Crea, sueña y atrévete

La creatividad puede encontrarse tanto en nuestras pequeñas acciones como en las más importantes, y ser socialmente creativo no es un reto tan grande como pueda parecer. En cierto momento, Gandhi estaba a punto de subir a un tren y, al hacerlo, una de sus sandalias cayó a las vías. Reaccionó en una fracción de segundo tirando también la segunda sandalia, en lugar de intentar recuperarla. Alguien se beneficiaría de encontrar un par de sandalias, en lugar de una sola. Esto es una mente creativa, en acción, espontánea, sabia y con conciencia social; el tipo de mente que el mundo necesita cada vez más. Para ello, necesitamos centros de enseñanza que quieran abordar los conceptos clave de resiliencia, aprendizaje personalizado, aprendizaje permanente, cohesión y capital social, educación emocional y social, creatividad, ciudadanía responsable, educación para la salud, educación para la paz y sostenibilidad.

La creatividad implica asumir riesgos y adentrarse en territorios nuevos, aunque la mayoría de los niños necesitan sentirse cuidados y seguros como condición esencial para embarcarse en sus propios viajes con la imaginación.

Una idea atrevida exige renunciar al sentimiento de seguridad que proporciona la mediocridad. El estar cerca del suelo reduce el miedo a caer, pero impide cualquier vuelo.

La etapa infantil, entre otras cosas, es la más creativa de nuestra vida. Todos nacemos siendo creativos y con una gran imaginación. La curiosidad insaciable y las nuevas experiencias de vida por descubrir cosas nuevas, es el comportamiento mas creativo que existe y es así como aprenden los niños y alimentan su creatividad.

Los niños tienen la capacidad de soñar despiertos y crear con una facilidad extraordinaria. Hace mucho tiempo, fuiste un niño pequeño con una imaginación desbordante, ¿verdad? Todos lo fuimos. La creatividad no es solo saber pintar o componer música. Cualquier cosa que conlleve utilizar la inteligencia es un trabajo creativo en potencia.

Hay una secuencia de la película “Patch Adams”, protagonizada por el ya fallecido actor Robin Williams, en la que éste se encuentra en un hospital siquiátrico con un científico, Arthur. Ambos habían ingresado por voluntad propia. El científico le coge la mano a Patch, y le abre cuatro de sus dedos a la altura de sus ojos y a un palmo de sus narices y le pregunta: “¿Cuántos dedos ves?”Cuatro, le responde Patch. Arthur, insiste sugiriéndole: “Nooo, mírame a mi. Mira mas allá de los dedos, te estás centrando en el problema, si te centras en el problema jamás verás la solución. ¡Mírame a mi! ¿Cuántos ves? ”Patch, asombrado por ver como la imagen se desdoblaba mirando a través de los dedos y más allá de ellos, es un efecto óptico, responde con una sonrisa: ¡ocho!, Arthur, satisfecho le sentencia: “Siii, ocho es la respuesta. Tienes que ver lo que los demás no ven, ver lo que los demás dicen no ver, por temor, conformismo, pereza, hay que ver el mundo de forma nueva cada día”.

Tengamos en cuenta que esto nos ocurre todos los días, en nuestro trabajo, en casa, allí a donde vamos. Tenemos que ver mas allá de nuestras narices.

Cuanta mayor sea nuestra creatividad, mejor resolveremos los problemas a los que nos enfrentemos porque cuantos más estímulos nuevos recibamos, más creativos somos.

Imaginemos que estás conduciendo tu coche en una noche de terrible tormenta.

Pasamos por una parada de autobús donde se encuentran tres personas esperando:

  1. Una anciana que parece a punto de morir.
  2. Un viejo amigo que te salvó la vida una vez.
  3. El hombre o la mujer de tus sueños.

¿A cuál llevarías en el coche, habida cuenta que sólo tienes sitio para un pasajero?

Este es un dilema ético-moral que una vez se utilizó en una entrevista de trabajo. Podrías llevar a la anciana, porque va a morir y por lo tanto deberías salvarla primero; o podrías llevar al amigo, ya que el te salvó la vida una vez y estas en deuda con él. Sin embargo, tal vez nunca vuelvas a encontrar al amante perfecto de tus sueños.

El aspirante que fue contratado (de entre 200 candidatos) no dudó al dar su respuesta. ¿Qué dijo? Simplemente contestó: «Le daría las llaves del coche a mi amigo, y le pediría que llevara a la anciana al hospital, mientras yo me quedaría esperando el autobús con la mujer de mis sueños.»

Debemos superar las aparentes limitaciones que nos plantean los problemas, y aprender a pensar creativamente.

El mundo profesional mata la creatividad y lo seguirá haciendo hasta que no cambie y empiece a fomentar la curiosidad, a premiar la creatividad, a animar a pensar de forma diferente y a reconocer que la diversidad es algo muy positivo y no negativo.

Algo que nos limita, es el miedo, la vergüenza.

