Buenas y malas decisiones organizativas en la escuela que repercuten en las calificaciones de los alumnos

Buenas y malas decisiones organizativas en la escuela que repercuten en las calificaciones de los alumnos

Una investigación dirigida por la Fundación UpToYou Educación junto con la Universidad Pública de Navarra y la Politécnica de Madrid, sobre el efecto que tienen algunas decisiones organizativas de los directores en las calificaciones de los alumnos ha tenido un resultado que el propio autor del informe califica de sorprendente y que resume en dos ideas sencillas: cuando aumenta el control sobre los docentes, bajan las calificaciones, cuando se favorece la relación y el encuentro interpersonal, suben las calificaciones.

Amplio estudio

La investigación ha sido dirigida por José Víctor Orón, director de la Fundación UpToYou y del ICCE, y asesor de la Universidad Francisco de Vitoria, y se ha realizado en 17.995 colegios de 79 países distintos. El resumen ha sido publicado por la Fundación Europea Sociedad y Educación.

El equipo de investigación analizó los resultados de PISA 2018 de más de medio millón de jóvenes de 15 años en las competencias de matemáticas, lengua y ciencias. También contaba con el cuestionario que rellenan los directores, y se centraron en analizar las que corresponden directamente a su competencia. Se trata de medidas organizativas que pueden aplicarse, en la mayoría de los casos, de un año para otro. La idea era poder ofrecer recursos de rápida implementación al director para generar cambios en su colegio.

La cercanía es positiva

Los investigadores evaluaron las relaciones entre tales decisiones organizativas y los resultados de los alumnos. Así pudieron constatar algunas medidas que tenían una correlación con mejores calificaciones de los alumnos: que el orientador-acompañante escolar, formara parte del personal del colegio; el número de cañones de proyección y de ordenadores conectados a Internet para profesores; que existan reglas de uso de tecnología e Internet; charlas o seminarios impartidos por conferenciantes invitados; que haya intercambio de estudiantes; disponer de salas donde los estudiantes pueden hacer sus deberes y ofrecer actividades como: una banda, una orquesta o un coro, una obra de teatro, un musical escolar o la revista escolar.

El estudio establece que la cercanía y la familiaridad de la experiencia en el centro es una ayuda para el alumno y se refleja en sus buenas calificaciones. La tecnología solo es de ayuda si está al servicio del profesor, que los alumnos dispongan de ella no es relevante. En cambio, sí ayuda la existencia de normas claras sobre el uso del ordenador e Internet.

Se descubre que generar recursos de proximidad (un orientador interno que conozca a los alumnos, espacios donde poder hacer vida en el colegio) y experiencias de encuentro interpersonal, bien por traer invitados, bien por ir fuera del centro, o bien por contar con espacios internos, aunque sean aparentemente desconectados de la docencia, como un teatro, se relacionan con mejores calificaciones.

Influencia negativa

También se identificaron una serie de decisiones que se correlacionan con bajas calificaciones de los alumnos: Utilizar las notas de los estudiantes para juzgar la eficacia de los profesores; agrupar a los alumnos de forma permanente según sus habilidades, o agrupar a los alumnos extranjeros de forma permanente, en ambos casos dentro de la clase o en distintas clases. También en ambos casos, esta medida tiene efectos positivos si ocurre puntualmente, y en el caso de los alumnos extranjeros buscando que mejoren en las dos lenguas. Así mismo tiene efectos negativos entregar las calificaciones directamente a las familias.

Según los autores, cuando se quieren controlar procesos como, por ejemplo, usar las calificaciones de los alumnos para evaluar a los docentes, bajan las calificaciones. Posiblemente porque se toman posturas de seguridad por parte de todos.

Relación colegio – familias

Para los investigadores es sorprendente que la relación entre el colegio y las familias sea altamente problemática. En el estudio se ve con detalle que prácticamente todos los foros de interacción entre la familia y el centro correlacionan con bajas calificaciones de los alumnos. A los 15 años, entregar las calificaciones directamente a los padres “puenteando” a los alumnos, probablemente es vivido por los alumnos como un elemento fiscalizador.

Solo correlaciona positivamente cuando la iniciativa de la reunión entre los padres y el profesor la toma el docente. Esto no quiere necesariamente decir que hay que evitar esa relación, sino que esa relación en su forma actual está mal planteada a nivel general. La relación entre la familia y el colegio sigue siendo aún un tema sin resolver.

De forma parecida se podría decir que, en general, el control de procesos no es que sea intrínsecamente malo, sino que permite un amplio margen de mejora.

Por ello defienden que es necesario replantear cómo se usan esas evaluaciones, pues parece que se están viviendo más como instrumentos fiscalizadores que como recursos de ayuda para conocer la realidad y mejorar.

Paradojas aparentes

En su resumen del estudio, los autores subrayan que han detectado algunos aspectos sobre los que pretenden llamar la atención.

Influye positivamente:

  • Que haya proyector, pero apenas que haya pizarra digital.
  • Que el profesor tenga ordenador, pero no tiene relevancia el del alumno.
  • Las agrupaciones puntuales, pero son negativas si se generalizan.
  • La existencia de actividad lúdica si no es competitiva.

En cambio no encuentran que tenga influencia:

  • La cantidad de alumnos por aula.
  • Las clases extra para inmigrantes.
  • Que exista currículo de temas social, cultural o medioambiental.
  • Evaluadores de calidad al estilo de las empresas.
  • El uso de los resultados académicos.

Los autores subrayan que tan interesante es lo que influye en positivo o en negativo como aquellas cosas que no influyen en ningún sentido o que influyen de manera ambivalente en función de algún pequeño detalle. Y llaman la atención sobre asuntos como el ingente gasto en pizarras digitales que no parecen tener una influencia en las calificaciones, o el desgaste que suponen para los docentes los procesos de calidad que no parecen ser significativos en la educación de los alumnos. También se sorprenden por el hecho de que el tamaño de la clase no sea significativo, ya que presuponen que es más importante la calidad de la interacción que el número de alumnos.

En su parte final el informe se permite sugerir a los directores y docentes que humanicen sus escuelas y que toda la docencia sea un espacio de encuentro interpersonal.

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