Ciudadano Quien

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Rosebud.

Dicho así suena entre indescriptible, misterioso o desconcertante. Una palabra que probablemente su significado dependa de quién y cómo la utilice. Lo importante es, por tanto, contextualizarla y tratar de entender qué implica en función de esos intereses. Regresamos a la semiótica. A los Umberto Eco o Noam Chomsky que nos enseñaron en la facultad. Quizá no queden tan lejos. Quizá, incluso, estén más en boga que nunca.

La interpretación de los signos o de las palabras se está convirtiendo en un arte durante esta legislatura. Tratar de comprender lo que nuestros dirigentes nos quieren trasladar con sus acciones, palabras o imágenes, se está volviendo un ejercicio abstruso y complicado. Recuerdo que mi abuela solía recordarme con insistencia aquello de que “obras son amores y no buenas razones”. Sus motivos tendría. Es posible que no sea éste solo un mal de nuestra época.

En todo caso, permítanme referirme a un hecho que se ha recogido esta semana por algún medio de comunicación de la Comunidad de Valencia. Me refiero al caso de una menor que cuando solicitó ser asistida educativamente por encontrarse convaleciente de una enfermedad, ingresada en un hospital, ese derecho fundamental que es la Educación, y recogido así en nuestra Constitución, en la Carta de Derechos del Hombre y en la Carta de Derechos del Niño, le fue negado.

Los hechos son los siguientes.

Durante el mes de octubre Andrea (nombre ficticio para proteger a la menor, atribuido por Alicia Soria, la periodista de Valencia Plaza que es el medio que se hace eco de la noticia) hubo de ser hospitalizada en el área de pediatría del Hospital universitario y policlínico de la Fe en Valencia y su familia, ante la perspectiva de que su hija menor de edad pudiera tener que pasar allí varias semanas de convalecencia, solicitó recibir el servicio de atención educativa hospitalaria para que pudiera continuar con el ritmo de aprendizaje normal para su edad. Cuál no sería su sorpresa cuando la Unidad Pedagógica Hospitalaria (UPH) les negó ese derecho con el argumento de que esa menor estaba escolarizada en un centro privado de Valencia. Asombroso. La Consellería de educación de la comunidad valenciana, que además defendió esta postura con el argumento de que “…este servicio solo se presta al estudiante escolarizado en colegios o institutos sostenidos con fondos públicos…”, instaba a que la familia se pusiera de acuerdo con su colegio de procedencia para que “resolvieran los problemas de la niña”. Nauseabundo. No es necesario que emita opinión alguna porque todos ustedes se habrán formado la suya propia.

Parece ser que hay quien se arroga el derecho a señalar si es Ud. un Ciudadano Quien… tiene derecho a ser considerado merecedor de recibir un servicio del Estado o, si por el contrario, es Ud. un Ciudadano Quien… no lo tiene, simple y llanamente porque no comulga o no concurren las características que le hacen merecedor de esa consideración. Ya no vale que con sus impuestos soporte buena parte de estos servicios. Parece que ahora es necesario acreditar el carné militante demostrando que sus actuaciones diarias concuerdan con las expectativas ideológicas de esa militancia. Es decir, Ud. no puede recibir un servicio público de atención básica o elemental si antes ha optado por una opción privada que le señala ideológicamente y le excluye de cualquier otra posibilidad.

En algunos momentos de la historia eso se hizo con estrellas de colores cosidas a la ropa. Ahora se hace con la declaración de la renta y tras el análisis de las opciones libres y personales de cada familia.

Lo dicho: Rosebud.

Jaime García Crespo, CEO de Educación y Sistemas

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