Un ejemplo:

Se hizo un experimento con un grupo numeroso de estudiantes universitarios.

Todos tenían un folio que estaba en blanco por una de las caras y se les pidió que dibujaran al compañero que tenían a su derecha o izquierda sólo durante 30 segundos.

Una vez terminaron, lo que más se escuchaban entre ellos y ellas era “lo siento” y se resistían a enseñar sus “obras maestras”.

Este mismo experimento se hizo con niños de corta edad.

¿Sabes que ocurrió en el caso de los niños? Todos se enseñaban lo que habían dibujado el uno del otro. Sí. Conforme vamos creciendo, perdemos la libertad y empezamos a sentir vergüenza, por lo que nos asusta compartir nuestras ideas.

Sin embargo, los niños se sienten más seguros con este juego, más libres.

En ocasiones, los niños se ponen a jugar más con la caja donde viene un regalo, y no con el regalo en si, coche, avión, etc.

¿Sabes por qué? Porque la caja puede ser lo que ellos quieren y pueden hacer con ella lo que su imaginación les deje.

Seguridad, alegría, curiosidad, emoción, sólo si sentimos una de estas emociones, estaremos en el estado más adecuado para ser creativos. No hay que dejar de ser niños.

La creatividad como asignatura pendiente

La formación que están recibiendo nuestros hijos, va dirigida para ser productivo, tenemos unos centros educativos, en general, que aplican programas de enseñanza del siglo XIX, ya que fue cuando se empezó a pensar que la sociedad tenía que tener más formación con motivo de la revolución industrial, para una sociedad de consumo, y todo lo que tiene que ver con la formación y educación escolar, gira en torno a la competitividad.

Se nos vende que tenemos que ser el número uno. Y eso, en la mayoría de los casos, nos angustia.

¡Tengo que ser el número uno, tengo que ser el número uno!

¿Pasa algo si soy el cuatro, hay algún problema siendo el cuatro? Que pasen los unos a partirse el pecho, que yo me quedo con el cuatro más tranquilo/a.

Si queréis competir, hacerlo contra vosotros mismos, para ser la mejor versión de vosotros mismos.

Se propuso un ejercicio muy sencillo en una conferencia sobre creatividad al auditorio que eran personas adultas:

Cierra los ojos e imagina un triángulo. ¿Lo ves? Bien, ahora abre los ojos.

Ante la pregunta de quien había visto, imaginado, el triángulo con la punta hacia arriba, levantaron la mano la gran mayoría.

Los menos fueron los que vieron el triángulo con la punta hacia abajo o en un lado.

De alguna manera estamos condicionados a pensar que el triángulo, el icono que lo representa, es con la punta hacia arriba. Esto da lugar a que nuestra forma de pensamiento ha sido condicionada. Hemos sido entrenados para pensar la realidad desde cierta perspectiva. Nuestra creatividad es condicionada, filtrada, desde nuestros inicios en el colegio.

Cuando nos decían que dibujásemos un árbol, el tronco lo dibujábamos de color marrón, y la copa, ¿de color?…… verde.

Y si dibujo un sol, tiene que ser ¿de color?…… amarillo. Y si no tienes amarillo, le pides a tu compañero el amarillo, aunque al atardecer, te puedes encontrar un sol de color rosa o de color naranja. La realidad puede ser mucho más creativa de lo que nosotros a veces podemos llegar a imaginar.

Si nos damos cuenta, se nos va condicionando, nos van limitando nuestra imaginación, nuestra creatividad, porque se nos entrena con unas fórmulas, unos paradigmas que van estrechando nuestra capacidad de crear y, por lo tanto, de soñar.

Pero lo triste es que esto no acaba en la escuela primaria, sino que continúa en la secundaria e incluso en la universidad. Ya que nos atiborran a incorporar conocimientos en formación como el elemento más valioso, en contra posición de la imaginación y la exploración.

Según la Dra. en Neurología, Mara Diersen, en su libro ¿Cómo aprende (y recuerda) el cerebro?: “Desde la perspectiva neurológica, nuestro sistema educativo, está basado en intoxicar de información durante horas sin reflexionar sobre ella, siendo por lo tanto, garantía biológica de fracaso”.

Por eso cuando terminamos nuestros estudios, aunque sean universitarios, tenemos un alto nivel de conocimientos e información, pero no estamos entrenados para asociar, para combinar, para pensar ideas originales que hagan de nuestra profesión o actividad algo que nos diferencie, algo distinto, algo que añada valor a todo el conocimiento que hemos adquirido.

Todos entramos en el mundo de la enseñanza con una imaginación extraordinaria, porque lo hacemos a una edad muy temprana. Hay cohetes, unicornios, animales fantásticos, hay de todo. Pero a los dieciocho años ya no hay nada. ¡¡¡¡¡¡Tenemos que mantener vivo el unicornio, la nave espacial, para seguir soñando, para seguir creando!!!!

Ricardo Torres, Presidente del eMove Festival

 

 

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