El virus que quitó los sentidos

el mundo está cerrado

Una de los síntomas que aparecen a los días de haber contraído el virus COVID-19 en algunas personas es la pérdida del olfato y el gusto. Y así pasan semanas con la impresión de que están comiendo trozos de pared o piezas de la “cocinita Smoby” que un año les echaron por Reyes.

Pero vamos mucho más allá, también nos ha privado a todos del tacto. En una cultura latina como la nuestra, un abrazo, un beso es una muestra de respeto, es la forma de saludarnos y de mostrar el aprecio. Imaginaos los profesores de infantil y de primaria cómo están haciendo virguerías para poder animar, alentar y aprobar el aprendizaje de sus alumnos. Todo un reto.

Las mascarillas nos han robado la vista. Ahora vemos media cara de las personas. Y esto ha sido todo un aprendizaje en los colegios. Los profesores eran expertos en la lectura de las caras de sus alumnos y la boca era parte esencial de la expresión emocional e intelectual de las personas. Pero lo mismo les ha pasado a los alumnos con sus profesores, aunque uno me decía el otro día: “Ese profesor está todo el día sonriendo, aprendo mucho con él”. Y le pregunté: “Y cómo lo sabes”. Y me contestó: “por lo ojos y la voz, es que se le nota muchísimo”.

Las mamparas que se han instalado de manera correcta en los colegios y que han evitado muchos contagios junto a las mascarillas impiden escucharse muy bien en clase. Hay que repetir mucho, explicar todo mucho y esforzarse en la comunicación, porque no conseguimos que se oiga todo lo bien que antes ocurría. Afortunadamente la tecnología nos ha ayudado a mejorar esto en las aulas. Así pues, el oído ha sido tocado también por el virus.

Victor Frankl, superviviente al holocausto y autor de  “El hombre en busca de sentido”, decía que “no hay nada en el mundo que capacite tanto a una persona para sobreponerse a las dificultades externas y a las limitaciones internas, como la consciencia de tener una tarea en la vida”. Y así lo pienso con la escuela, con los colegios: “no hay nada que haya capacitado más a los colegios que la crisis del COVID-19, hemos podido ver cuál era la tarea en la que estaban embarcados: educación, servicios, aportación a la sociedad, ¿cuál es el propósito real?”.

En mi última aportación del 2020 quiero establecer mis propósitos y deseos para el 2021:

1.- Tener la vista de corto y de largo alcance: que los directivos no adolezcamos de presbicia (vista cansada) para ver las cosas de cerca y nadie pueda decirnos que desde arriba no se ven las cosas igual.  Pero a la vez no caer en la miopía de no ser capaces de ver todos lo que pasa en los centros con la equidistancia funcional y emocional que requiere la toma de decisiones.

2.- Tener el olfato de lo que pasa en el sector: el juego de los colegios no está ya en el terreno nacional, el mundo se ha globalizado y los jugadores son ya internacionales. Y esto hay pensarlo para dar oportunidades a los alumnos, profesores y directivos. También para el propio crecimiento de los colegios.

3.- Tener el gusto de la conexión con las familias y alumnos: existe una sana y difícil tensión en los colegios entre los que les gusta a las familias y alumnos y lo que pensamos que necesitan, que hay que seguir manteniendo. Pero ojo, la vida en las familias está cambiando mucho y eso va a tener un impacto más pronto que tarde en el modelo de aprendizaje, gestión, dirección y por ende en el modelo de negocio/gestión para la escuela privada, concertada y pública.

4.- Tener el tacto con las administraciones: el cambio legislativo no tiene por qué influir en la calidad de la enseñanza y aprendizaje. Hay que ser intrépidos, ya sabemos que ninguna ley va a poder estructurar lo fundamental de un colegio, ni tampoco va a echar abajo la esencia de los mismos. No hay que ser timoratos, ni suicidas.

5.- Tener la escucha necesaria a los grupos de interés:  la falta de escucha es un mal endémico en todos los sectores. Y en muchos casos la sentencia de muerte de muchas empresas. En los dos próximos trimestres hay que preguntar mucho a alumnos, familias, profesores y empleados, administraciones, proveedores, universidades, colaboradores, ong’s, etc. Ellos nos van a decir qué papel quieren jugar en la sociedad y qué papel quieren que juguemos en el nuevo contexto social y económico.

Aunque lo que más les deseo a todos es que disfruten de estos días en familia, en las cenas y comidas de poca gente en las que todos nos podemos comunicar. Y que la salud acompañe a nuestros alumnos, familias y personas que trabajan y colaboran con los colegios. Todo lo mejor y les deseo un 2021 cargado de proyectos.

Jaime Úbeda, director de Colegio San Patricio El Soto

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