Copérnico y las Carolinas

¿A qué se debe la existencia de estaciones? ¿Por qué el día es relevado por la noche? La Tierra no cesa en su movimiento y, si bien “el motor” no se lo puso Nicolás Copérnico, es cierto que fue él quien se dio cuenta de que algo pasaba.

En 2023 se cumplen 550 años del nacimiento de Copérnico. Vino al mundo el 19 de febrero de 1473. Por su aeropuerto, ubicado en Wroclaw (Breslavia) transitamos con las maletas en nuestras escalas por Europa para llegar a Nysa. En esta ciudad de la Baja Silesia de la que se cumplen 800 años de su fundación, hemos estado como profesoras Erasmus Plus de la University of Applied Sciences, impartiendo docencia en dicha institución puntera en investigación, así como en el Carolinum (Instituto fundado en 1623), en el Bachillerato de Artes en Zespół Szkół i Placówek Artystycznych (Complejo de Escuelas e Instituciones Artísticas en Nysa) y en Diecezjalna Szkoła Podstawowa i Liceum Humanistyczne (Escuela Primaria Diocesana y Liceo Humanístico).

Nysa es un entorno acogedor de casi 50.000 habitantes. La naturaleza y la arquitectura, la ciencia y la espiritualidad conviven en edificios cargados de Historia y de reconstrucciones pues ha tenido que reinventarse en numerosas ocasiones debido a las guerras. Como coexisten en las aulas actuales del Carolinum la tiza y la pantalla, con las orlas de las graduaciones en esta High School creada para jesuitas por dos príncipes-obispos de la familia de los Austrias: Carlos Fernando Vasa y Carlos de Habsburgo, los dos emparentados con Juana, mal llamada “La Loca”, cuya pista ha investigado María en Polonia pues sobre esta reina versará su próximo libro.

Por cierto, que las Carolinas, el archipiélago de la Micronesia que España perdió definitivamente después de la guerra hispano-estadounidense de 1898, recibieron tal denominación por el último de los Habsburgo que reinó en España: Carlos II, el Hechizado. Y su problema de salud nada tenía que ver con conjuros, sino con la endogamia.

La revolución científica que llegaría hasta Newton pasando por Galileo comenzó en Polonia, en la niñez de Nicolás, cuando el hijo de comerciantes acomodados amargamente se quedó huérfano a los 10 años. Se hizo cargo de su educación su tío materno, canónigo de la catedral de Frauenburg y desde pequeño se interesó por las estrellas. Después se fue a la península italiana, se formó en Derecho Canónico en Bolonia y en Ferrara. Estudió a los clásicos, recibió la influencia del Humanismo y volvió a su lugar de origen, para iniciar la carrera eclesiástica bajo la mirada de su tío y tutor, que siguiendo las usanzas del momento le consiguió una canonjía. Pero, simultáneamente, se interesó por la medicina y por la teoría económica.

Las muchas horas en que estuvo concentrado analizando el saber astronómico clásico lo llevó a cuestionar el geocentrismo y, en contraste, formuló la teoría heliocéntrica. Propuso un nuevo modelo, en el que el sol era el centro y los planetas se movían. Era consciente de que su planteamiento era rupturista, mas en ningún caso pudo intuir que la obra De revolutionibus orbium coelestium (que inició en 1506 y culminó en 1531) daría lugar a hablar del “giro copernicano”, cuando se trata de exponer un viraje decisivo, y del mismo modo la idea de “revolución” tomada de su tratado astronómico saltaría al panorama político-social.

Además de clérigo y matemático, fue jurista y gobernador… La interdisciplinariedad caracterizó sus 70 años de vida. Pereció a causa de un accidente cerebrovascular y fue recordado, aunque no siempre en sentido positivo, pues sus compendios estuvieron durante décadas recogidos en el Índice de Libros Prohibidos. Por fortuna hoy se tiene una imagen encomiable de Copérnico y su nombre luce en colegios, en institutos y hasta hay una universidad llamada como él en su lugar de nacimiento, Toruń. Su fama ha llegado hasta la luna, donde uno de los mayores cráteres está bautizado con su apellido desde 1935.

En el conjunto de sentencias que se le atribuyen sobresale un consejo pedagógico para cualquier nivel educativo, desde Infantil, Primaria, ESO y Bachillerato hasta la Universidad y más allá: “Saber que sabemos lo que sabemos y saber que no sabemos lo que no sabemos; ese es el verdadero conocimiento”.

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