Educar para la convivencia

Educar para la convivencia

Convivir con alguien también significa imaginar y construir un futuro feliz con el otro. La convivencia, de hecho, se hace eco del deseo de comunión que habita en el corazón de todo ser humano, gracias al cual todos pueden hablar entre sí, intercambiar proyectos y perfilar juntos un futuro.

Papa Francisco

Si nos percatamos bien, nosotros no existimos, co-existimos; no vivimos, sino con-vivimos. Somos por esencia seres sociales y comunitarios. Convivir implica acoger al otro como diferente, con sus luces y sus sombras. La convivencia supone que más allá de las diferencias podamos descubrir puntos en común. Solo entonces podremos convivir con las diferencias y no a pesar de ellas.

No solo somos hijos e hijas de la Madre Tierra. Somos la parte de la Tierra en la que surgieron la sensibilidad, el pensamiento, el cuidado y el amor. No existimos sin la naturaleza, de la cual somos parte. Por ello, es importante convivir con los ecosistemas, con el desierto, con las montañas, con el sol y la lluvia, con los animales y con las plantas, pues juntos formamos la gran comunidad de vida.

En los últimos siglos hemos vivido de espaldas a la naturaleza o agrediéndola, cuando deberíamos sentir que somos eslabones de una inmensa cadena de seres y de vidas. Aprender a convivir con los ecosistemas y habitar la Tierra sin devastarla, junto con todos sus seres, es un imperativo importante. De lo contrario, no encontraremos las salidas adecuadas a la crisis ecológica del calentamiento del planeta que ya estamos padeciendo, y jamás podremos evitar la erosión creciente de la diversidad.

Por Óscar A. Pérez Sayago, secretario general de la CIEC.

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