Educación para la paz: la clave para un mundo mejor

Estamos viviendo tiempos muy convulsos. Hace más de un año que Rusia y Ucrania están en guerra, y a eso hay que sumar todas las demás guerras de las que apenas se habla porque están en una parte del mundo que no interesa a los medios de comunicación. Sin olvidar todo lo que está pasando en Gaza.

En medio de este ambiente bélico, la paz se abre como la única esperanza. A pesar de que, como ciudadanos, como profesores, es muy difícil acabar con estos conflictos, podemos intentar que la paz sea el centro de nuestras relaciones humanas, favoreciendo también la tolerancia entre todos nosotros. La educación, por tanto, juega un papel muy importante en la promoción de estos dos valores tan relevantes para la sociedad y su enseñanza, el mostrarla con el ejemplo, es clave para que los niños aprendan que estos valores son primordiales en el desarrollo de la sociedad, teniendo que empezar por su círculo más cercano.

De esta manera, los profesores y los padres deben cultivar estos valores para fomentar la convivencia armoniosa y la comprensión mutua entre los individuos, a pesar de las diversas procedencias, perspectivas o culturas. Al fin y al cabo, estos valores se deben desarrollar en lo que un niño ve en su día a día.

La pregunta está en cómo el entorno educativo puede contribuir eficazmente a la construcción de una cultura de paz y tolerancia.

En el aula, las estrategias para promover la paz y la tolerancia deben ser integradoras y proactivas. La diversidad cultural, étnica y de opiniones debe ser abordada de manera positiva. La inclusión de contenidos que resalten la riqueza de las diferentes culturas y tradiciones contribuye a la comprensión y aprecio mutuos. La implementación de debates estructurados sobre temas controvertidos fomenta el desarrollo de habilidades críticas y la aceptación de opiniones divergentes.

El profesorado desempeña un papel clave como facilitador de este proceso educativo. La formación continua en métodos pedagógicos que promuevan la empatía y el respeto es esencial. Los docentes deben ser modelos a seguir al demostrar actitudes inclusivas y mostrar sensibilidad hacia las diferencias individuales. La creación de un entorno seguro donde los estudiantes se sientan libres para expresar sus opiniones y preocupaciones sin temor al juicio es un componente vital de la labor del profesorado en este contexto.

La educación no se limita al aula; se extiende al hogar. Las familias tienen un papel complementario en la formación de valores. La comunicación abierta entre padres e hijos, fomentando el diálogo sobre temas culturales y éticos, contribuye a la construcción de una base sólida para la tolerancia. Además, la colaboración entre la escuela y las familias, mediante eventos y programas que promuevan la comprensión intercultural, refuerza los mensajes positivos impartidos en el aula.

Por tanto, es necesario una comunicación fluida entre ambas partes, contribuyendo a reforzar lo que uno u otro enseña. No sirve de nada que los profesores hagan una serie de estrategias para fomentar la paz y la convivencia si luego en casa, los padres, les lleva la contraria. Es un trabajo de equipo a largo plazo.

Los niños que experimentan una educación orientada a la paz y la tolerancia obtienen beneficios significativos. Desarrollan habilidades sociales sólidas, aprenden a resolver conflictos de manera constructiva y cultivan un sentido de pertenencia a una comunidad global. Estas habilidades son fundamentales en un mundo cada vez más interconectado y diverso, preparando a los jóvenes para contribuir positivamente a la sociedad.

La implementación de estrategias para fomentar la paz y tolerancia no tiene una edad específica, pero la infancia temprana es un periodo crítico. Durante estos años formativos, los niños están más receptivos a la influencia educativa y tienen una capacidad única para absorber valores fundamentales. Sin embargo, es importante mantener un enfoque continuo a lo largo de toda la educación, adaptando las estrategias a medida que los estudiantes avanzan en su desarrollo.

Todos tenemos nuestro papel en el desarrollo de estos valores entre nuestros niños, entre nuestros alumnos. Y es un trabajo que se debe de hacer entre todos, no solo profesores o padres, sino también la sociedad, con la ayuda del gobierno y de las autoridades.

Ana Lacasa es licenciada en Filología Hispánica, en Periodismo y profesora de Lengua Española y Literatura 

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