De Rerum Natura (o La Naturaleza de las cosas)

Ya allá por el S.I a.C. andaba preocupado Tito Lucrecio por dilucidar de forma clara el papel de los dioses y de los humanos en el gran teatro del mundo. Era su tesis que parecía claro que los dos ámbitos debían estar separados y que la influencia de las deidades en el día a día de los simples mortales había de estar perfectamente delimitada de forma que, los primeros, eran los únicos responsables de su propio destino. No vamos a entrar a desarrollar más los principios de la filosofía epicúrea, pero, curiosamente, se me ha venido a la cabeza este afán por desarrollar una clara distinción de los ámbitos viendo las actuaciones que en los últimos días hemos tenido que contemplar sobre las actitudes de alguno de nuestros políticos. Ya lo he señalado en algún post en LinkedIn. En la antigua Roma, durante los triunfos que celebraban los generales victoriosos, era obligado que éstos llevaran a un esclavo tras de sí recordándoles su condición humana: ¡Recuerda que eres hombre, no deidad!, les iban gritando cual repetitiva letanía durante todo el trayecto de celebración.

En esta última semana hemos tenido que soportar actitudes y prácticas, que más se asemejan a un intento de auto atribuirse facultades sobrehumanas, “cuasi divinas” de nuestros gobernantes.

Me permitirá el lector señalar solo dos aspectos que pretenden ilustrar estas afirmaciones que, alguna relevante y la otra menos, pero muy poco estética, pretenden mostrar a qué me estoy refiriendo.

La primera tiene que ver con esa aberración legal/fiscal que se pretende incluir en los Presupuestos Generales del Estado. Me refiero, claro, a la pretensión de gravar con el 21% de IVA a los servicios de Educación Privada.

Ya he mostrado mi más absoluta disconformidad con este particular en diferentes foros. Los argumentos sociales, económicos y de práctica jurídica comunitaria son muchos. Por un lado, se va a perjudicar claramente a un número ingente de familias que hacen verdaderos esfuerzos económicos para que sus hijos asistan a centros privados. No solo me refiero a centros de Infantil, colegios o universidades, sino que también afectará a academias de idiomas, teatro, música, logopedia, dibujo… a los que muchas familias llevan a sus hijos para complementar su educación, o cubrir sus necesidades educativas. Muchas, incluso, procedentes de centros públicos. Se va a penalizar económicamente a cientos de miles de familias sin una razón más allá de la ideológica.

Además, desde una óptica económica, ya se ha señalado en enseñanzas regladas que la balanza fiscal (es decir, lo que el Estado pretende ingresar por ese gravamen de IVA a un sector actualmente exento y el coste que le va a suponer asumir el desplazamiento de la demanda a centros públicos) arrojaría un saldo negativo de cerca de 1.000 millones de euros. “¡Casi ná!”

Añado a los argumentos anteriores que ni las patronales y asociaciones educativas como ACADE, CECE, Escuelas Católicas o CICAE. Ni otras como la CEOE o sindicatos como la UGT, CCOO, USO o FSIE, están de acuerdo con la medida. ¿No nos debería hacer pensar que se haya logrado con este anuncio la máxima unanimidad en opinión y cohesión entre los agentes sociales de este país?

Incluyo finalmente a estos argumentos el más contundente de todos, y el que mejor ilustra esta suerte de “estar por encima del bien o del mal”, que es el jurídico y que se sostiene sobre la práctica del derecho comparado comunitario. Lamento no poder más que ser un transcriptor de los argumentos de otro, pero recomiendo la lectura del artículo publicado el 15/10/2020 en el periódico económico Cinco Días: “¿Golpe errado a la sanidad y educación privada?” de Javier Bas, doctor en derecho e Inspector de Hacienda del Estado, donde se señala la imposibilidad de incorporar esta medida ya que supone “…no respetar el ordenamiento jurídico… y una clara violación del derecho comunitario”. Salvo que, en un delirio propio de una divinidad trastornada, se empecinen en incorporarla cueste lo que vaya a costar.

Concluyo con una simple “foto” pero muy ilustrativa de esa forma de hacer política y de “manejarse” con el ciudadano.

Madrid, como bien saben, se tuvo que confinar, tras una consabida polémica, el pasado viernes 9 de octubre. Todos tenemos en la cabeza la idea de que, de nuestro Consejo de Ministros compuesto por 20 miembros (y “miembras”), 16 decidieron salir precipitadamente, o no, de la capital. Justificadamente, o no. Rastreramente, o no. Con pillería, o sin ella. Una de esas “ministras escapistas”, claro, no podía ser de otra manera, fue nuestra querida Ministra de Educación: la Sra. Celáa. Lo de predicar con el ejemplo no se lleva. Ninguno de ellos, por supuesto, preocupado por cumplir con el mínimo de estética que se les espera para empatizar con la situación de los ciudadanos a quienes gobiernan.
Y eso tenemos. La naturaleza de las cosas es la que es y algo ha cambiado en siglos de humanidad aunque, a veces, suframos regresiones.

Pasará, querido lector. Como señalaba Heráclito, “todo pasa, nada permanece”. Afortunadamente.

Jaime García Crespo, CEO de Grupo Educación y Sistemas

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