Cómo está el patio

cómo está el patio

En los últimos días no oigo más que hablar de la responsabilidad. No hay comunicación, carta, rueda de prensa en la que no se apele a la responsabilidad personal. La verdad es que en nuestro país da miedo cuando se pone de moda una palabra porque acaba desvirtuándose y perdiendo todo el significado y riqueza de nuestra querida lengua. ¿Se acuerdan de cuando se hablaba de talante como algo virtuoso?, pues ahora nadie se atreve a decir esta palabra.

Por esta razón quiero apelar a hacer un buen uso de la palabra responsabilidad y todo lo que conlleva. En la gestión de cualquier situación problemática me ha gustado siempre apelar a la palabra responsabilidad y por tanto buscar a los responsables para ayudar a mejorar, reenfocar y por lo tanto que “aprendan a responder” de otra manera a una situación similar. Al mismo tiempo, he huido siempre de la palabra culpabilidad y por lo tanto de buscar a los culpables, porque la culpa paraliza y no posibilita respuesta alguna. La búsqueda de culpables genera culturas en los colegios de la ocultación, teatralización y sobre todo asegura la repetición de errores. Encontrar responsables, genera respuestas.

Ya en la “Ética a Eudemo”, Aristóteles fundamentaba que cualquier elección (προαίρεσις) no se identifica necesariamente con el acto de querer hacer algo (βούλησις), porque muchas cosas son queridas súbitamente (ἐξαίφνης), mientras que la elección se hace de manera deliberada y consciente. La gestión impulsiva de la organizaciones o de los colegios conducen a decisiones desordenadas tanto en lo estratégico, económico, académico como en la gestión de personas. Son decisiones tomadas a “golpe de adrenalina” y por lo tanto tienen rebote.

En los últimos 15 años los colegios han cambiado mucho y han sido conducidos desde decisiones que divido en tres épocas distintas:

“Hardwerización”: desde el año 2008 los colegios han invertido mucho tiempo y dinero en llenar de máquinas, de ordenadores, de tabletas los colegios, especialmente las aulas.
“Innovativización”: la fiebre por la innovación pedagógica que comenzó en el 2010 condujo a todo colegio que quisiera ser alguien en la escena educativa a invertir miles de euros en masters, postgrados, cursos, cursillos y cursillitos sobre multitud de “metodologías” y temas más o menos importantes.
“Arquitecturización”: a partir del año 2015 empiezan los colegios a invertir en infraestructuras, a cambiar espacios e invierten miles de euros también en proyectos arquitectónicos.

Pero llegó la COVID-19 y toca poner a prueba lo que decía Ignacio de Loyola, en uno de sus consejos más conocidos para la toma de decisiones, que “en tiempo de desolación no hacer mudanza”. Pero para ello en la década del posicionamiento del colegio por la “hardwerización”, en la quinquenio del cambio del servicio por la “innovativización”, en el bienio de la visibilización por la “arquetecturización” se tiene que haber dedicado mucho tiempo al ejercicio de la responsabilidad, que como decía antes es el ejercicio de la elección con todas sus consecuencias.

La excusa de la fuerza mayor no va a servir en un contexto en el que todo el mundo está inmerso en el mismo proceso pandémico. La excusa de la ignorancia, tampoco será admisible en organizaciones como un colegio que per se se dedican al aprendizaje. Por ello, si queremos ser actores fundamentales del cambio que tenemos encima tenemos que aprovechar como una oportunidad la pandemia.

Y aunque cada uno de mis lectores diga “el patio de mi colegio es particular” más hay que mirar cómo está el patio. A los directores que cada mañana se levantaban con una idea para implantar en el colegio y movían recursos humanos y económicos, esta época no premeditada de la pandemia les va a quedar grande, no van a tener tiempo para ocurrencias. A los que cada mañana se levantaban pensando en cómo continuar como estaban, no van a tener más remedio que subirse a la ola del cambio si no quieren ser tragados como en un tsunami. Y a los que han dedicado horas al estudio, a la preparación personal y profesional, a los que han dedicado tiempo a escuchar a sus equipos, a sus alumnos y familias para adaptar el modelo educativo y de organización a las exigencias de cada momento, mi felicitación: sigan haciendo lo mismo, aprovechen este tiempo para seguir siendo mejores.

Jaime Úbeda, director del Colegio San Patricio El Soto

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