Carta abierta a la ministra Sra. Alegría

Pilar Alegría

Me permito, desde esta humilde columna, dirigirme a Ud. con la vana esperanza de que mis palabras sensibilicen su acción de gobierno. Ya sé que no se puede pecar de mayor ingenuidad y de mayor petulancia, y perdone el atrevimiento, pero uno no pierde la esperanza de que, aunque sólo sea haciendo el ejercicio de recoger el sentir general del sector, así como las demandas del mismo, aunque sólo sea a fuerza de que muchos se lo recordemos, éstas no caigan en soco roto. Fue Ud. quien en el discurso de toma de posesión se ofreció a auspiciar un diálogo franco y directo con todos los agentes sociales de la comunidad educativa. Muy agradecido, y vaya por delante, que a diferencia de algunos de sus predecesores y predecesoras, en la última legislatura hizo gala de ello

Perdone, pero con tanta introducción, he pecado de descortesía al no felicitarla por su nombramiento. Y extiendo la misma  por el hecho de haber sido elegida también como la portavoz de este Gobierno. No le auguro un trabajo fácil ni cómodo, especialmente en estas últimas de sus responsabilidades. Y lamento trasladar que esto del pluriempleo puede obedecer a que su jefe tenga pocas perspectivas legislativas para el sector -lo que sinceramente es muy de agradecer si pensamos en la LOMLOE, consiguiendo así que una ley educativa de enseñanzas medias por fin pueda tener un periodo de implantación que vaya algo más allá de una legislatura– y que ello le haga a Ud. perder el pulso a un Ministerio tan relevante como el educativo, sobre el que descansa el futuro de las generaciones de un país. Acaso, y eso ya es mucho prejuzgar, ¿es que su jefe tiene pensado que no haya país tras el ejercicio de su presidencia? En un país tan necesitado de héroes, convertirse en un Atila hispano puede ser la tentación de cualquier ególatra embelesado de sí mismo. Que no digo yo que ese sea el caso de su jefe, pero que no quede porque desde esta columna no se haya anticipado un hecho de posible ruptura generacional, visto lo visto por cómo arden de deseo algunos individuos por jubilar el régimen del 78. E individuas.

Sra. ministra, creo que no siendo nueva en esto ya tendrá claro cuáles son los retos que enfrenta su labor de gobierno. Por un lado, y sin duda siendo éste el más acuciante de todos y que exigirá una labor combinada de algunos de sus colegas de  consejo, es la natalidad y el impacto que ello tiene en el sector; no sólo por el drama social que supone que no haya generaciones que reemplacen a las siguientes, sino porque la fuerza productiva de millón y pico de trabajadores se va a ver afectada; la tentación razonable de que ello repercuta en una disminución de la ratio de alumno por clase, que lo es, aunque sin embargo no se ajuste a la realidad. Y le anticipo que vendrá una oleada de inminentes despidos y cierres de centros, empezando, lógicamente, por la etapa de 0-3 y continuando por las demás. En ese sentido puede importarle poco, habida cuenta de que buena parte de esas responsabilidades han sido transferidas a las distintas comunidades autónomas, pero no estaría de más que iniciaran una acción coordinada con las mismas para minimizar el impacto. 

No menos importante para el sector es la inminente carencia de determinados perfiles profesionales docentes dada la presión laboral de algunas nuevas profesiones. Matemáticos, físicos, ingenieros, químicos, e incluso filósofos, comienzan a ser perfiles que escasean debido a una merma en las vocaciones educativas, y a la creciente demanda de estos perfiles por parte de empresas tecnológicas. La creciente escasez desembocará en una potencial crisis de titulados que debe ser paliada con medidas alternativas que, desde la universidad, permitan facultar o habilitar para la impartición de estas materias a titulados que sí demuestran una clara vocación, pero que precisan de una capacitación en ellas. Y es que en esto no ayuda nada la crisis emocional que nuestros docentes vienen arrastrando desde tiempo atrás y que, como varios estudios señalan, entre otras el impulsado por este medio -ÉXITO EDUCATIVO-, se han agravado tras la pandemia trasladando datos realmente preocupantes y extremadamente dolorosos, como son los  señalan que cerca del 40% de ellos identifican su sentir con el de un estado de depresión, o incluso que cerca del 14% han pensado en conductas suicidas o en autolesionarse. En fin, un drama al que Ud. y su ministerio no pueden quedar ajenos. 

Son también problemas relevantes que afectan a la igualdad de derechos de los españoles, tanto de los alumnos de 2º de Bachillerato, como de todos los alumnos universitarios, la homogeneización de los exámenes de acceso a la Universidad, como a los que dan acceso a través de oposiciones, a determinadas carreras públicas profesionales, en los que se exigen, con una ponderación exagerada de conocimientos lingüísticos propios de cada comunidad que genera una desigualdad entre los ciudadanos españoles. Pero ya le anticipo que en esto no a a estar de acuerdo su jefe. Me refiero al de Waterloo.  

Quedan, claro, algunas otras “cuestiones no menores” que deberían ser, una vez más, producto de ese deseado consenso para el desarrollo de políticas país que me temo que no vamos a tener la suerte de poder disfrutar, porque no es fácil estar defendiendo a un Gobierno que ha determinado levantar un muro contra la oposición -al menos una parte importante de ella-, y al mismo tiempo ser capaz de llegar a acuerdos con ella, pero que, al fin y a la postre, son tan necesarias para el desarrollo de un país que debería apostar por representar un peso relevante en la economía europea y mundial, y fundamentarla en su modelo educativo, que luego tendrá como espejo su modelo productivo.

Sra. Alegría, le deseo mucha suerte y mucho talante constructivo, aunque lo hago con una esperanza limitada, no sólo por la esperada baja actividad de su Ministerio en esta legislatura, sino porque además, si entre sus encomiendas va a estar el de ser azote de la mitad del país, poco tiempo le va a quedar para construir puentes. Ójala me equivoque y sea capaz de mantener las formas y la predisposición al diálogo que la caracterizaron cuando tomó por primera vez posesión de la cartera de ministra.

Atentamente, 

Un servidor.

Jaime García CrespoCEO del Grupo Base Educación.

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