David de Frutos Velasco (Vedruna): “Una buena educación nos llevaría a reducir la conflictividad social”

Más de 20 años como miembro del equipo directivo del centro educativo Vedruna, en Carabanchel (Madrid), le confirman a David de Frutos Velasco, bien podría decirse, como un profesional de la casa. No en vano, está ligado a esta institución formativa desde 1999.

En 2017 tomó posesión como director general de uno de los colegios referentes en esta zona de la capital, donde, con anterioridad fue director pedagógico de ESO y Bachillerato, y antes que eso, entre 2013 y 2017 coordinador de etapa, y jefe de estudios de ESO y Bachillerato entre 2000 y 2009. A su actual ocupación se suma la de secretario de la Fundación PROCLADE desde 2015

Licenciado en Pedagogía Social por la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE, con un Primer ciclo de Licenciatura en Pedagogía en la Universidad Complutense de Madrid y con título de Experto universitario en educación para la solidaridad y el desarrollo por la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE, David de Frutos Velasco ha hecho un hueco en la siempre apretada agenda de trabajo de un directivo educativo para contestar las preguntas de ÉXITO EDUCATIVO.

¿Qué es lo que diferencia a su centro de otros centros educativos? ¿cuáles son sus señas distintivas?

Aquello de lo que más orgullosos nos sentimos, aunque somos conscientes de que no es exclusivo, sino signo distintivo de algunos centros como el nuestro, es la atención personalizada a todos los miembros de la comunidad educativa en función de sus características y necesidades. Aunque suene tópico, el esfuerzo que los profesores realizan para su cumplimiento es ingente.

Por parte del colegio se está tejiendo una red con otras instituciones con las que colaboramos que aportan valor añadido a la propuesta educativa. Ejemplos de ello son las alianzas con universidades para hacer acompañamiento psicológico, con fundaciones y asociaciones del entorno para ampliar la intervención psicosocial, instituciones que intervienen en los programas de mediación en la convivencia para prevención del acoso, atención a las familias con menos recursos para promocionar la igualdad de oportunidades, etc…

¿Cuál es su filosofía educativa y cómo se refleja en la cultura y el enfoque de su colegio?

Es claro que la intervención educativa en un contexto desfavorecido como es el barrio en el que está inserto el colegio supone un sobreesfuerzo para todo el personal. Las necesidades se acrecientan, el tiempo y los esfuerzos que se necesitan para una educación exigente y de calidad, son mayores. La clave está en que los profesores, en gran parte como fruto del trabajo en equipo, están muy concienciados y están dispuestos a poner esas energías de más al servicio del proyecto.

A lo largo de los años, se ha generado una cultura de disponibilidad y de gratuidad para atender las necesidades que van surgiendo. Los equipos, directivo, de tutores, de comisiones, del departamento de orientación…, prestan una atención muy cercana y personalizada a cada alumno que cae bajo su responsabilidad.

Con carácter general, ¿Cómo ve el futuro de la educación en España? ¿y en el mundo?

En general en España tengo cierta preocupación porque la respuesta de los responsables va por detrás de las necesidades que van surgiendo. Se ha implantado una nueva reforma que puede ser interesante en algunos aspectos pedagógicos, pero de la que no se ha formado suficientemente a quienes tienen la responsabilidad última de implantarla. Si no hay claves suficientes de comprensión y herramientas para implementarla, quedará de nuevo en los papeles sin una asunción real de lo que podría haber sido un motivo de innovación y mejora, sobre todo en los procesos de evaluación y de desarrollo del aprendizaje por competencias.

Los recursos económicos y humanos son escasos para las necesidades que tenemos los centros. Aunque fuese desde un punto de vista estrictamente económico y de rentabilidad, la sociedad y por ende los políticos no están todavía convencidos de que una buena educación es la mejor manera de prevenir ingentes inversiones futuras: en atajar delincuencia y violencia, en sanidad, en gasto medioambiental…  Una buena educación nos llevaría a reducir la conflictividad social, mejoraría los hábitos de vida saludables, concienciaría a los ciudadanos de un estilo de vida más sostenible…

A nivel internacional, evidentemente, he tenido la suerte de conocer directamente la realidad educativa de varios países en vías de desarrollo. Me preocupan mucho más que nuestro entorno, aquellos en los que todavía no está garantizado el acceso universal en condiciones mínimamente razonables. Mucho más la de aquellos países y regiones del planeta en las que los sistemas están en manos de facciones y grupos que están en las antípodas del respeto a los derechos humanos: dictaduras, regímenes fundamentalistas, países en manos de terroristas y narcotraficantes…

¿Qué apartado de la gestión de centros educativos cree que es el más necesario impulsar (financiero, tecnológico, RRHH, marketing…)?

