Educomunicación y libros, mejores vacunas contra la desinformación

La desinformación supone un grave problema, no solo para los jóvenes, sino también para la democracia. Los medios sociales han sustituido, especialmente entre los jóvenes, a los medios de comunicación tradicional. Este consumo acrítico y abúlico de todo tipo de contenidos y sin filtros provoca en la sociedad en general una infoxicación constante y un aturdimiento que aleja a los jóvenes, cada vez más, del debate público y les hace presa fácil de la manipulación política.

Sin embargo, no podemos cargar la culpa contra las que realmente son las víctimas sin ser críticos con la profesión periodística, pues conviene indagar en las causas que han provocado que los jóvenes se hayan alejado de los medios de comunicación tradicional, y nos podemos preguntar también si están los adultos más formados y preparados en relación a la información y los medios. Pues muchos adultos, incluidos profesores, no cogen un libro ni para calzar una mesa y son los primeros que leen, consumen y difunden cualquier cosa a través de esas mismas redes sociales.

Sí que es cierto que en las generaciones más mayores aún persiste, aunque solo sea como un hábito adquirido, leer las noticias en la prensa tradicional (sea en papel o en digital), escuchar las noticias en la radio o ver el telediario. Es probable, cuando no determinante, que eso ayuda a que no nos cuelen más fake news de las que una sociedad democrática y madura podría soportar y digerir.

Otra cuestión que hemos de analizar, y seguir, es si se están tomando medidas institucionalmente, así como en los colegios para combatir este fenómeno. Ante eso solo puedo apuntar que institucionalmente, poco o nada; y entre los colegios, sí, pero a medias. Se toman, más bien a nivel particular entre algunos colegios y voluntariosos profesores, que son plenamente conscientes de la devastación mental que provoca el consumo excesivo de las “pantallas». Algunos colegios están tomando justamente el camino contrario a la digitalización para recuperar el poder del conocimiento «offline», con muy buenos resultados, por cierto.

Sin embargo, si nos fijamos bien, esos colegios y profesores concienciados se diría que van contra corriente, ya que en las leyes y medidas que se impulsan desde la administración vemos como cada vez se apuesta más por la digitalización en detrimento de la lectura y las Humanidades.

Descrito el panorama, o más bien páramo, general, hay que preguntarse cómo se puede ayudar a los niños a discriminar mejor la veracidad de lo que leen en un tiempo de ventanas múltiples sistemáticamente abiertas, redes sociales e influencers tratando de marcar el camino.

Pues ya lo he dicho, en esencia, fomentando la lectura, ya que, como dijo Santa Teresa, “lee y conducirás, no leas y serás conducido”; pero también trabajando desde primaria en la alfabetización mediática para que hagan un uso responsable y crítico de los medios.

La educomunicación se viene estudiando desde hace más de cincuenta años y nos viene advirtiendo de la necesidad de educar en y con los medios, sin embargo y pese a su importancia, su presencia es testimonial en las aulas. Se ve que a los encargados de legislar no les interesa tener una ciudadanía bien formada e informada.

Por supuesto que los medios de comunicación tradicionales, además, no solo tienen parte de responsabilidad, sino que están llamados a esforzarse aún más por atraer a la audiencia más joven. El fenómeno de Ibai Llanos es un buen ejemplo de cómo estas nuevas formas de comunicación se están comiendo la tostada de la influencia social del viejo periodismo.

Creo que la prensa tradicional debería recuperar su protagonismo y apostar, como algunos periódicos ya hicieron en su momento y con éxito, por programas de prensa escuela, elaboración de productos más asequibles y atractivos para los jóvenes y ganar la complicidad de los profesores y los centros educativos.

Víctor Núñez Fernández, director de ÉXITO EDUCATIVO y profesor universitario

Víctor Núñez
Author: Víctor Núñez

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