El significado de la palabra

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En el momento que escribo estas líneas celebramos el Día de la Lengua Española. No es poca cosa. San Jorge o Jordi, y en algunas comunidades se regalarán libros y rosas como símbolo de amor o amistad. Es cosa bonita. Sin duda, todo lo que sea celebrar o regalar palabras, en forma de libros, es algo que enriquece a una sociedad. No hay sociedad más libre que aquella que puede acceder a todo tipo de conocimiento variado para poder uno configurar su propio pensamiento. Leía una tira de Quino en estos días, en la que Mafalda le decía a Miguelito: “Qué importante es leer para que no piensen por tí”. Tal cual. La lectura también es placer, claro. Pero cuanto más se lee, más se siente la necesidad de leer y, lo que es mejor, al cabo del tiempo se lee de todo.

Me parece pertinente hacer un pequeño homenaje a nuestra lengua y a la lectura en mi artículo de hoy. Es por ello por lo que he elegido unas cuantas palabras, sin duda de actualidad, para poder manifestar mi opinión. Empecemos.

Académico

Es lógico que empiece por referirme a la RAE (Real Academia de la Lengua), ya saben, esa que “Limpia, fija y da esplendor”, como garante del buen uso de nuestro idioma y como responsable de, entre otras cosas, mantener vivo nuestro diccionario de español. Reales Academias hay muchas y atendiendo a muchas disciplinas: la de Historia, Medicina, Jurisprudencia y Legislación, Bellas Artes, etc. Las Reales Academias se fundaron entre los siglos XVIII y XIX con el objetivo de establecer normas y procedimientos propios de cada disciplina. Normalmente son académicos/as personajes de especial relevancia en su materia y que pueden arrojar luz, desde cada una de sus diferentes perspectivas, al campo de estudio.

Traigo a colación el término, porque sorprende que un argumento que se ha utilizado para defender el cambio del enfoque de la historia en el currículo de E.S.O. y Bachillerato y así justificar la supresión de una temporalización cronológica de los hechos históricos que nuestro alumnado debe abordar en esas etapas, es eliminar el “excesivo enfoque academicista” que tenía actualmente. Como si el término academicista arrastrara una connotación negativa necesaria de extirpar. Es sorprendente que haya quien se arrogue la capacidad de sentenciar, sin despeinarse, cuestiones como esa. Si bien es verdad que en ocasiones, “saltarse las normas academicistas” ha sido un ejemplo histórico de revolución de alguna disciplina, no podemos olvidarnos a los impresionistas franceses, precursores del arte contemporáneo, promoviendo una exposición propia frente a la que promocionaba la Academia francesa en el gran salón de París, sin embargo no parece que este sea el caso de lo propuesto en la LOMLOE. Da más la sensación de que la Sra. Ministra Alegría, y quizá no ella, utiliza este tipo de argucias verbales para acentuar el sentido de cambio de la ley. Siendo como uno es historiador, lamento estar en desacuerdo con la propuesta que se plantea en el currículo de esta materia.

La Historia, indefectiblemente, es la sucesión temporal de acontecimientos, si bien pueden sucederse en distintas épocas, cuestiones sociales o ideológicas, que pueden agruparse en ámbitos de conocimiento. Pero para llegar a esta conclusión, sesgada, puesto que es una interpretación subjetiva, se precisa de una madurez y un conocimiento global de la Historia que no es fácil que tengan alumnos de estas edades. Más aún, agrupar ámbitos de conocimiento sin atender a una evolución cronológica, va a crear una extraordinaria confusión en los esquemas mentales de muchos alumnos.

La cronología, la secuenciación de los hechos, normalmente tiene un sentido evolutivo que hace que sea más fácil de comprender de donde vienen las cosas. Se perderá. No digamos nada, acerca de la omisión de determinados acontecimientos, que más parece que tienen que ver con complejos absurdos o con motivos ideológicos, que poco aportan a que nuestros jóvenes lleguen a tener una percepción objetiva de nuestra historia.

Filosofía

Esa preciosa disciplina en la que nos enseñaban cuál había sido la evolución del pensamiento humano acerca de todos aquellos aspectos que nos inquietaban o nos atormentaban.  Bien es cierto que la tradición había llevado a que durante muchas de nuestras leyes educativas la Filosofía se hubiera quedado en Historia de la Filosofía, con más énfasis en el concepto de la Historia, que en lo que la Filosofía debería suponer para el ser humano. Por lo que se ve hemos decidido, desde hace tiempo, ser una sociedad que fomenta el estudio de lo que piensan otros, en vez de motivar a nuestros estudiantes a que piensen por ellos mismos. Ahora se ha decidido suprimir toda clase de sugerencia de pensamiento. Es mucho más cómodo.

Inclusividad

Nadie va a negar, y yo no voy a ser menos, que el término es precioso y que se convierte en un objetivo a lograr desde el punto de vista de cualquier sociedad moderna europea. Ahora bien, no sé si las Matemáticas son el canal adecuado para trabajar conceptos como este. Desarrollar el currículo de Matemáticas con una perspectiva socioafectiva no parece, ni lo más fácil, ni quizá lo más adecuado. Todo ello, claro, dejando de lado la impartición de algunos conceptos básicos para nuestros estudiantes. Estando de acuerdo en que algún contenido actual parece más indicado para alumnos que posteriormente van a cursar alguna ingeniería, Física o alguna otra carrera universitaria en que puedan llegar a ser necesarios;  sin embargo conocer bien la regla de tres, los números romanos o lo que es un mínimo común denominador, parece que son conceptos asimilables a estas edades y necesarios en muchos aspectos de la vida de esos futuros ciudadanos.

Equidad. Desde hace siglos el ser humano ha luchado por lograr la equidad. Igualdad de oportunidades entre clases sociales, razas, sexos, incluso especies, han sido un denominador común de las sociedades de los últimos tres siglos. Algunas lo han logrado en mayor medida que otras. Qué duda cabe que las sociedades occidentales, en especial la europea, han sido en esto un ejemplo de logro obtenido, desgraciadamente, costando “sangre, sudor y lágrimas”. La de millones de sus ciudadanos. En las últimas décadas, se ha ahondado en este particular, creando sistemas educativos de carácter universal que permitían que todos nuestros ciudadanos accedieran a un marco de derechos o laboral en una situación de casi igualdad de condiciones. Bien es cierto que aspectos relacionados con el origen socio-económico o el entorno familiar, influyen de forma significativa en el devenir académico de nuestros alumnos. Nadie duda de que es necesario profundizar y mejorar este aspecto, pero no parece que el currículo de física y química vaya a ser el más adecuado para canalizar esta preocupación. Más aún, para solucionarla.

Estereotipo. Ahora también lo llaman postureo. Y por postureo me refiero al uso y abuso de conceptos y términos, a veces rallando lo ridículo, que sirven para enfatizar tus planteamientos, en este caso ideológicos.

Me cuesta trabajo entender como esta ley, otra de esas oportunidades perdidas, que tiene aspectos muy positivos, sobre todo aquellos que hacen referencia a los planteamientos metodológicos, evaluación, una mayor libertad de definir currículo desde cada centro educativo, se vaya a echar por tierra al incluir algunas cuestiones puramente ideológicas, que poco tienen que ver con un planteamiento realista de currículo educativo y que, además, no son más que “munición” y argumentos para que en cuanto este gobierno desaparezca, la ley muera y volvamos a una regresión en algunas cuestiones que sí suponían un avance.

Vamos a por la siguiente…

Jaime García Crespo, CEO de Educación y Sistemas

 

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