No me atrevo a decantarme por uno de ellos. Quien está al cargo de la gestión, tanto de la gestión directa del centro como de la gestión política del sistema en su globalidad, tienen que ser capaces de tener una visión holística. La perspectiva global hace que no se pueda descuidar ninguno de los ejes. Si me viese obligado a destacar uno, sería el cuidado que hay que prestar a los responsables directos de la labor educativa: los profesores y profesoras.

No hay suficiente conciencia social hoy en día de la labor que están haciendo. Suplen muchas labores de las que la sociedad y las familias están haciendo dejación: dedicación y atención personal, enseñanza de la gestión de los afectos y las emociones, apoyo en la maduración del desarrollo cívico y ético, acompañamiento en la maduración y el descubrimiento de la propia vocación… Todo eso sin el reconocimiento social suficiente como para sentirse valorados.

¿Han empezado ya a notar la reducción de alumnos por el descenso de natalidad? ¿Cómo se soluciona esta cuestión?

Claramente. Lo que hace unos años era cierta preocupación por no poder recibir a todas las familias que demandaban el centro se ha convertido ahora en grandes esfuerzos por mantener el mínimo exigido en la matrícula para sostener la oferta actual. Hemos pasado de las listas de espera a esperar que se llenen las listas. Es general en la geografía nacional y en concreto en nuestro contexto de Carabanchel.

Una parte de la solución es aprovechar la coyuntura para reducir las ratios profesor/alumno y reducir la carga lectiva semanal del profesorado. El excedente de profesorado que pueda derivarse de la reducción de natalidad se ha de reinvertir en mayor atención personalizada. Más profesores con menos alumnos puede dar lugar a mejorar los proyectos. Menos horas lectivas y más horas dedicadas a formación y programación, haría mejorar sin duda los procesos de enseñanza aprendizaje.

¿Qué importancia le da en su colegio al ámbito de la comunicación y del marketing?

Estamos preocupados y ocupados desde hace un tiempo en mejorar este aspecto. Por un lado, los procesos de comunicación interna (entre y hacia el personal del centro) y externa (sobre todo hacia las familias, pero también hacia el contexto cercano y lejano), se han convertido en ejes clave para ajustar la imagen que damos a lo real. Para ajustar procesos de autenticidad desde la conciencia de que no podemos mostrar lo que no somos y hacemos.

En ese sentido se han invertido energías, dinero y tiempo en configurar equipos, personal responsable de la marca que ofrecemos. Desde la imagen corporativa al cuidado de los espacios, estamos en un proceso interesante de avance de aspectos clave a cuidar.

 ¿Cuál es el perfil de profesores que buscan para su centro?

Personas comprometidas con su trabajo desde la sensibilidad social. Personas convencidas de que el trabajo de un centro educativo desarrollado con profesionalidad y compromiso transforma la sociedad en una sociedad mejor. Es clave que haya capacidad de trabajo en equipo y que participe del proyecto de centro de forma activa. No hay problema en que sea personal con capacidad crítica y que cuestione la propuesta siempre que haya una perspectiva de mejora de los procesos.

Lo fundamental es que tengan como perspectiva la atención y la mejora de los alumnos que tienen a su cargo y se sientan capaces de impulsarlos hacia adelante.

¿Y el de directivos?

Tienen que compartir esas mismas virtudes. Además, en este caso, se pone el cuidado de toda la comunidad educativa, por lo que tienen que ser capaces de adoptar una perspectiva global. Por otro lado, cierta capacidad de anticiparse. Atisbar por dónde va el futuro para garantizar que los procesos que se inicien son hacia la mejora.

Han de ser capaces de armonizar las necesidades del personal con las de las familias y las de la administración educativa, tantas veces en conflicto y contradicción. Las virtudes clave que deben tener son la de la escucha, la comprensión, la sensibilidad hacia los problemas. Para ello es vital el cuidado desde el autocuidado.

Rodearse de un equipo de confianza y eficaz, con capacidad de trabajo y que enriquezca la propia perspectiva con otras diferentes.

Salud mental, problemas de convivencia, cambios legislativos, retos tecnológicos como los que nos plantea la IA… ¿Cuál cree que es principal desafío para la educación en los próximos años?

