El Storytelling y el pensamiento crítico

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Photo by Mathew Schwartz on Unsplash

Se levanta uno un lunes por la mañana y se encuentra de sopetón con una multiplicidad de situaciones y emociones que difícilmente se pueden controlar. Pero es lo que hay. Este lunes ha sido especialmente prolijo en todo ello.

Desde hace tiempo vengo siguiendo la serie Borgen” que, para quien no sepa de que hablo, es una serie danesa ambientada en el mundo político y sus entretelas, y “Borgen” es el término coloquial con el que se conoce al palacio de Christiansborg, sede de los tres poderes del Estado y oficina del Primer Ministro. En esta serie de intriga política todo es posible y el papel que juegan en el manejo de los tiempos y el control de las situaciones los llamados Spin Doctor, es especialmente relevante. También es este un concepto que aprendí a raíz de ver la serie. Los Spin Doctor vienen a ser lo que para los nacidos en mi generación llamábamos “Pepito grillo” de turno adheridos a un político; Iván Redondo quizá sea el más conocido en nuestro país. Son, por cierto, personajes extraordinariamente sofisticados y que cobran sueldos de aúpa por desarrollar, entre otras cosas, una narración creíble para el electorado. Como señalábamos el papel de estos especialistas políticos consiste, básicamente, en interpretar la realidad presente y crear escenarios futuros y desplegar las estrategias necesarias para guiar y asesorar al líder en la toma de decisiones adecuadas. Bien es cierto que, habida cuenta de la situación en la que nos encontramos, este puede aderezarse con la elaboración de un universo paralelo, que bien narrado, puede llegar a ser “ad futurum” incluso el universo real.

Dicho de otra manera, esa narración surgida a partir del Storytelling y que es una argumentación que se debe trasladar a dos planos, por un lado al de resto de asesores (abogados del partido, acompañantes políticos, incluso alguno que otro dimitido que puedes recuperar con el tiempo, el destino hace extraños compañeros de viaje…o no tan extraños); y, por otro, a los pobres incautos que luego son los que deben elegir una u otra opción. Pues bien, esta narración es fundamental para cimentar ideas en tus seguidores. Si no las tienen muy definidas, ¿qué mejor que una buena ración de “lavado de cerebro” en forma de historia ficticia que hagan como suya a base de repeticiones más o menos constantes, y de una buena dosis de propaganda?

Recomiendo, llegados a este punto, la lectura del libro Storytelling la máquina de fabricar historias y formatear las mentes de  Christian Salmon, que no solo le hará comprender en toda su extensión el concepto que apunto en este artículo, sino que les abrirá los ojos a una situación, no solo sorprendente, sino también aterradora, que es la de comprender a través de un argumentario preciso y bien fundamentado cómo somos influidos y manipulados a diario. El título del libro lo dice todo. No pierdan la oportunidad de leerlo.

Pero, ¿cómo solucionamos este problema desde la escuela? ¿Es nuestra responsabilidad hacerlo? ¿Tenemos capacidad para, desde nuestra ínfima posición, poder alterar el signo de lo inevitable?

Nos lo ponen complicado, la verdad, porque la labor didáctica de un ente menor, la escuela, contra un aparato propagandístico amplificado, es “mucho arroz para tan poco pollo”. Sin embargo, no podemos cejar en nuestra responsabilidad, y es ahí donde un factor de conocimiento tan relevante como el pensamiento crítico, cobra especial importancia. Una de nuestras responsabilidades como escuela, como padres incluso diría yo, es fomentar ciudadanos críticos que sean capaces de analizar con cuidado las situaciones y desmenuzar ese Storytelling en el que se van a encontrar inmersos. No solo para discriminar situaciones políticas, sino también, y más importante aún, problemas vitales propios. Nuestros hijos deben saber “separar el grano de la paja” y discernir cuando están recibiendo mensajes interesados que pretenden manipularlos o, incluso, alterar sus percepciones e inducirlos a tomar decisiones contra su voluntad.

El pensamiento crítico, guste o no (y gusta poco), es lo que les diferenciará en el futuro de ser parte de una masa aborregada al servicio del poder fáctico de turno, ya sea este en la sociedad, empresa, familia o grupo de amistades, y lo que les permitirá configurar su personalidad libremente.

En este particular, la escuela, los padres, tenemos una responsabilidad en la que no podemos fallar. Errar en esto es un fracaso que les puede, y nos puede, llevar al más profundo de los abismos.

Feliz Día del Padre, y no olviden no cejar en sus responsabilidades.

Jaime García Crespo, CEO de Grupo Educación y Sistemas

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