Comunicar con la imagen en el centro educativo

espacio educativo innovador

Con ocasión de unas Jornadas directivas que sobre “Rediseño de espacios educativos” vamos a tener la semana próxima, me gustaría realizar algunos apuntes sobre el tema.
Era inevitable que entendiéramos que las necesidades arquitectónicas y de reorganización de espacios interiores de los centros iban a cambiar de la mano del profundo cambio tecnológico y metodológico que estaba por producirse. Lo que nadie imaginaba es que ese cambio se viera acelerado por una circunstancia sanitaria ajena, en principio, al proceso de reflexión lógico que nos debiera haber llevado a ello. Pero ha pasado y debemos aprovechar esta situación para acelerar cambios, por otra parte, del todo necesarios.

Ya desde hace muchos siglos atrás el hombre entendió que la estética, la imagen, y la percepción de ésta, condicionan el estado anímico y racional del observador. En ocasiones el uso que se ha hecho de este concepto, por ejemplo, el que hizo Albert Speer para el nazismo, ha sido devastador; pero en otras muchas la aplicación de esta antigua teoría ha tenido fines mucho más loables, como por ejemplo toda el entramado arquitectónico y estético que rodea a determinados eventos deportivos, ya sean éstos los Juegos Olímpicos o la Champions League de fútbol. También la empresa lo ha puesto al servicio de sus intereses económicos, como puede ser el mundo Disney y sus parques de atracciones o la conceptualización estética unificada de muchas de las tiendas de marcas de moda, despachos de abogados, hoteles, hospitales, etc. La realidad es que la estética e imagen adultera nuestra percepción de las cosas y esto es algo que debemos tener en cuenta para elaborar, incluso, nuestra propuesta de proyecto educativo.

Será por deformación académica o por pasiones frustradas de juventud, pero me viene al recuerdo el párrafo de un libro que leí mientras cursaba la carrera en la asignatura de Teoría de las artes plásticas y estética. En él, Álvarez (2005) señalaba lo siguiente “El hecho de que los grandes símbolos institucionalizados (como la Balanza) se construyan por semejanzas “plásticas” (o sonoras, como la música de “Pompa y circunstancia” ha llegado a serlo de lo que su título denota) no ha de cercenar el cúmulo de símbolos – la mayoría de los artísticos- que no se basan en la “representación” de otra cosa, sino en la construcción de una semejanza, que antes no existía, por la mediación del lenguaje.” En la actualidad los expertos de marketing tienen totalmente asumido que la configuración de una imagen mediante los elementos percibidos, que nos identifique, que nos cree un vínculo emocional con esas imágenes, olores o sensaciones, es un logro que asegura éxito para esa marca.

En el mundo educativo pero más allá de los ejemplos más conocidos como Waldorf o Montessori, que hacen de su particular imagen y estética -aparte de su modelo pedagógico- una imagen de marca, se viene identificando en los últimos años que diferentes guarderías, escuelas de infantil, colegios, universidades o academias, han hecho de la arquitectura, de la imagen de sus aulas y espacios educativos, una seña de identidad propia que les sirve para diferenciarse de su competencia directa. Algunos ejemplos de este fenómeno se dan en países avanzados socialmente y nada sospechosos de hacer de la educación un hecho puramente mercantilista, tales como Holanda, Suiza, Austria, Australia o Indonesia. Ejemplos recogidos, por cierto, en el exquisito y muy recomendable libro “Arquitectura en guarderías” de Carles Broto.

Muchos centros han desarrollado un estilo de imagen propio que está en concordancia con el proyecto que se desarrolla en su interior. Con ello están trasladando a las familias interesadas, desde el inicio, desde la primera visión que tienen de ellos, cuál es su propuesta educativa. A poco que los analicemos, podremos señalar cuáles de estos centros apuestan por las nuevas tecnologías, la creatividad o la integración en un mundo más amable y natural. También cuáles están desarrollando propuestas metodológicas más activas, colaborativas o, por el contrario, aquellos centros que apuestan por un modelo más tradicional. Todos ellos están comunicando con sus símbolos externos. Todos usan la arquitectura, el diseño de espacios pedagógicos y su imagen como forma de transmitir mensajes. Debemos pues, ser conscientes de la creciente importancia de la imagen y de la presentación externa como signo identitario en las instituciones educativas.

Desde el punto de vista pedagógico el espacio en el que se desarrolla la actividad cobra una gran importancia. De hecho, algunas propuestas pedagógicas basan buena parte de su filosofía en la importancia de este. Así, la pedagogía Reggiana nos habla de espacios para ser y estar; o en la pedagogía Waldorf, en la que el contacto con la naturaleza es importante, y también dan valor a los materiales hechos por los propios niños, maestros y padres; otro ejemplo conocido, es la pedagogía Montessori, en los que la autonomía de los niños en los espacios es uno de los principios más importantes y esa se refleja en la configuración espacial y en el mobiliario de los centros.

Aparte de estas tendencias tan marcadas, cada institución educativa debería configurar su imagen sobre la base del proyecto que quiere llevar a cabo. No es lo mismo un colegio en el que los alumnos se trasladan para asistir a aulas especializadas donde se les imparten materias concretas, que otro en el que toda la vida académica se hace siempre en el mismo aula. Ambas soluciones obedecen a un concepto que se traslada también a lo arquitectónico y lo estético. En un artículo muy interesante escrito en kireei.com encontré las reflexiones que una maestra llamada Isabel Rodríguez hacía sobre el sentido de la estética en la escuela, concretamente en la escuela de educación infantil donde trabaja, Escola Congrés-Indians, en Cataluña: “Cuando hablamos de estética en el contexto de nuestra comunidad educativa nos referimos, obviamente, a preparar espacios amables, funcionales y ricos tanto para las familias, como para los trabajadores del centro y, por descontado, para los niños y las niñas. En este sentido, hablar de estética en la escuela es incorporar un compromiso ético con la dignidad de las personas que la habitan. Pero también es una responsabilidad pedagógica que permite a los niños y niñas establecer diálogos propios y particulares con los elementos del entorno. Para ello es imprescindible la sorpresa, la provocación y la novedad que dispone y ordena la estética.”

Enfocar nuestras decisiones sobre la estética e imagen del centro separadas del carácter pedagógico no solo es una irresponsabilidad, sino que, además, es una decisión que está abocada al fracaso y pronto mostrará su carácter vano y superficial.

Jaime García Crespo, CEO de Educación y Sistemas

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