¿Cuál es el mejor dispositivo para el aula?

La semana pasada hablábamos sobre la conexión a Internet, y esta semana lo haremos sobre dispositivos. Ni una cosa ni la otra suponen la decisión más importante que tendremos que tomar para aprovechar las ventajas pedagógicas de la tecnología en el aula, pero ambas representan la infraestructura con la que tendremos que trabajar. Y está claro que sólo podremos construir nuestra propuesta a partir de una base sólida en la que apoyarnos. Por eso conviene empezar por aquí en primer lugar.

En el terreno de los dispositivos, muchos creen que lo mejor es no tomar ninguna decisión: favorecer que cada estudiante pueda aportar aquello de lo que disponga, y utilizarlo en el aula. Es lo que se ha venido denominando «Bring your own device» (BYOD) por su nomenclatura anglosajona o, «trae tu propio dispositivo» en español de andar por casa. Esta es una postura que tiene mucho sentido porque con ella no se impone nada a los estudiantes, y son ellos los que eligen y tienen la última palabra. En principio parece intachable. Cualquier director de colegio podría decir fácilmente con una gran sonrisa: «que los estudiantes traigan sus tabletas, portátiles, móviles o lo que tengan, que lo podrán utilizar».

Inconvenientes del «Bring your own device»

Sin embargo, el «Bring your own device» presenta un buen número de inconvenientes.

  • En primer lugar, será difícil que todos los docentes o en todas las áreas curriculares haya recursos que puedan ser utilizados de manera fluida por cualquier dispositivo. Y ya estamos empezando a comprender que lo importante no es la infraestructura, sino el recurso especializado a utilizar, y cómo hacerlo.
  • Además, no se podrá hacer una gestión sencilla de los dispositivos del aula, con lo que se refuerza uno de los puntos más importantes en contra de la tecnología en educación: la posibilidad de que los estudiantes «abandonen» las aulas desde sus tabletas, portátiles o móviles para habitar otros mundos ajenos al aprendizaje, ya sean redes sociales, mensajería, vídeos online o cualquier otra evasión disponible.

En realidad, el «Bring your own device» tiene mucho más sentido en un entorno de aprendizaje adulto que en Primaria o Secundaria. Para estudiar un posgrado, por ejemplo, sería ridículo imponer o dar prioridad a un dispositivo o a otro, sino que cada estudiante utilizará aquel del que disponga.

Si en Primaria o Secundaria quiere implantarse una política de este tipo, al menos habrá que proponer unos estándares a seguir preferentemente: cierto tipo de dispositivos, tamaño mínimo de pantalla, etc.

Todos a una

En la escuela, parece mejor que todos los estudiantes tengan dispositivos con las mismas características. Tanto de hardware como también de software y sistema operativo. Así nos garantizamos que todos puedan tener un buen acceso a los recursos que se decidan utilizar. También es interesante poder hacer una gestión inteligente de esos dispositivos; no solamente para evitar distracciones como hemos visto antes, sino también para poder garantizar que no hay obsolescencias, incompatibilidades o incluso virus y otros problemas relacionados.

Por eso en tanto que gestores habrá que tomar partido, y decidir, aplicando criterios pedagógicos siempre por encima de los tecnológicos. No hay por qué deslumbrarse con las novedades más recientes, ya que nuestro foco es que los docentes puedan acompañar a los estudiantes, y sobre todo que los estudiantes construyan su aprendizaje. Y no contar con el dispositivo «de moda» o con mejor imagen o prestaciones.

Una vez establecido esto, ya solamente queda concretar. ¿Tableta o portátil? ¿Acaso móviles? ¿Con qué sistemas operativos? ¿Con qué características? Estas son preguntas más detalladas, y solamente se podrán contestar poco a poco. A ello nos iremos dedicando en las próximas semanas. Permanezcan atentos.

Julián Alberto Martín

La tecnología, ¿mejora la educación?

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