El 52% de jóvenes que ejercen violencia filio-parental han sufrido acoso escolar

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Las prácticas parentales influyen en la implicación de los hijos en ciberacoso

Detrás de las agresiones de hijos a sus padres se encuentran varias causas, una de las cuales tiene que ver con el acoso escolar padecido por el agresor hacia sus progenitores. Al menos en más de la mitad de los casos. Así lo desvela un estudio elaborado por Recurra Ginso, gabinete que dirige el psicólogo Javier Urra.

En el marco de la campaña “Una mente sana empieza en la infancia”, los expertos han analizado y recopilado los principales aprendizajes sobre la violencia que ejercen hijos menores de edad hacia sus padres. Uno de los principales resultados extraídos es que más de la mitad de los casos de violencia filio-parental tratados en este centro terapéutico tenían en común la presencia del acoso escolar, siendo este uno de los detonantes del comportamiento agresivo en casa hacia la figura de autoridad parental.

Por otro lado, la edad a la que se comienza a detectar indicios de esta problemática es a los cinco años, otro dato relevante que pone de manifiesto este gabinete, cuyo director clínico, Javier Urra, fue el primer Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, y profesor de Psicología del Centro de Enseñanza Superior Cardenal Cisneros, adscrito a la Universidad Complutense, y uno de los referentes académicos en la preparación de especialista en esta disciplina

Existe violencia filio-parental (VFP) cuando se registra violencia física o verbal continuada de hijos hacia padres o hacia los adultos que ejercen de progenitores. Según los expertos, las fases más habituales de este conflicto son: muestras de desprecio hacia los padres, violencia verbal, violencia emocional, daño a los objetos, amenazas, rechazo a ir a la escuela y finalmente, y según en qué casos, agresión física.

“En la mayoría de los casos que hemos tratado los adolescentes ejercen violencia (verbal, material, económica, psicológica y física) avanzando en la escalada frente a la ausencia de límites claros por parte de los adultos responsables. Estas conductas violentas permanecen en la intimidad del hogar y comienzan a ser conocidas por otras personas (familia extensa, vecinos, profesores…) cuando aparece la violencia física y esta es denunciada”, explica Javier Urra.

En los últimos diez años, los expertos de este gabinete han tratado un total de 1.808 casos de violencia filio-parental, lo que les ha permitido extraer conclusiones y aprendizajes comunes. En el caso de las niñas tratadas por esta problemática, se ha observado que utilizan más a menudo la violencia emocional. Este tipo de violencia, según los expertos, puede llegar a ser devastadora ya que daña la estructura familiar, de pareja y relacional, también con los hermanos.

Relación entre violencia filio-parental y acoso escolar

Tras analizar los numerosos casos de violencia filio-parental tratados en RECURRA GINSO, se ha podido conocer que el 52% de los jóvenes residentes en el centro terapéutico del programa ingresados por conflictos de violencia con sus padres confirman haber tenido problemas de acoso escolar.

Esto lleva a los expertos a concluir que el desplazamiento de la frustración y la impotencia hacia el agresor, desemboca en muchos casos en violencia filio-parental. Por otro lado, que los propios padres no sean conscientes de que su hijo o hija está siendo víctima de acoso escolar es un hecho bastante habitual. Esto se explica por el ‘silencio’ que rodea al acoso escolar en muchos casos, tanto por parte de los que son víctimas del acoso como por parte de los que lo ejercen, haciendo más complicada su detección.

No poner límites y sobreproteger a los niños, entre las principales causas de la violencia hacia los padres

Entre las causas más comunes detectadas por los expertos para la aparición de la violencia filio-parental, se detectan: no poner límites y sobreproteger, sentimiento de culpabilidad en los progenitores, problemas en la vinculación con los hijos, consumo de alcohol y otras drogas, así como psicopatologías.

Con respecto a la edad de inicio, esta suele ser muy temprana, situándose en los cinco años de edad. Con el tiempo, la problemática va creciendo y desarrollándose hasta los 15 o 16 años, cuando los problemas desbordan la capacidad de contención de los padres.

La violencia filio-parental no es solo una problemática que afecta a la familia en el momento en el que ocurre, sino que esta puede llegar a desembocar en violencia de género. «Este tipo de violencia que se ejerce en edades tempranas en el seno familiar puede provocar problemas en el futuro ya que quien maltrata a su madre, se habitúa a ser un tirano y es posible que también ejerza la violencia el día de mañana con su pareja”, advierte Javier Urra.

Conductas a evitar por parte de los padres

Según los expertos, cuando se detectan indicios de violencia de hijos a padres, aunque sea en edades tempranas, es fundamental que estos no miren hacia otro lado ni piensen que la situación mejorará de forma espontánea. Los padres deben ser constantes, evitar enfrentarse directamente a los hijos y, por el contrario, deben recurrir a profesionales y pedir ayuda cuando sea necesario.

“Entendemos que son situaciones extremadamente dolorosas y complicadas para una familia, pero cuando existe la problemática deben pedir ayuda a expertos, mantenerse positivos, implicarse, aceptar críticas, aprender y transmitir a sus hijos que los quieren a pesar de todo”, recalca Javier Urra.

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