Educando desde la accesibilidad

Un aula accesible a personas con discapacidad es aquella que garantiza la participación plena y efectiva de todos los estudiantes, independientemente de sus condiciones físicas, sensoriales, cognitivas o emocionales. Para ello, se deben tener en cuenta los siguientes aspectos, como que el diseño del espacio físico debe facilitar la movilidad, la seguridad y el confort de las personas con discapacidad.

Por ejemplo, se deben evitar barreras arquitectónicas, contar con rampas, puertas amplias, iluminación adecuada, señalización clara, etc. Los recursos didácticos deben adaptarse a las necesidades y preferencias de cada estudiante, ofreciendo múltiples formas de presentar la información, de interactuar con el contenido y de demostrar el aprendizaje.

¿Cómo esto último?, pues se pueden utilizar materiales en formatos accesibles (braille, audio, subtítulos, etc.), medios digitales, recursos multisensoriales, etc. Con carácter general, la metodología docente debe fomentar la inclusión, la diversidad y la colaboración entre los estudiantes, respetando sus ritmos, estilos y capacidades de aprendizaje. Así, se pueden emplear estrategias como el aprendizaje cooperativo, la diferenciación, la evaluación formativa o el feedback constructivo.

Muy importante es la actitud del profesorado y del resto de la comunidad educativa, que en toda ocasión debe ser positiva, empática y sensible hacia las personas con discapacidad, reconociendo sus potencialidades y apoyando su desarrollo integral. Por ejemplo, se deben evitar prejuicios, estereotipos o discriminaciones, promover la participación activa y la autonomía de los estudiantes, fomentar la comunicación y el respeto mutuo.

Por la inclusión en la práctica

Una de las últimas experiencias en este ámbito ha tenido lugar en Canarias. Profesorado y alumnado de 18 centros de todas las islas, que trabajan acciones contra la discriminación por discapacidad en sus aulas en el marco del proyecto socioeducativo ‘Más Pro Quo: Aulas por la inclusión’ de la Dirección General de Innovación de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias, han celebrado diferentes jornadas de iniciación para conocer el proyecto y trabajar dinámicas que mejoren la calidad de vida e inclusión de las personas con discapacidad.

La primera tuvo lugar en el IES Ana Luisa de Benítez de Las Palmas de Gran Canaria, y reunió a 180 alumnos y alumnas de los centros de Secundaria Guillermina Brito, Pérez Galdós, Lomo de La Herradura, Carrizal y Valsequillo, para trabajar diferentes dinámicas que los acercaron a la realidad de las personas con discapacidad, como andar con ayuda de muletas, sin ver o en silla de ruedas.

La segunda tuvo lugar en Tenerife, y participaron los IES El Médano y Punta Larga, que se reunieron en este último. Y al día siguiente, la cita fue en Lanzarote, donde los promotores del CEO Playa Blanca y EA Pancho Lasso, se encontraron en el IES Tinajo.

Además de participar en estas jornadas de iniciación, los centros están elaborando las propuestas que vincularán a ‘Más Pro Quo’ y desarrollarán en los próximos meses de manera individual o colaborativa entre ellos, con el alumnado en sus propias aulas.

Cada profesor participante hubo de adaptar el currículo de sus materias o módulos que desarrollan habitualmente en el aula, para incluir acciones que favorezcan la integración de las personas con alguna discapacidad. Los proyectos a desarrollar podían ser de tipo tecnológico, audiovisual, social o de accesibilidad.

La inclusión es cosa de todos

La inclusión educativa es un proceso que busca garantizar el derecho a una educación de calidad para todos los estudiantes, sin importar sus características personales, sociales, culturales o económicas. Implica reconocer y valorar la diversidad como una oportunidad de aprendizaje y desarrollo, así como eliminar las barreras que impiden el acceso, la participación y el éxito escolar de algunos grupos o individuos.

Se basa en los principios de equidad, justicia, solidaridad y respeto a los derechos humanos, y requiere de la colaboración de toda la comunidad educativa para crear entornos de aprendizaje inclusivos, flexibles y adaptados a las necesidades e intereses de cada estudiante.

Es en esta liga donde juega la educación especial, una modalidad educativa que se ocupa de atender las necesidades específicas de las personas con discapacidad, ya sea intelectual, motriz, sensorial o de otro tipo, cuyo objetivo es optimizar el desarrollo y el aprendizaje de estas personas, ofreciéndoles apoyos y recursos adecuados a sus características e intereses.

Nadie pone ya en duda que la educación especial es una disciplina científica dentro del campo de las Ciencias de la Educación, que se nutre de otras disciplinas como la psicología, la pedagogía, la sociología o la medicina. Además, la educación especial ha evolucionado desde una perspectiva segregadora a una inclusiva, que busca la integración de las personas con discapacidad en el sistema educativo general y en la sociedad.

La educación especial ofrece una serie de servicios que buscan mejorar el aprendizaje y la evolución de los estudiantes con discapacidad, tales como: servicios de audiología, orientación, salud, médicos, asistencia social, terapia ocupacional, transporte, asesoría y capacitación para padres, entre otros. Estos servicios se prestan de forma gratuita y adaptada a las necesidades de cada estudiante.

Este tipo de educación también se enmarca en el concepto de educación inclusiva, que es el proceso que ayuda a superar los obstáculos que limitan la presencia, la participación y los logros de los estudiantes, así como el proceso de fortalecimiento de la capacidad del sistema educativo. La educación inclusiva implica un compromiso con la diversidad y con el respeto a los derechos humanos.

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