Eudald no puede estudiar en español

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Eudald vive en Ripoll. Lógicamente, desde la infancia se ha interesado por el Románico. Le gusta la cultura clásica y de mayor querría estudiar Filología Hispánica pero desde hace unos días le asalta la duda de cómo va a poder perfeccionar su ortografía y seguir aprendiendo gramática española viviendo en la provincia de Gerona.

La noticia llegó a su colegio el 5 de noviembre. En el primitivo calendario romano, este era el noveno mes del año, de ahí su etimología. Treinta días para reflexionar acerca de la caducidad de la vida y el carácter efímero de la existencia humana, un in media res por el devenir como esas Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique (c. 1440-1479) en vísperas del fin de la Reconquista o los lienzos de Valdés Leal (1622-1690) en pleno Siglo de Oro: In ictu oculi y Finis gloriae mundi.

María y Laura Lara

En efecto, las vanitas barrocas se convierten en guías epicúreas en este artículo, pues lamentablemente en un abrir y cerrar de ojos, varias siglas de partidos políticos llegan a un pacto y tiran por la borda milenios de derivación fonética desde que una tribu de iberos, los indigetes, se encontraron con las legiones del SPQR. Durante las guerras sertorianas, hacia el 77 a.C., Pompeyo construyó un oppidum sobre la vía Heráclea (luego vía Augusta), para luchar contra Sertorio, que se había levantado en armas desde la facción de los «populares» contra Sila, de los «optimates». Debido a las necesidades militares, los sitiadores romanos fundaron Gerona, denominada Gerunda, un enigma etimológico que pudiera significar «entre el Undarios», nombre ibero del río Oñar.

Aún estando en el interior, Gerunda disponía de buena conexión con el puerto de Ampurias, bastión romano pionero en el nordeste peninsular que había sido colonizado durante la segunda guerra púnica al lado del asentamiento griego preexistente.

Jesús de Nazaret no había nacido cuando el poeta latino Horacio (65-8 a.C.) animaba a «carpe diem quam minimum credula postero»:

No pretendas saber, pues no está permitido,
el fin que a ti y a mi, Leucónoe,
nos tienen asignados los dioses,
ni consultes los números babilónicos.
Mejor será aceptar lo que venga,
ya sean muchos los inviernos que Júpiter
te conceda, o sea éste el último,
el que ahora hace que el mar Tirreno
rompa contra los opuestos escollos.
Sé prudente, filtra el vino
y adapta al breve espacio de tu vida
una esperanza larga.
Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso.
Vive el día de hoy. Captúralo.
No te fíes del incierto mañana.

El precursor del beatus ille (que después de transcurridos más de quince siglos retomarían Garcilaso de la Vega y Fray Luis de León), sentenciaba transmitiendo una ilusión chispeante: non omnis moriar. En efecto, nadie muere del todo mientras se habita en el recuerdo de los vivos. Es la metáfora del viaje retomada por el poeta griego Cavafis (1863-1933), como si del retorno del homérico Odiseo a su patria se tratara.

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca (…),
pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes (…).
Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.

En nuestros días, las filosofías orientales y el mindfulness (técnica de relajación que invita a tomar conciencia plena de nuestras emociones con el fin de eliminar la frustración que produce el no poder cambiar determinadas situaciones) predican el mismo mensaje; tempus fugit. Pero nadie debe olvidar que la Historia es magistra vitae, tal como afirmaran Cicerón y San Isidoro de Sevilla.

Algún día seremos inmortales en esos juegos de esferas que María Lara visualiza en su novela El velo de la promesa, aventuras históricas y metafísicas en torno al Mediterráneo y al mar Negro en la Antigüedad tardía que Caerelia y el resto de personajes literarios prosiguen en la continuación de la saga en Memorias de Helena.

Recientemente nos ha impactado, al igual que a Eudald, que un pacto político haya permitido excluir al español como lengua en la formación de niños, jóvenes y adultos en Cataluña. En Pau, capital de la región del Bearn (departamento de Pirineos Atlánticos): ¿imaginamos que alguna vez destierren el idioma francés de sus aulas? En tiempos del emperador Constantino la romanización de Hispania ya estaba hecha y, a mediados del milenio siguiente, en palabras del gramático Antonio de Nebrija, la lengua romance derivada del latín, en la otrora piel de toro con proyección ultramarina, seguía siendo “alma y compañera del Imperio”.

María Lara y Laura Lara, historiadoras, escritoras y profesoras en la Universidad a Distancia de Madrid UDIMA

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