Coronavirus: la importancia de la diagnosis en sanidad… y en educación

Este es ya el tercer artículo de esta sección semanal dedicado a la situación causada por el coronavirus. Son nueve millones de niños y jóvenes los que están confinados en sus casas. Y la situación realmente es preocupante tanto para el presente, donde la prioridad es lo estrictamente sanitario, como para el futuro a corto y medio plazo, donde también entran aspectos económicos y sociales, como la educación.

El primero de los artículos sobre el coronavirus en esta sección fue ya hace quince días: Coronavirus: las empresas proponen teletrabajo, ¿y los colegios? Fue escrito de urgencia y en él escribíamos que probablemente no es ahora momento de digitalizar deprisa y corriendo la educación, pero que sí debemos extraer aprendizajes de lo que está pasando. Y uno de ellos claramente es la de pisar el acelerador de la digitalización del sector, con planes bien estructurados, sin improvisar.

Es algo que comienza a verse ya en diferentes administraciones públicas. Por ejemplo, desde la Administración General del Estado, el Presidente del Gobierno señaló hace unos días (ver noticia) que hay una necesidad de que el país se esmere en implantar al máximo la educación a distancia. «Expertos coinciden en señalar que, con emergencias o sin ellas, estos elementos de la enseñanza deben estar operativos cuanto antes, porque constituyen el futuro de la Educación», dijo el Presidente.

Y en las Comunidades Autónomas ya se empieza a hablar directamente de planes para la digitalización de la enseñanza. Una de las primeras es la balear, donde su consejero de educación indicaba que la experiencia vivida estos días «tiene que servir de cara al futuro» para «poner las bases de una enseñanza digital» (ver noticia). El consejero cree que «el Govern debe ponerse a trabajar, al acabar esta crisis global, en un plan de digitalización de la enseñanza».

Después del coronavirus

Lo que está claro es que el mundo en general va a ser distinto antes y después del coronavirus. También la educación. La cuestión entonces está en pensar juntos cómo queremos que sea el mundo y la educación. Es lo que indicábamos en nuestro segundo artículo semanal dedicado a la situación, Borrador para pensar una escuela después del coronavirus.

En ese primer borrador abogábamos por que el cambio se centre en la esencia. ¿Cuál es la esencia del sistema educativo? Que los estudiante aprendan. Ese debe ser el punto de partida. Hoy daremos un paso más en ese borrador para la nueva escuela que surgirá después del coronavirus.

Ese paso adicional es una enseñanza clara que nos está dejando la situación del coronavirus desde el punto de vista sanitario. Y es que los países que han tenido una repercusión menor del virus han sido aquellos que han utilizado herramientas de diagnóstico de manera masiva. De esta manera, han identificado muy certeramente y muy rápidamente dónde tenían el problema, y han podido trabajar en consecuencia, con información veraz.

Ahora todo el mundo ve como una prioridad para la emergencia presente adquirir el mayor número posible de este tipo de pruebas rápidas, y desde luego para el futuro el contar con reservas estratégicas de las mismas. También con fabricación local para que no tengamos que depender de compras en mercados externos.

Diagnósticos educativos

Pues bien, probablemente una de las primeras cosas que debamos hacer en educación al acabar la emergencia del coronavirus es aplicar de forma masiva pruebas de evaluación diagnóstica para nuestros estudiantes. La razón de ello es que el periodo largo de confinamiento agravará las diferencias entre unos estudiantes y otros.

Los estudiantes más avanzados, en familias con un status socioeconómico y cultural más elevado, habrán podido seguir adelante con su formación en sus casas. En el otro lado, los estudiantes más desfavorecidos económicamente y culturalmente, se habrán estancado o incluso habrán ido hacia atrás. Y es necesario en primer lugar, hacer un «análisis de daños» para conocer bien nuestra situación educativa.

Las evaluaciones diagnósticas en educación no son herramientas para calificar a los estudiantes, sino para comprender cómo estamos tanto a nivel colectivo como también individualmente. Hay herramientas para ello. Las comunidades autónomas españolas, por ejemplo, vienen utilizándolas desde hace años. Aunque ahora deberían modernizarlas en metodología y formatos. Y universalizarlas a todos los niveles.

El paso siguiente, lógicamente, es aplicar el tratamiento necesario para corregir los problemas detectados. Lo más urgente, igual que en sanidad, es tratar a los «pacientes más graves». En este caso habrá que ver cómo ayudar a los estudiantes más rezagados en sus aprendizajes. Sobre eso hablaremos más adelante. Permanezcan atentos a esta sección.

Julián Alberto Martín

La tecnología, ¿mejora la educación?

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