Carlos Represa (Somos Digitales y Responsables): “El acoso físico ahora es más cruel porque se busca la viralidad en la red”

Carlos Represa habla de acoso y ciberacoso escolar

El acoso escolar ya no es esa cosa de chiquillos, propio de una infancia o adolescencia que crece, a veces, desde el contacto violento, sin que aparente ser otra cosa más grave que todo eso. Así se ha visto durante generaciones, pero, a día de hoy, es probable que determinadas conductas que la mayoría asociábamos a lo propio de la edad, expresión eufemística que parecía justificarlo todo, esconda un problema más grave de lo que se piensa. El acoso escolar es otra cosa.

Carlos Represa, licenciado en Derecho, es director de Relaciones Institucionales del Grupo Scientia School, grupo que lidera el proyecto Somos Digitales y Responsables, y asesor de seguridad en centros escolares, entre otras actividades y cometidos. En esta entrevista concedida a ÉXITO EDUCATIVO, en su doble condición de presidente de la Asociación para la Protección de Menores en Internet, desmadeja algunas confusiones que la sociedad suele tener en torno a este fenómeno violento en las aulas, y muy en particular en la Red.

¿Qué debemos entender por acoso escolar? ¿Es un empujón en el patio? ¿Eso es un síntoma, por ejemplo?

Un empujón no es acoso escolar, pero forma parte de los datos que pueden darnos a entender que hay algún problema. Si ese empujón se repite o si vemos que es algo que empieza a ser habitual, sí, podría ser un dato de acoso escolar.

¿Cómo puede reconocerse a un potencial alumno, un estudiante que es potencialmente víctima de un acoso? ¿Cómo se le puede identificar?

La percepción siempre se hace por la observación en los entornos escolares. El profesor conoce al alumno, y es importantísimo que los profesores desde el minuto uno conozcan a sus alumnos, porque en el momento en que tú conoces al alumno percibes los cambios de comportamiento que tiene y no solo a nivel académico; notas cómo se relaciona. Es tan importante porque el profesor percibe hasta los cambios de las emociones, unos cambios que ayudan a detectar el acoso escolar.

¿Qué es lo que debería hacer un estudiante cuando siente que es víctima de acoso? ¿Contárselo a sus padres, a sus amigos, al profesor, al director? ¿A quién acudir primero? a dónde?

El primer interlocutor debe ser la familia, siempre la familia. Nuestro consejo es que lo primero que tienes que hacer es contárselo a la familia y la familia, a su vez, lo que tiene que hacer es escuchar sin juzgar. Porque no son pocos los casos en que el alumno o la alumna lo cuenta y la familia le quita importancia. Le dicen, incluso, que algo habrá hecho, que así se hace más duro. Lo primero que tiene que hacer la familia es escuchar e, insisto, escuchar sin juzgar. Y entender, porque de esa manera el menor verá que puede comunicar lo que le ocurre y, a partir de ese momento, es cuando establece una relación de confianza.

Eso, trasladado al mundo de Internet, cuando un alumno, cuando un niño cuenta que tiene un problema en una red social o en un videojuego, en muchas ocasiones la respuesta de los padres es que ‘yo no sé de eso’, sin caer en la cuenta de que el niño se siente solo y lo que está pidiendo es que alguien le ayude. Así que, en primer lugar, la familia y, lógicamente, si el acoso se está produciendo en un entorno escolar, a continuación es el centro educativo el que tiene que tener conocimiento.

¿Es realmente grave el problema de acoso escolar en España por comparación con otros países?

Depende del concepto, si el acoso escolar lo circunscribes a la agresión física, realmente es un problema que en porcentaje es pequeño. Sin embargo, si lo dimensionas y entiendes como cyberbullying, es decir, en un entorno digital, que es mucho más amplio que el físico, entonces el problema es enorme. Porque el bullying se circunscribe al mundo físico, pero el cyberbullying normalmente está en el mundo físico y están en el virtual. Si juntamos todo lo que es el concepto amplio del acoso, tenemos un problema, y un problema enorme.

Más allá de las percepciones que tenga cada uno, siempre digo que, a la hora de evaluar si estamos ante un caso de acoso u otra cosa, tenemos que arriesgar, pues más vale que nos pasemos que el que nos quedemos cortos. Lo peor es que haya casos que sean de acoso y tú no los puedas abordar porque ya es tarde, porque lo evaluamos incorrectamente.

¿Es más cruel el acosador de hoy con respecto a otras generaciones anteriores?

Físicamente, es mucho más cruel. No creo que haya variado mucho psicológicamente. Te voy a poner un ejemplo. Antes nos peleábamos y las peleas se hacían incluso en un grupo. Ahora las peleas se hacen para grabarlas y difundirlas; por lo tanto, los motivos por los que se generan peleas no son estrictamente los derivados de diferencias o de que dos personas se caigan mal. Tú lo que vas buscando es otra serie de objetivos que vienen definidos por la Red, con lo cual, sí que es cierto que eso ha cambiado, que las agresiones son más brutales porque buscan viralidad.

La viralidad da emoción, genera, lo que llamamos nosotros, la dopamina, la que genera en las personas que están agrediendo que se traduce en una satisfacción posterior en el entorno digital que hace que estén constantemente viendo sus vídeos. La agresividad está en incremento, pero no diríamos que por factores sociales normales, sino por los factores de digitalización de las peleas.

¿Qué explica que el que mira no se sienta acosador?

Hay muchos factores que lo explican. Lo primero es el sentido de pertenencia al grupo. Cuando tú quieres pertenecer a un grupo, en una intervención de defensa de otra persona sabes que te va a excluir de los que tú consideras los amigos con los que quieres estar. Luego, sí que es verdad que hay muchos chicos que sienten miedo y lo sienten de verdad, que ellos piensan que en el momento en que puedan intervenir o que vayan a intervenir, aparte de esa exclusión, se va a producir una situación en que se les va a volver contra ellos. Y luego hay otro tercer factor, el concepto de chivato. O sea, está extendido que el que cuenta un caso que ha visto de una agresión o de un problema en Internet o de un ciberacoso, pues va a ser tachado de chivato. Esa concepción del chivato está muy asentada.

Esos tres factores son los fundamentales para que los niños no digan nada, pero si los niños contaran lo que ven, los datos de acoso escolar caerían incrementalmente a lo bestia. Realmente, la persona que más podría de una manera objetiva decirlo es el observador.

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