El pensamiento crítico es la llave hacia su libertad

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Enseñar y educar a los adolescentes en el entorno mediático es un deber. Les dejamos de herencia una infodemia perversa, qué menos que explicarles cómo sobrevivir en la selva.

Pertenezco a grupos de WhatsApp en los que personas que se presumen cultas, estudiadas, con un nivel socio-económico medio y medio-alto (si es que esto último tiene algo que ver…) comparten auténticas salvajadas, noticias falsas que se estampan contra todo atisbo de sentido común. Quedo impactada semana tras semana preguntándome: “¿Ni siquiera han dudado si lo que reenvían es cierto?”

Me preocupa mucho cómo vamos a enseñar a los adolescentes a combatir este aluvión de mentiras y medias verdades, si como adultos no hacemos más que agravar el problema.

“Yo como no sé si es cierto o no, lo reenvío, por si acaso, por si ayudo a alguien”, esta frase que me dijo una chica de 16 años en clase resume a bocajarro lo que está pasando.

De manera urgente, además de enseñarles a verificar fuentes, además de proporcionarles webs en las que encontrar información fiable, además de darles las claves para identificar noticias falsas, necesitamos, a toda costa, poner a funcionar su sentido crítico. Que duden, investiguen, busquen… que sienta la satisfacción de destapar la mentira, de frenar los pies a quien quiere engañarles, manipularles o reírse de ellos.

Necesitan saber que detrás de todos estos mensajes hay una maquinaria programada por los intereses políticos y económicos de los más poderosos, tienen que saber cómo las fake news han conseguido ganar elecciones, cómo y por qué incitan al odio…, en definitiva, tienen que entender el esquema más básico y tenemos el deber de enseñárselo.

Sólo apelando al espíritu intrínseco rebelde de nuestros jóvenes conseguiremos salvarles. Démosles la oportunidad de mejorar a sus padres, a sus maestros, agitando su pensamiento, el mejor motor para luchar por la verdad.

Les educamos sabiendo que muchas de las herramientas que hoy les ofrecemos están a punto de caducar, han nacido y crecido en un mundo que cambia a una velocidad de vértigo: el imparable avance del Big Data, gigantes tecnológicos orquestando el mundo virtual, creadores y consumidores de contenidos mezclados en un mismo espacio y esto parece solo el comienzo.

Recordemos que es esta la generación más alejada de los medios de comunicación, que aún a sabiendas de sus sesgos ideológicos, nos han proporcionado siempre (o casi) información fiable y contrastada. ¿Cómo se informa la Generación Z? ¿Es un usuario anónimo, particular su fuente? ¿Lo es WhatsApp?

No sabemos dónde vamos y ni siquiera habiéndoles colocado en sus manos una ventana abierta a todo este complejo universo, le dedicamos un puñado de horas a esta lección, a explicarles en qué y en quién está asentada la nube digital.

Docentes y familias, ábranles los ojos los ojos, explíquenles que detrás de esa red social que les emboba las horas trabajan algunas de las mentes más brillantes del planeta con un objetivo: que sigan hipnotizados y rentabilizados.

Adviértanles de que esas noticias falsas son pequeñas migas de pan para modelar su pensamiento, sus sentimientos y llevarles dónde otros quieren. Pueden rechazar esa piel de borrego y ser ciudadanos críticos, que sepan que solo la verdad les hace libres.

Por Verónica Gayá, Periodista y Fundadora de MIL (Media & Informational Literacy)

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