La IA va a suponer un cambio de paradigma que nos va a plantear ineludiblemente nuevos retos y desarrollos. Posiblemente acreciente aún más la brecha digital existente. Solo los centros educativos tienen las herramientas para amortiguar ese efecto que la sociedad por sí sola no puede.

Pero, sin duda, lo que ha hecho aflorar la pandemia con mucha intensidad han sido los problemas de salud, mental pero también de las relaciones. En los últimos años se ha incrementado exponencialmente la demanda de atención por parte de educadores y orientadores.

El problema es que muchas veces el centro educativo es el único espacio medianamente sano que habitan niños y adolescentes. La capacidad de respuesta a esta necesidad por parte de un centro educativo es mínima. Nos vemos abocados a dejar de impartir nuestras clases para atender falta de afecto, falta de referentes, desestructuración personal y familiar, desatención física y afectiva por parte de los progenitores, ausencia de criterio en la educación del empleo del ocio y el tiempo libre…

¿Qué medidas se están tomando para garantizar la seguridad de los estudiantes contra el acoso y en favor del bienestar emocional?

Se aplican los protocolos que la administración exige. El inconveniente que tienen es que requieren de tanto tiempo para lo burocrático que resta tiempo y energía para la atención real a los alumnos y sus familias. En nuestro centro se atiende cada alumno que manifiesta una problemática. En muchas ocasiones los menores se encuentran con un nivel de escucha que no es habitual en su entorno. Por lo tanto, la demanda es mucha. Como consecuencia, tutores con exceso de demanda, departamentos de orientación desbordados por exceso de trabajo y escaso tiempo, equipos directivos dedicados constantemente y casi en exclusiva a la resolución de conflictos…

Se desarrollan proyectos de mediación entre iguales, se constituyen comisiones de convivencia que hacen de observatorios, se aplican herramientas de detección de situaciones de riesgo, etc… Todo ello, sin tiempos ni recursos. Las horas de orientación en primaria son, no escasas, sino ridículas; la dedicación de los miembros del equipo directivo es heroica contando con los miles de funciones que tienen asignadas y los tutores es inviable que atiendan la demanda con los tiempos definidos por la administración educativa si no fuese por su implicación y voluntariedad.

¿Cómo maneja su colegio la diversidad de estudiantes y las necesidades individuales?

Se dedican muchos esfuerzos en que los recursos de la administración sean lo más eficientes posible. Intentamos incorporar todos los posibles, lo cual supone una gestión cada vez más compleja del centro y su personal. Los programas disponibles se procuran rentabilizar al máximo.

Además, como indicaba anteriormente, se establece una red de colaboraciones externas con instituciones que responden a necesidades detectadas que no son abordables desde un centro educativo: atención psicológica, socioeducativa, necesidades económicas y de recursos sociales…

También es importante concienciar a la comunidad educativa de la relevancia de ese principio: que cada familia es diferente y tiene sus concepciones y necesidades peculiares. Se trabaja periódicamente en formaciones y reuniones.

Para finalizar, una pregunta que formulamos a todos los directores de colegios y que nos permite, a través de sus respuestas, trazar un mapa sobre la cuestión ¿Cómo se imaginaría el mejor colegio del mundo?

No me podría imaginar un mejor colegio del mundo que no fuese el centro que ahora mismo dirijo. Cierto que cambiaría algunas cosas, pero no podría renunciar a ninguno de sus alumnos ni a ninguno de sus profesores…  Detrás de ellos hay un nombre y una vida. No las cambiaría por otras: son las mejores para mí.

Se le coge cariño incluso a los desconchones de las paredes que llevan sin pintar varios años por falta de recursos económicos, aunque soñaría con adecentarlas y que fuesen más acordes a la estética actual.

No renunciaría a la vida ajetreada del personal que va y viene atendiendo múltiples situaciones urgentes a la vez. Si bien es cierto que la atención sería mejor si pudiésemos contar con más personal especializado: técnicos de integración social, personal sanitario, profesionales de atención psicosocial…

La saturación de trabajo de profesores y de personal de administración y servicio conceden al colegio un desempeño difícil de conseguir sin un convencimiento de que nuestro proyecto merece la pena. No digo que no prefiriese para ellos más serenidad y tiempos de reflexión serena y más espacios para el descanso.

Sin duda sueño con niños más felices, profesores más satisfechos con su trabajo, administraciones con sensibilidad real por los problemas, políticos sensatos y más racionales que pasionales, familias incondicionales… Pero todo ello en nuestra calle Espinar, en Vedruna de Carabanchel.

 

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