita mediante blockchain, quedará de alguna manera impresa para la eternidad.

De ahí que muchos hablen del blockchain como de una tecnología de futuro y de aplicación a casi cualquier aspecto de la vida.

Confusión

El problema es que la mayoría de las veces las informaciones suelen ser confusas. Y es que blockchain es una de esas tecnologías «de moda» de las que todo el mundo habla sin comprenderla. Y el marketing se aprovecha de esta situación.

Pero es que además estamos no solamente ante algo que marca tendencia. Hay algo más. Parece que cuando algo incluye blockchain no solamente es que es moderno, actual o visionario, sino que incluso da un paso más allá: casi alcanza un status de insuperabilidad. Cuando algo lleva blockchain parece que adquiere inmediatamente un halo inefable y esotérico de invencibilidad. El blockchain va a impedir cualquier intento de manipular algo, y lo que se trabaje con blockchain no puede hacerse mejor. Es casi metafísicamente imposible.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Precisamente esa gran fortaleza que tiene el blockchain es también su gran debilidad. Sin entrar en aspectos muy técnicos, podemos decir que esta tecnología, como su propio nombre indica, es una cadena de bloques (blockchain). Las acciones nuevas que se suman a la cadena vienen certificadas porque cada una de ellas arrastra a todas las anteriores. Si alguien quisiera romper la cadena o falsificarla, tendría que vencer a la fuerza e inercia del pasado completo. Pero eso también hace que cada nuevo eslabón debe cargar con el peso de todos los anteriores.

Esta explicación no es muy técnica, pero sí nos sirve para entender que las verificaciones que se realizan con blockchain necesitan grandes potencias y saturan los sistemas. Es como la imagen de esos fantasmas que pasean por las noches arrastrando una cadena a sus pies. Y el problema es que esa cadena es muy pesada. Muchísimo. Y eso hace que todo lo que lleve blockchain también sea muy pesado.

Pero es que además, aunque sus defensores hablen de que blockchain no puede quebrarse o falsificarse, en realidad eso técnicamente tampoco es cierto. Lo único que hace falta es una gran fuerza bruta. Como para mover cualquier cadena por grande que sea.

¿Y en educación?

Muchos han hablado de utilizar blockchain en educación sobre todo como una manera de acreditar la titulación de un estudiante. Asi, blockchain sería la solución al problema de personas que mienten porque aseguran haber estudiado tal o cual formación, y en realidad no la habrían hecho nunca, o no la habrían terminado con éxito.

En principio, esta posibilidad podría ser interesante desde un punto de vista teórico. Si un título de alguna institución incluye blockchain, se supone que no se podrá falsificar. Y esto vale tanto para la certificación final como también para todos los pasos intermedios, cada uno de los hitos que el estudiante deberá completar para conseguir el ansiado certificado.

El problema, como hemos visto, es que en realidad si se incluye blockchain en un proceso como este se carga el sistema de un peso muy grande, y por desgracia tampoco supone una mejora sustancial. Lo importante de una certificación no es tanto su supuesta infalsabilidad, sino sobre todo el prestigio de la institución que la expide. Visto friamente, añadir blockchain a una formación no añade nada relevante.

Por eso, cuando veamos que tal o cual entidad incluye blockchain como método para reforzar su credibilidad, en principio por defecto deberíamos desconfiar. Por supuesto hay excepciones interesantes, pero en general, tanto en educación o formación como en otros sectores, la presencia de blockchain nos remite inmediatamente a «humo», a un marketing que busca elevar el producto a una categoría supuestamente excelsa.

Es toda una paradoja que algo que se supone que busca reforzar la credibilidad de algo, en realidad a ojos de este opinador normalmente se la quita inmediatamente. Pero así es la tecnología.

Nos gustará escuchar a nuestros lectores si conocen ejemplos de buenas prácticas o de éxito de la aplicación de blockchain en educación (alguno hay). Pero en general nuestra opinión es negativa.

Seguiremos investigando.

Julián Alberto Martín

La tecnología, ¿mejora la educación?

Sobre el autor

Todas las columnas del autor

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here