El futuro brillante de los simuladores formativos que no necesitan un hardware especial

En el artículo de la semana pasada hablamos de la gran expansión de los simuladores formativos, mezcla de hardware y software. Nos centramos en el tipo de simulador más tradicional, que incluye una parte de hardware muy importante, que imita (o en algunos casos) iguala aquella que va a encontrarse el aprendiz en la realidad. Es el caso de los clásicos simuladores de avión, barcos, máquinas de guerra, de obra civil o de grandes instalaciones.

Esta semana fijaremos nuestra atención en otro tipo de simuladores formativos que no precisan de ningún hardware específico, por lo que pueden utilizarse tranquilamente en ordenadores de propósito general, ya sean de mesa, portátiles o incluso tabletas. En algún caso determinado, puede haber simuladores formativos pensados para utilizar en dispositivos móviles.

Estos simuladores siguen beneficiándose de las ventajas de eliminación de riesgo, abaratamiento de costes de la formación, práctica de situaciones peligrosas o adquisición de experiencia sin problemas para los más noveles. Y aún con mayor motivo, porque el acceso a los simuladores resulta mucho más sencillo, y ni siquiera hay que desplazarse a ninguna instalación especial donde se ubican los simuladores de hardware.

Así pues, todo son buenas noticias. ¿Cuándo se utilizan este tipo de simuladores?

Asimilar procedimientos y protocolos

En los tiempos que corren, una gran cantidad de tareas están estandarizadas. Y cada vez más. Tanto en ámbitos médicos, con sus protocolos de actuación, como en espacios industriales, en terrenos administrativos o hasta en los restaurantes de comida rápida. La razón de que se uniformice y se deban seguir procedimientos es que de esta manera se garantiza un nivel adecuado de calidad en el servicio que se presta al usuario, paciente o cliente, según cada caso.

Estos protocolos en general suelen consistir en una serie de pautas de actuación ante determinadas situaciones:

  • ¿Cómo proceder cuando salta una alarma de presión en una caldera industrial? ¿Y cuando se alcanza determinada temperatura? ¿Y si hay un aumento de demanda de calor? ¿Y si hay un incendio?
  • ¿Qué tratamiento prescribir cuando un paciente presenta determinados síntomas? ¿Cuándo hay que hospitalizarlo y cuándo no es necesario? ¿A qué paciente debemos atender en primer lugar en caso de una urgencia con varios heridos? ¿Cuál es la mejor respuesta rápida que se ha de dar en cada caso? ¿Qué pasos hay que seguir y en qué orden?
  • ¿Cómo hay que tramitar los escritos de solicitud de los clientes? ¿Qué formulario hay que entregar y qué documentación es necesaria aportar? ¿Cuál es el procedimiento a seguir en caso de que se solicite una baja? ¿Cómo proceder cuando un cliente quiere cambiar de producto?
  • ¿Cómo se sirve la mejor hamburguesa del mercado? ¿Cómo se prepara el mejor sandwich líder de la restauración? ¿Cómo deben cobrarse en caja los artículos que bajan de precio en época de rebajas? ¿Cómo aplicar correctamente la última campaña de marketing que ha lanzado la marca?

En una sociedad y una economía poco desarrollada, este tipo de preguntas se han respondido típicamente mediante diálogos informales en el caso de que no estuvieran cubiertos por la formación estándar que han recibido los trabajadores. Después, cuando hay novedades importantes o es necesario actualizar la formación, esta pasa a ser formal, de carácter teórico. Pero un simulador formativo sencillo bien estructurado y correctamente diseñado supone una ayuda muy útil en estos casos.

Aprendizaje práctico de nivel superior

Así, no es de extrañar que simuladores de este tipo hayan proliferado últimamente en los departamentos de formación de todo tipo de instituciones públicas y privadas. Realmente son de aplicación casi en cualquier tipo de ocupación que se considere.

Y para tareas muy complejas o también para otras muy sencillas. Estamos hablando tanto de personal altamente especializado u operarios sin apenas cualificación. En todos los casos, lo que se busca es que la tarea a realizar se ejecute de la manera correcta.

Y es que un aprendizaje vivencial, donde podemos practicar y aprender de los errores, es mucho más efectivo que una formación únicamente teórica. Una formación puede facilitarse mediante herramientas tradicionales como manuales o textos impresos, o incluso utilizando medios más modernos y caros, como vídeos profesionales bien realizados. Pero nada es comparable a poner al aprendiz en situación y exponerle a la práctica directa. En este caso la formación tiene mucho mayor impacto, y alcanza un nivel superior.

Un simulador formativo permite practicar una y otra vez, hasta que se asimila el objetivo de aprendizaje, y se trabaja sin fallos y con rapidez, sin dudar. Esta es también otra de sus ventajas. Está permanentemente abierto, y se puede volver cuando se quiera a refrescar la formación. Podemos perfeccionar nuestro conocimiento, y nuestra competencia.

E incluso un simulador sirve también para evaluar la formación. No solamente mediante una prueba final al modo de un examen, sino también con una evaluación continua. El simulador puede ir acumulando el desempeño del aprendiz, y lo puede analizar. Esto, unido a tecnologías novedosas puede hacer que el aprendizaje sea más eficiente. Es el sueño del aprendizaje personalizado, que es posible mediante simuladores.

Por último, un simulador puede utilizarse como una herramienta de calificación. Realmente tiene más sentido que un examen tradicional. Al fin y al cabo, lo que se está midiendo es algo lo más parecido posible a lo que se va a encontrar el trabajador en la realidad.

Así pues, todo son ventajas.

Sencillez tecnológica en cualquier sector

Pues aún podemos añadir otra ventaja adicional, que además es importante. Nos referimos a que la creación de este tipo de simuladores no requiere de un gran despliegue tecnológico o de grandes medios e inversiones. Por supuesto, un simulador que se crea con una gran financiación y utilizando una mayor riqueza de medios resultará más vistoso, y seguramente eso incidirá en una mayor motivación por parte de los aprendices que lo utilicen. Pero no es esa precisamente la clave.

Lo que define el éxito de un simulador formativo es su diseño instruccional y la calidad de su guión. La tecnología es prácticamente lo de menos. Puede haber simuladores formativos desarrollados por grandes empresas de videojuegos con presupuestos millonarios y que no cumplan bien su papel, y otros que únicamente tienen una intefaz basada en texto plano que resulten estupendamente eficaces y eficientes.

Por eso merece la pena apostar por este tipo de herramientas. En el caso de que se tengan dudas, mi consejo es crear un instrumento sencillo pero bien hecho. En caso de que funcione bien siempre habrá tiempo para actualizarlo y darle mayor riqueza de medios.

Los perfiles más importantes que debe tener el equipo que crea este tipo de simuladores son dos: el experto que conoce la materia, y un buen diseñador instruccional que plasme ese conocimiento en un buen guión. Entre los dos deben hacer un buen equipo que se retroalimente. Los elementos gráficos, multimedia e interactivos son prescindibles.

Este tipo de simuladores que hemos visto hoy tienen una aplicación inmediata en Formación Profesional. No hace falta explicarlo mucho.

Pero, ¿y en el caso de la adquisición de competencias en Primaria o ESO? ¿Se podría plantear algo parecido?

Julián Alberto Martín

La tecnología, ¿mejora la educación?

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