Educación ambiental desde casa

Es muy noble asumir el deber de cuidar la creación con pequeñas acciones cotidianas, y es maravilloso que la educación sea capaz de motivarlas hasta conformar un estilo de vida. (LS, 211).

Cuidar la casa común comienza con un sencillo paso, el que damos al cruzar la puerta de casa. Sabiendo, además, que la naturaleza no pide nada a cambio. Sólo esta. Se trata, en primera instancia, de salir ahí afuera.

La educación ambiental basa su enfoque en el vínculo con la naturaleza, que se crea mediante esas experiencias pequeñas pero pertinentes. Experiencias en las que la naturaleza pueda tener su protagonismo, su espacio: que pueda tener lugar un acto de encuentro y comunión. Lo importante es crear un ambiente de confianza, seguridad y alegría que invite a la exploración y la experimentación, cada cual a su ritmo y dentro de sus capacidades e inquietudes. Se trata de acompañar a los niños y jóvenes a recorrer cada uno su camino personal en la construcción íntima e intransferible de esa conexión; es a partir de donde viene todo lo demás.

Recomiendo pasear a diario en parques, jardines y espacios naturales próximos, esa naturaleza más cotidiana y cercana. De forma semanal, sugiero explorar la naturaleza próxima a ser posible buscar criaturas en algún bosque, parque natural… Una vez al mes convendría, visitar un espacio protegido, incluso un parque nacional, para aprender sobre sus valores naturales y conocer paisajes más silvestres. Y una vez al año, buscar un espacio verdaderamente natural, libre de la influencia humana, para sentirnos en la naturaleza con mayúsculas. Es un conjunto de ideas muy simple y fácil de recordar, pero quizá no tanto de implementar. Pero como inspiración puede servir.

Desde casa podemos salir al campo con los niños y prestarles un poco de atención. La naturaleza ejerce un efecto adictivo: cuanto más salimos, más nos lo pide el cuerpo. Si somos capaces de superar la pereza que da salir, o hacerlo cuando estamos casado, ya habremos conseguido superar lo más difícil. La naturaleza ya nos colocará y hará que perdamos el interés por el celular o por la serie que nos estaremos perdiendo. Qué mejor que vivir la vida en vivo y en directo, y ser protagonistas de ella.

Una buena educación escolar en la temprana edad coloca semillas que pueden producir efectos a lo largo de toda una vida. Pero quiero destacar la importancia central de la familia, porque «es el ámbito donde la vida, don de Dios, puede ser acogida y protegida de manera adecuada contra los múltiples ataques a que está expuesta, y puede desarrollarse según las exigencias de un auténtico crecimiento humano. Contra la llamada cultura de la muerte, la familia constituye la sede de la cultura de la vida» (LS, 213).

Por Óscar A. Pérez Sayago, secretario general de la CIEC.

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