Cae levemente el abandono escolar temprano

La última Encuesta de Población Activa publicada revela que el abandono educativo temprano en 2023 bajó tres décimas respecto a 2022, situándose en el 13,6% de personas de 18 a 24 años que no había completado la segunda etapa de Educación Secundaria (FP de Grado Medio, Básica o Bachillerato) y no seguía ningún tipo de formación. El pasado año ese dato fue del 13,9%.

Comparado con hace una década, el porcentaje de abandono ha bajado diez puntos, pasando del 23,6% en 2013 al 13,6% actual. La distancia con la media de la Unión Europea también se ha reducido, pasando de los 11,8 puntos hace diez años a los cuatro puntos de 2023.

La población entre 20 y 24 años que ha alcanzado al menos el nivel de segunda etapa de la Educación Secundaria alcanza en 2023 el 79,1%, lo que supone 15,3 puntos más que el dato de 2013 (63,8%).

Además, el porcentaje de población de entre 25 y 34 años que ha alcanzado el nivel de Educación Superior sube 1,6 puntos hasta situarse en el 52,1%, claramente por encima de la media europea (42%) y superando el objetivo de conclusión de la enseñanza superior fijado para 2030, que es de al menos el 45%.

Por sexos, en 2023 se ha reducido la diferencia en el indicador de abandono entre ambos, al haber disminuido el porcentaje de los hombres en 0,7 puntos porcentuales (15,8%) y manteniéndose el de las mujeres estables, 0,1 puntos más (11,3%), tras el incremento de 1,5 puntos del año anterior.

Un problema no menor

El abandono escolar temprano es un problema que afecta a muchos países y regiones del mundo. Se refiere a la situación de los jóvenes que dejan la educación formal antes de completar la educación secundaria o equivalente.

Esta decisión tiene consecuencias negativas tanto para los individuos como para la sociedad, ya que limita las oportunidades de desarrollo personal, profesional y social de los jóvenes, y reduce el capital humano y la competitividad de los países.

Algunas de las causas del abandono escolar temprano son la pobreza, la falta de motivación, el fracaso escolar, la baja calidad de la educación, la falta de orientación, el embarazo adolescente, la violencia, el trabajo infantil y la migración.

Para prevenir y reducir el abandono escolar temprano, se requieren políticas públicas integrales que aborden las necesidades educativas, sociales, económicas y culturales de los jóvenes, y que promuevan su permanencia, progreso y éxito en el sistema educativo.

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