Educar para la vida: un reto de la escuela del siglo XXI

Educar para la vida

Educar para la vida es educar en el ser, en el sentir, en el hacer. Como dice Mar Romera, “La Escuela del Siglo XXI es la Escuela del ser y no la del saber”. Y … ¿qué supone esta concepción? supone un entrenamiento del “yo emocional y social” desde pequeños a través de las vivencias y la experimentación, estando en constante interacción con el medio que nos rodea. Por ello, el sistema que rodeamos al niño y al adolescente a primer nivel, esto es, familia y escuela, tenemos que guiarles y acompañarles en el día a día, en sus éxitos y en sus fracasos. Éxitos y fracasos que forman parte del aprendizaje y del entrenamiento para la vida y que van a ayudarle a construir su identidad propia, su “yo personal”, y en consecuencia, su “yo social”.

Este entrenamiento es multidimensional. Por un lado, entrenar en habilidades socioemocionales, como la empatía, el autoconocimiento, la autoestima, la seguridad en uno mismo, la tolerancia a la frustración, la capacidad de adaptación, la resiliencia, ser capaces de asumir el fracaso…y en habilidades comunicativas para saber cómo transmitir lo que pensamos y lo que sentimos, a través de la escucha activa, los mensajes yo y la asertividad.

Por otro lado, en estimular habilidades neuropsicológicas como el desarrollo de la atención y de las funciones ejecutivas que son las que nos permiten el autocontrol, el parar y pensar antes de actuar, controlar la impulsividad, nos permite planificar y buscar soluciones…

Pero también es educar en valores. Valores universales como el respeto a los demás y a uno mismo, la tolerancia, en asumir la responsabilidad, en ser amables, en compañerismo, el espíritu de equipo, ser sinceros, optimistas, cuidar del medio ambiente.

De tal forma que al final estas habilidades dan herramientas al niño y al adolescente para formar un engranaje que le lleve al desarrollo de un pensamiento crítico, un pensamiento que  se desarrolla según vamos creciendo y que es el que nos permite adaptarnos y funcionar en la vida. Nos permite ser flexibles, curiosos, nos da la capacidad de analizar, razonar, cuestionar, reflexionar, tomar decisiones. En definitiva, nos permite construir nuestra propia identidad sin dejarnos influenciar, con opinión propia y avanzar como especie y como sociedad.

Nuestra aspiración, como educadores y padres debe ser formar personas seguras de sí mismas, capaces de elegir libre y responsablemente su propio camino y con las herramientas necesarias para recorrerlo de manera satisfactoria.

Y… ¿Cómo conseguir “Educar para la vida” cada día en el aula?

En el entorno escolar deben existir los recursos y la planificación que permitan al docente ofrecer una educación personalizada que para observar y acompañar, al alumno y a sus familias en su proceso de desarrollo emocional, social, cognitivo y físico.

Porque la herramienta principal para lograr Educar para la Vida somos los docentes y los no docentes y la conexión familia-colegio. Los referentes somos nosotros, ellos van a aprender con lo que ven y lo que hacen; no tanto con la palabra o con lo que decimos. Si nosotros colegio y familia como parte del sistema del niño, desarrollamos esas habilidades, generamos conocimiento, generamos habilidades para la vida.

Por eso, es fundamental entender el desarrollo del niño, respetar sus ritmos, sus tipos de aprendizaje, adaptarnos a sus necesidades desde la comprensión, desde la empatía, desde la tranquilidad, sin juzgar, con una mirada amplia.

Abramos nuestros corazones, nuestra mirada y trabajemos juntos para ayudar a formar a los que serán nuestra sociedad del mañana: Eduquemos conscientemente para la vida.

Por Marta Lli, directora del Departamento de Psicología y Orientación Escolar del Colegio Alarcón

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