El rediseño de espacios educativos y la tecnología

Los procesos de enseñanza y aprendizaje pueden optimizarse si tienen lugar en los espacios más adecuados para ello. Esto es algo que dicta el sentido común, pero que hasta ahora no se había tenido en cuenta en la medida necesaria en el diseño de nuestras escuelas. En general, seguimos inmersos en lo que Mariano Fernández Enguita denomina como «aula-huevera», y que explica en un artículo en su blog: estudiantes colocados en pupitres inmóviles. Las aulas de siempre.

Frente a este modelo de aula propio de una sociedad industrial, que demandaba estudiantes «industrializados», está surgiendo un nuevo estilo de apropiación del espacio con una finalidad didáctica más acorde a los tiempos que corren y sus necesidades. Nuestro mundo es un espacio conectado, donde se trabaja en equipo, es más necesaria la creatividad y el encuentro con lo distinto. Las aulas, en consecuencia, deben cambiar.

Ahora bien, ¿cómo crear los espacios educativos que necesitan nuestros estudiantes para construirse como futuros profesionales y también como ciudadanos y personas del siglo XXI? Esta es la cuestión que hay que concretar.

El aula inteligente

Una de las primeras respuestas que se dio a esa pregunta, y también seguramente una de las más completas y maduras, fue la del Aula Inteligente, desarrollada en la tesis doctoral de Felipe Segovia del año 1998, dirigida por Jesús Beltrán, y que fue posteriormente publicada por Espasa Calpe. Felipe Segovia ha sido el alma de los Colegios SEK durante mucho tiempo, y su visión del aula inteligente se plasmó en ellos.

Resulta muy sorprendente acercarnos hoy a este planteamiento del siglo pasado, porque nos encontramos con algo totalmente actual. Nada más moderno que el aula inteligente. Pero, sobre todo, lo más importante es que encontraremos dos cosas:

  • Una muy profunda fundamentación teórica. Con todos los modelos de aprendizaje que sustentan esta propuesta.
  • Una muy rigurosa investigación empírica. Con resultados validados que apoyan la bondad objetiva de las aulas inteligentes.

Hoy en día, los colegios SEK se han configurado ya no tanto como un conjunto de «aulas inteligentes», sino como un colegio inteligente entero. Pero no son la única experiencia brilante que podemos encontrar. En Éxito Educativo ya hemos hablado antes de que es el momento de transformar los espacios educativos, y hemos mencionado por ejemplo al Estudio La Urdimbre, al que dedicamos una interesante información. Otro estudio de arquitectura interesante en esta línea es el de Paula Gómez Vela.

Espacios y tecnología

Pero, ¿qué tiene que ver la tecnología con el rediseño de espacios educativos? Pues mucho. Dentro de esta reconfiguración de las aulas es necesario tener en cuenta que los estudiantes de este mundo tecnológico deben utilizar medios tecnológicos para aprender. Es más: la tecnología no es un recurso más entre otros, sino que debe tener un papel protagonista. Y eso se debe notar en la reconfiguración de los espacios en el aula.

Es algo que por ejemplo se ha tenido muy en cuenta en Reinvent The Classroom (RTC), un proyecto impulsado por HP. El concepto de «aulas de informática» también se ha quedado anticuado. No deben ser los estudiantes los que se desplacen a un lugar poblado de ordenadores, que además se sitúan también como en una fábrica, sino que los recursos tecnológicos deben estar a disposición de los estudiantes para cuando éstos los necesiten, y de la mejor manera posible.

En las aulas RTC los espacios se especializan en distintas funciones, como puede verse en la imagen que acompaña estas líneas. Hay zonas para grupos grandes, de asamblea o de liderazgo, que necesitan una pizarra digital; otras para el trabajo individual, donde tiene sentido el modelo de un ordenador por cada estudiante, otras para los proyectos por equipos pequeños, donde varios estudiantes pueden compartir un ordenador, etc. Además hay flexibilidad para adoptar distintas configuraciones según cada momento del proceso de enseñanza y aprendizaje. Todo tiene sentido.

Estas nuevas aulas que hemos visto suponen claramente una mejora, y deberían convertirse por tanto no ya en el futuro de nuestros centros educativos, sino en su presente. Apostamos por ello.

Julián Alberto Martín

La tecnología, ¿mejora la educación?

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