Cuando el director de un centro está solo ante el peligro

“Los directores también necesitamos apoyo, ayuda y sostén de las administraciones públicas, formación específica, así como trabajar en equipo con colegas de otras instituciones”, afirma Anabel Valera, Head of School Improvement de IEP (International Education Partnership), quien advierte de la soledad que no pocas veces le acompaña en su tarea (el verbo parece contradictorio en sí mismo).

El suicidio en 2022 de Ruth Perry, directora de la escuela primaria de Caversham, en la localidad inglesa de Reading (Berkshire), ha vuelto a la actualidad, tras conocerse este mes de diciembre el informe forense final, entre cuyas conclusiones se señala al “deterioro significativo” que sufrió su salud mental tras una inspección educativa que calificó de “inadecuado” el centro bajo su responsabilidad.

Su caso abrió en su momento un debate sobre los procedimientos y modos de la inspección educativa, hasta el punto de observar la idoneidad de formar a los inspectores en aspectos no exclusivamente técnicos. Lo que la forense ha descrito como una “ausencia casi total” de capacitación de los inspectores para tratar con signos de angustia, al menos lo que pudo haber ocurrido en aquel caso. El objetivo ahora es prever, y evitar, casos similares.

Valera recuerda que “liderar bajo presión no es tarea sencilla”, entre otras razones porque “los retos a los que nos enfrentamos los directivos escolares son múltiples y salpican de forma diaria nuestra labor”.

Porque, como apunta, “si ya de por sí la gestión de personas es compleja, y aún más en el caso de las escuelas en las que trabajamos con menores y sus familias, aspectos como los cambios sociales, los vaivenes legislativos que afectan tan directamente a la educación, la irrupción de la IA, las nuevas tecnologías, el cambio en la forma de aprender de los alumnos, cuyos tiempos de atención mantenida se han reducido… etcétera, suponen para el ‘capitán del barco’ del colegio, el director, un reto muy considerable”.

En el análisis que hace para ÉXITO EDUCATIVO, Valera subraya que los directores también “necesitan apoyo, ayuda y sostén de las administraciones públicas, formación específica, así como trabajar en equipo con colegas de otras instituciones”.

No desencaminado va en este contexto José Ignacio Jiménez, profesor del Máster de Dirección y Gestión de Centros Educativos de la UDIMA y con una amplia experiencia como director de colegio para quien “conjugar las obligaciones, los intereses y las distintas situaciones personales introduce una tensión que, en ocasiones, es difícil de sobrellevar”.

Con todo, Jiménez, en declaraciones a ÉXITO EDUCATIVO, ve el vaso medio lleno y afirma que “todas las situaciones difíciles pueden ser convertidas en elementos impulsores que mejoren la labor directiva”. “Lo mejor, sin duda”, subraya, “es buscar qué es lo que más ayuda a nuestros alumnos y alumnas cuando las situaciones se pongan complicadas”.

En este sentido, en su opinión, “buscar el sentido de una decisión administrativa, tender puentes de comunicación con las familias o procurar un buen ambiente familiar mejorará la efectividad de la práctica docente de nuestro colegio”.

Doble carga psicológica para los directivos

Silvia Álava, doctora en Psicología Clínica y de la Salud, psicóloga educativa y miembro del Consejo Editorial de ÉXITO EDUCATIVO, pone el acento en que, dentro de la comunidad educativa, el director es, por encima de todos los demás agentes, incluidos los docentes, el que enfrenta “situaciones estresantes muchísimo más altas”.

¿Por qué ocurre esto?, se pregunta esta especialista. La respuesta es, piensa, bien sencilla: Todo está en su doble carga, la de docente, que lo suele ser, y todo lo que eso conlleva, y la de ser “un poco responsable emocional de los alumnos, junto con la carga de cuidar a sus equipos y al resto de los profesores, de escuchar a todos”.

A todo eso hay que sumar las familias de los alumnos, donde las hay que entienden muy bien que hay que trabajar como un equipo y en la misma dirección, pero otras “que parece que lo que tenemos que hacer los directivos es hacer más, y esta es una presión que, muchas veces, es muy complicada de gestionar, y que, en no pocas ocasiones, los directores se enfrentan sin haber tenido ningún tipo de formación específica”. Todo eso, agrega, “por no hablar de la ingente carga administrativa que conlleva la tarea de director”, avisa en declaraciones a ÉXITO EDUCATIVO.

“¿Todo eso podría explicar lo que está ocurriendo?”, como el dramático caso de la directora inglesa de Primaria. Álava señala que “no nos tenemos que quedar solamente con la explicación, sino con lanzar esa llamada de auxilio de que hay que hacer algo para cuidar la salud mental de los docentes y algo también para cuidar específicamente a los directores, porque los directores tienen a su vez la labor, no solamente de cuidar a los alumnos, sino también de cuidar al equipo”.

Álava, también recuerda que los datos del I Estudio Nacional sobre el Estado de Ánimo de los Docentes en España ya alertaba del alto porcentaje de profesores con síntomas de depresión y que en este mismo estudio impulsado por ÉXITO EDUCATIVO, Educar es Todo y la UDIMA, la labor de los equipos directivos era fundamental para el bienestar de los docentes. Cabe entonces preguntarse ¿quién cuida entonces a quienes deben cuidar a los demás?.

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