El escudero y la vanguardia (II)

Gonzalo Fernández de Córdoba fue un genio militar, pues acabó con la guerra de choque, al dotar de mayor responsabilidad a la infantería y emplear la táctica de defensa-ataque. Por primera vez manejó de manera combinada la infantería, la caballería y la artillería aprovechándose del apoyo naval, y supo mover hábilmente a sus tropas y llevar al enemigo al terreno que había elegido como favorable.

De hecho, las innovaciones en el ejército llevadas a cabo por Fernández de Córdoba en el transcurso de las guerras de Italia desembocaron en el Tercio. Había terminado la Edad Media, la época de los castillos donde la caballería ejercía de reina de las batallas, ¡qué bien lo sabría don Quijote! En la era de los Estados nacionales el predominio vendría a recaer en la infantería, de ahí que se sustituyera el choque medieval por la táctica de defensa. ¡El valor reside en el término medio entre la cobardía y la temeridad!, arengaba el de la triste figura.

Una anécdota que muestra fehacientemente el talante de concordia del Gran Capitán es que, en 1497, después de que el papa Alejandro VI le concediera a Gonzalo la Rosa de Oro como distinción por defenderlo del asedio del puerto de Ostia, éste le pidió acto seguido el indulto del corsario vizcaíno Menaldo Guerri, un espía a las órdenes del rey de Francia. Una vez concedido el perdón, Menaldo dijo al cordobés: «Sólo un consuelo llevo que alivia de alguna manera mi contraria fortuna: ser vencido por vuestra Excelencia, que merece vencer a todo el mundo».

Con casi 62 años, en junio de 1515 Gonzalo recayó en un tipo de fiebre llamada “cuartanas”. A principios del mes siguiente dejó Loja y, casi por intuición, se dirigió a Granada. En otoño, enfermo en cama, fue informado del desastre papal frente a las tropas galas en Marignano, cerca de Milán. No obstante, el éxito de Carlos V en Pavía diez años después (1525) se fundamentaría en las reformas militares emprendidas bajo su criterio.
El 30 de noviembre de 1515 Gonzalo Fernández de Córdoba redactó el último testamento, introduciendo dos cambios: la incorporación en su identificación del rango de Gran Capitán, y el anhelo de ser enterrado en el monasterio granadino de San Jerónimo. Rubricó el documento el 1 de diciembre. En la siguiente jornada dejaba finalmente este mundo, rodeado de su segunda mujer, María Manrique de Lara, duquesa de Sessa, y de su hija, Elvira. Con 62 años, 3 meses y 1 día moría el hombre, nacía el mito. En su honor, el Tercio Primero de la Legión, radicado en Melilla, lleva su nombre.

Entre las cartas de condolencia, llegaron la del rey Fernando y la de Carlos de Hasburgo, abuelo y nieto, quienes lamentaban la pérdida. Curiosamente, el dueño de tantos reinos que, sin causa alguna, había mostrado con asiduidad un talante desconfiado hacia Gonzalo, fallecería sólo un mes después, el 23 de enero, en Madrigalejo (Cáceres). Dicen las malas lenguas que Fernando pereció debido a los brebajes ingeridos para tener descendencia con la joven Germana de Foix. La Península Ibérica cedía el cetro de los Trastámara a los Habsburgo.

Las hermanas Lara en Toledo.

En la vida y en la muerte, la misión del escudero es ejercer de sombra, resguardo de la luz, que prepara fastos, calla palabras o, entre las murallas, utiliza su esqueleto como baluarte para proteger y, a un tiempo que sujeta las riendas, abrir paso.

“Los puestos de mayor riesgo y fatiga son los puestos de mayor honor”. Esta máxima nos la recuerda a diario el marido de Laura, Eduardo Muñoz, mi cuñado, Guardia Civil en el presente y, anteriormente, Caballero Legionario Paracaidista. El consejo pertenece al punto 6 del Ideario Paracaidista, relativo a la voluntariedad. Compendio que también las Hermanas Lara analizamos en nuestras asignaturas del Máster en Seguridad, Defensa y Geoestrategia, en la UDIMA, como coordinadoras del aula de Trabajo Fin de Máster.
¡Cuánto se agradece en todo equipo el contar con personas voluntariosas! Ya sea en el ámbito de trabajo o en el contexto escolar. Y, volviendo a Gonzalo, ¿qué habría sido de este personaje sin la lectura y sin la escritura, sin el conocimiento de la historia y de las matemáticas? De las cartas que Gonzalo coordinaba desde el frente, de las cuentas y de alguna “chuleta” que sobrevuela, en el mejor de los sentidos, su grupo de espionaje hablaremos en la próxima entrega de “La tiza y la pantalla”.

Doctoras MARÍA LARA y LAURA LARA.
Profesoras de la UDIMA, Escritoras Premio Algaba y Académicas de la Academia de la Televisión.
Coordinadoras del grupo de investigación de la UDIMA «(GI-14/2) Espionaje en los siglos XVI-XIX. Experiencias de innovación educativa».

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