Decálogo del buen director del s. XXI

decálogo del buen director del s. XXI.

Esta semana caía en mis manos un decálogo maravilloso escrito por Carmen Pellicer en el que nos da las características de un buen profesor. Aunque el decálogo fue escrito hace tiempo, sigue plenamente vigente, es lo que tiene que lo escriba gente sabia, y en estos días he pensado en compartirlo estableciendo una analogía con un posible decálogo del buen directivo del S. XXI.

Nos resaltaba Carmen Pellicer diez aspectos clave del buen docente:

-. Domina su materia. Sabe y cree que lo que sabe es importante y necesario para comprender la vida y a uno mismo y para avanzar y por eso profundiza en el conocimiento de lo que quiere enseñar y busca las maneras de hacerlo sencillo y comprensible para todos los alumnos.

-. Conoce bien a sus alumnos. No sólo como son sino también por qué son como son y, sobre todo, de qué son capaces. Tiene de cada uno de ellos una visión de hacia donde pueden crecer en todas sus dimensiones y sabe como empujarles hacia adelante para lograr lo mejor de ellos mismos

-. Responde a sus necesidades. Identifica las necesidades y los momentos en los que está cada alumno y cómo afectan a su desarrollo personal y genera múltiples oportunidades y recursos variados para que todos se impliquen y aprendan en profundidad.

-. Maneja diferentes estrategias. Maneja con agilidad diferentes estrategias y metodologías que dotan a la clase del ritmo y la tensión necesaria para estimular la motivación, la curiosidad, la atención y la reflexión de sus alumnos.

-. Genera clima de aprendizaje. Hace a sus alumnos cada vez más autónomos y  protagonistas de su propio aprendizaje, creando un clima cálido y respetuoso de participación y colaboración mutua, gestionando los conflictos con firmeza y eficacia.

-. Usa múltiples recursos. Fomenta la creatividad y amplía los horizontes de aprendizaje facilitando el acceso a diferentes recursos, experiencias, lenguajes, interlocutores y herramientas tecnológicas.

-. Prepara sus clases. Dedica tiempo y esfuerzo personal a pensar sobre cada uno de sus alumnos y sus clases que prepara, planifica y modifica a la vez que estudia , investiga y contrasta para crecer con y para ellos.

-. Evalúa para mejorar. Acompaña los procesos de maduración y aprendizaje de cada alumno, evaluando y discerniendo sobre lo que ve y lo que revela aquello que ve y proponiendo iniciativas de mejora y superación continua.

-. Colabora con otros docentes. Comparte su conocimiento y experiencia y trabaja en equipo con sus compañeros, implicándose en un proyecto común que ayuda a sus alumnos más allá de su aula y de sus misma escuela, haciendo cómplices de su educación a las familias y otros agentes sociales presentes en la vida local.

-. Celebra los logros de sus alumnos. Disfruta de los éxitos de sus alumnos y vive sus fracasos como propios, cree en lo que hace y sabe que lo que hace puede marcar una diferencia en sus vidas y por eso se compromete con ellos y saca lo mejor de sí mismo para ellos.

Me imagino que todos estamos de acuerdo en aseverar que está plenamente vigente en la actualidad, y que si tenemos hijos en edad escolar buscamos que las personas al cargo de su formación, al menos, cumplan con esas características.

Ahora bien. ¿Y si establecemos los mismos criterios para los equipos directivos de las instituciones educativas?

¿Tenemos al frente de los equipos directivos a personas formadas en el ámbito de la dirección educativa? Y es que dominar el arte de dirigir, implica hablar de carisma y liderazgo al frente de la gestión de equipos humanos, en los que tengamos resultados más allá de las calificaciones.

Un buen ambiente de trabajo se verá reforzado frente al carisma ante compañeros y familias, que tendrán siempre un referente en la dirección para cualquier necesidad que tengan nuestros alumnos.

