Educar en la sostenibilidad

Todos los seres, especialmente los vivos, necesitan tener garantizadas las condiciones que les aseguren la subsistencia y el desarrollo de las potencialidades que esconden en su interior. Por eso, la Escuela Católica plantea la sostenibilidad como un ideal no solo del desarrollo, sino de los ecosistemas, de cada ser vivo y de la Tierra.

La sostenibilidad es toda acción destinada a mantener las condiciones energéticas, informacionales y físico-químicas que sostienen a todos los seres vivos, especialmente a la Tierra viva, a la comunidad de la vida y a la vida humana., buscando su continuidad y además atendiendo las necesidades de la generación presente y de las futuras, de tal forma que el capital natural se mantenga, y se enriquezca su capacidad de regeneración, reproducción y coevolución.

Cada ser humano necesita tener una vida sostenible, es decir, que a través de su esfuerzo y trabajo poder atender a sus necesidades y a las de su familia.

La sostenibilidad representa para la escuela un desafío importante porque representa la tendencia de los ecosistemas al equilibrio dinámico, a la cooperación y a la coevolución, y posibilita las interdependencias entre todos, garantizando la inclusión de cada ser, también de los más débiles.

A partir de ese equilibrio ser humano – naturaleza, se puede decir que el desarrollo sostenible es el que tiene en cuenta nuestros requerimientos sin sacrificar la naturaleza ni comprometer el futuro de nuestros descendientes.

Podemos decir que una sociedad es sostenible cuando logra atender las varias necesidades humanas, preservando los bienes y servicios naturales con su capacidad de reposición, de regeneración y de coevolución, y además garantizando las condiciones para que las generaciones futuras puedan heredar una tierra que sea verdaderamente Casa Común.

Lo ideal es que la escuela eduque para un modo sostenible de vida que sea bueno para nosotros y para toda la cadena de la vida, desde los microorganismos, pasando por los vegetales y animales, hasta los más complejos, que somos nosotros los seres humanos.

Por Óscar A. Pérez Sayago, secretario general de la CIEC.

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