El ciberodio creció entre alumnos de Primaria durante el confinamiento

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El impacto del confinamiento debido a la COVID-19 en los estudiantes de Primaria fue significativo y multifacético, empezando por la interrupción del aprendizaje presencial, consecuencia del cierre temporal de escuelas como medida para frenar la propagación del virus.

En este marco, los estudiantes tuvieron que ajustarse rápidamente a modelos de aprendizaje en línea o a distancia, utilizando plataformas digitales y recursos en línea. Algunos estudiantes enfrentaron desafíos para acceder a dispositivos electrónicos o a una conexión a Internet confiable, lo que exacerbó las desigualdades educativas. Los padres tuvieron que asumir un papel más activo en la educación de sus hijos, proporcionando apoyo en el aprendizaje en casa.

Pero uno de los aspectos más delicados de aquella situación fue la falta de interacción con compañeros y maestros, así como la interrupción de las rutinas escolares, que tuvieron un impacto en el bienestar emocional de los estudiantes. Esa falta de interacción social en el entorno escolar planteó preocupaciones sobre el desarrollo social y emocional de los estudiantes.

Este es el contexto del estudio ‘Confinamiento, ciberodio y factor protector de las competencias socioemocionales y morales en Educación Primaria’, publicado en el número 77 de la revista científica Comunicar, de la mano de los investigadores Vicente-J. Llorent, de la Universidad de Córdoba (España); Carolina Seade-Mejía, de la Universidad Nacional de Educación, Cañar (Ecuador), y Ximena Vélez-Calvo, de la Universidad del Azuay, Cuenca (Ecuador).

Su trabajo se originó para conocer la relación de las competencias socioemocionales y ciberconductas antisociales, donde el ciberodio es de las más incipientes y preocupantes. Los resultados longitudinales de la investigación han evidenciado un “aumento del ciberodio” tras cinco meses de confinamiento entre los alumnos de Educación Primaria.

La hipótesis de partida ha quedado validada: Internet y específicamente las redes sociales son un escenario donde la población se encuentra con discursos de odio.

Durante el confinamiento, se explica en sus conclusiones, el uso de Internet se disparó en niveles nunca alcanzados. En línea con investigaciones anteriores, se ha podido constatar que, durante el confinamiento, aumentó el ciberodio, tanto en agresión como en promoción.

De acuerdo con este estudio, tanto el ciberodio como sus dimensiones agresión y promoción se pueden predecir tras cinco meses de confinamiento por ser varón, pertenecer al curso superior, por asistir a un centro público y por las bajas puntuaciones en las competencias socioemocionales y morales, concretamente en las emociones morales.

Los efectos del confinamiento “han dejado claro la importancia de las relaciones sociales cara a cara y posiblemente la importancia de la escuela en el desarrollo de las competencias emocionales y morales”, subrayan los investigadores.

El varón, mas activo que la mujer

Los varones parecen ser más propensos a participar en el ciberodio más que las mujeres, como ya ocurre en otras conductas y ciberconductas antisociales. Los investigadores advierten, a la luz de estos datos, “la necesidad de una formación escolar que atienda a estas diferencias por sexo y faciliten la prevención y la intervención educativa”.

Del estudio se desprende que el alumnado del curso superior, de los dos grupos que participaron en esta investigación, fomenta más el ciberodio que el curso inferior. “Tiene lógica que los alumnos mayores con más acceso a dispositivos y con más capacidad de manejo de las TIC suponga una diferencia significativa en el ciberodio”, indican.

A su vez, este hallazgo está en línea con estudios sobre el desarrollo de las conductas antisociales que evidencian su aumento desde la niñez hasta la adolescencia.

La escuela pública también es un ámbito donde el ciberodio tiene una mayor manifestación que en las escuelas privadas. Posiblemente, las condiciones socioeducativas y económicas más limitadas de las escuelas públicas en Ecuador, y en América Latina en general, respecto a las escuelas privadas pueden suponer un agravio en el desarrollo de la labor educativa, apuntan los profesores.

Así, detallan, “una población de comunidades educativas con una media de renta inferior en las escuelas públicas respecto a las privadas, y la mayor diversidad socioeconómica y étnico-cultural pueden explicar que haya más obstáculos educativos en la escuela pública”. A estas circunstancias, agregan, se puede añadir la “menor deseabilidad docente” de trabajar en los centros públicos.

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