El papel del director de un colegio en el siglo XXI implica abordar una serie de desafíos y responsabilidades específicas para satisfacer las necesidades cambiantes de la educación. Aquí os lanzo un posible decálogo, sin ánimo de llegar ni por asomo a la sombra del de mi admirada Carmen Pellicer a los profesores, en el que busco destacar las cualidades y acciones que podrían caracterizar a un buen director en este contexto de cambio actual del S XXI:

-. Visión Innovadora: Desarrollar y comunicar una visión innovadora para el colegio, que aborde los desafíos actuales y futuros de la educación, fomente la excelencia académica y promueva un entorno de aprendizaje dinámico.

-. Liderazgo Inspirador: Inspirar y motivar al personal docente y no docente, fomentando un ambiente colaborativo y positivo que promueva el crecimiento profesional y personal, buscando siempre garantizar la mejor calidad educativa para sus alumnos y el mejor ejemplo docente en el claustro.

-. Fomentar la Inclusividad: Garantizar un ambiente inclusivo que celebre la diversidad y promueva la equidad, donde cada estudiante se sienta respetado y apoyado en su desarrollo académico y personal.

-. Adaptabilidad y Resiliencia: Demostrar habilidades de adaptabilidad y resiliencia frente a los cambios en la educación y la sociedad, liderando la institución de manera efectiva en momentos de transformación. Cambiar no es tarea sencilla, pero sí imprescindible en la actualidad. Saber lo que hay que hacer, no es sinónimo de saber hacerlo, por lo que es imprescindible tener capacidad de adaptación y resiliencia para saber gestionarlo.

-. Promover la Tecnología Educativa: Integrar de manera efectiva la tecnología educativa para mejorar los métodos de enseñanza, la gestión escolar y la comunicación con la comunidad educativa. La comunicación y la tecnología no pueden disociarse en nuestra sociedad, siendo esta generación la mayor consumidora de ocio digital de la historia.

-. Gestión Efectiva: Desarrollar habilidades de gestión efectiva, tanto en términos administrativos como financieros, para garantizar el funcionamiento eficiente de la institución.

No es sólo gestión de presupuesto, sino el diseño de planes estratégicos de inversión que nos hagan poder abordar, obras, planes de innovación, o cualquier nuevo proyecto con solvencia y sin someter a la Institución a una asfixia económica.

-. Enfoque en el Bienestar Estudiantil: Priorizar el bienestar emocional y social de los estudiantes, implementando programas y políticas que fomenten un entorno saludable y seguro. Un alumno estable emocionalmente, será un adulto maduro que pueda tener una vida plena.

-. Comunicación Transparente: Mantener una comunicación abierta y transparente con el personal, estudiantes y padres, compartiendo información relevante sobre la visión, objetivos y desafíos de la institución.

Generar conexiones en las que fomentemos sinergias de colaboración entre los miembros de la comunidad educativa.

-. Desarrollo Profesional Continuo: Apoyar y fomentar el desarrollo profesional continuo del personal, facilitando oportunidades de formación y crecimiento que beneficien tanto a los educadores como a la calidad educativa. Un colegio vale

-. Compromiso con la Comunidad: Establecer y mantener sólidas relaciones con la comunidad educativa y social, involucrando a los padres, líderes comunitarios y otros stakeholders en el proceso educativo y en la toma de decisiones.

Este decálogo busca reflejar las habilidades y actitudes necesarias para liderar un colegio de manera exitosa en el siglo XXI, donde la adaptabilidad, la innovación y la atención integral a los estudiantes son fundamentales.

Ahora bien. ¿En cada uno de nuestros colegios, hemos dedicado tiempo a pensar, a reflexionar, sobre estas necesidades? Y lo que es más importante, ¿si no lo hemos hecho, lo vamos a hacer?

Os leo en comentarios porque creo que podéis aportar respuestas muy interesantes.

Por Enrique Escandón, director de Relaciones Institucionales y Comunicación de los Colegios 3A (Alameda International SchoolArcángel International School y Colegio Ábaco).

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