Carmen Cabestany (No al acoso escolar): «El bullying ha de dejar de ser un tema tabú en los centros»

Carmen Cabestany durante la entrevista para ÉXITO EDUCATIVO.

Carmen Cabestany es presidenta de la Asociación No al Acoso Escolar. Con ella hablamos en ÉXITO EDUCATIVO de cómo los centros educativos deberían afrontar el que, probablemente, sea uno de los mayores problemas a que se enfrenta la comunidad educativa. Recientemente, además, participó en la elaboración y presentación del estudio III Estudio sobre la percepción del bullying en España.

¿Qué entendemos por acoso escolar?

El acoso escolar es un maltrato entre compañeros, repetido en el tiempo y con un desequilibrio de fuerzas. El agresor tiene intención de hacer daño y abusa de su poder. La víctima está indefensa.

¿Qué es lo primero que hay que hacer ante un caso de acoso en un centro educativo?

Lo primero es atender a la víctima y blindarla para que no la vuelvan a maltratar. En paralelo, hay que frenar al acosador y, si es necesario, atenderle también porque, a menudo, detrás de un agresor hay también una víctima.

Respecto a los espectadores, hay que concienciarlos para que se posicionen al lado de quien sufre maltrato y no se acostumbren a permanecer impasibles. Muchas veces, el problema es que temen apoyar al compañero acosado por si el agresor va contra ellos, pero hay que hacerles entender que «la unión hace la fuerza».

¿Cómo transmitir a todos los estudiantes que el acoso es inadmisible?

Eso no es tarea de un día, sino que ha de ser una labor continuada y marcada por el ejemplo de los adultos. El acoso escolar ha de dejar de ser un tema tabú en los centros educativos para pasar a ser objeto de tutorías para alumnos y de formaciones para docentes.

El gran problema del bullying es que está invisibilizado, que no se habla de él, y lo que no se nombra no existe. Obviamente, si los adultos no hablamos de él, los más jóvenes no lo van a hacer. Por otra parte, se da la extraña circunstancia de que, en general, el agresor queda impune. Raramente se procede contra él, lo cual refuerza su conducta porque el maltrato le sale gratis. Esto, además, es antipedagógico, porque estamos normalizando el maltrato ante los más jóvenes.

En su opinión, y con carácter general, ¿responden bien los centros educativos ante el acoso escolar?

En general, y salvo honrosas excepciones, los centros no responden bien porque lo tapan. Frecuentemente, no quieren que se sepa que tienen casos de acoso. Lo niegan sistemáticamente por miedo a perder clientela y a que su imagen se vea comprometida. Es una dinámica perversa, instaurada desde hace mucho tiempo

¿Qué recomendaría al director de un colegio en este ámbito?

Sobre todo, que se siente con un menor acosado y le escuche sin juzgarle, y con la mente y el corazón abiertos. En general, los niños no mienten sobre este tema. Hay que darles total credibilidad. Después, debe proteger a ese menor y asegurarse de que el caso se cierra bien.

A menudo, si no se cierra bien, al cabo de un tiempo rebrota porque el agresor piensa que los profesores ya se han olvidado del tema. Profesores, directores, inspectores y comunidad educativa en general deberían estar formados en temas de bullying.

¿Qué responsabilidad tienen los padres del estudiante agresor en su comportamiento?

Mucha. Un agresor se gesta dentro de la familia y, a menudo, maltrata primero a sus propios padres. Ya desde pequeño insulta, pega, no obedece, chantajea, manipula… Pero a veces se le ríen las gracias y no se le castiga. Asimismo, los padres deberían asumir la responsabilidad de corregir a un hijo maltratador. En cambio, cuando el colegio les llama para informarles de su conducta, suelen negar los hechos. Con esta actitud, no sólo condenan a la víctima sino también a su propio hijo porque es posible que se convierta en un maltratador.

¿Cómo debería afrontar este tema la familia del agredido?

En primer lugar, protegiendo a su hijo y exigiendo protección para él por parte del centro educativo. Es preciso que se haga inmediatamente una evaluación de su estado psicológico y emocional, y de los daños, si los hay (frecuentemente, los hay).

Hay que conseguir la colaboración del colegio para que no vuelva a ser maltratado. Si no es posible, la familia debe acudir a una asociación, al defensor del menor y, si hay lesiones, a la policía, a Fiscalía… Tras el acoso escolar, queda una dura tarea de reconstrucción de la víctima, tanto más ardua cuanto mayor haya sido la intensidad del maltrato.

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