¿Es la IA enemiga de la educación?

La inteligencia artificial (IA) no es enemiga de la educación en sí misma, pero su impacto en la educación depende de cómo se implementa y se utiliza. La IA tiene el potencial de ser una herramienta poderosa y beneficiosa en el ámbito educativo, pero también plantea desafíos y preocupaciones que deben abordarse de manera adecuada.

Describe muy bien la situación Enrique Escandón, director de Relaciones Institucionales y Comunicación de los Colegios 3A, cuando afirma que “el crecimiento vertiginoso que está sufriendo la Inteligencia Artificial, genera a la vez una brecha de oportunidad de crecimiento, por un lado, si se hace mediante un proyecto planificado y solvente, pero a la vez de riesgo, si nos lanzamos sólo por aquello de decir que somos un ‘cole’ innovador”.

Pueden considerarse ventajas de la IA en la educación eso a lo que aspira cualquier colegio, y aún más de un tiempo a esta parte, la personalización del aprendizaje. La IA puede adaptar el contenido y el ritmo de aprendizaje a las necesidades individuales de los estudiantes, lo que facilita una educación más efectiva y personalizada.

Sin duda, además, la IA puede ayudar a los educadores a reducir la carga de trabajo al automatizar tareas administrativas, como la corrección de exámenes y la gestión de registros. Una cuestión esta de la burocratización que tiene atenazados a nueva parte del profesorado.

Las herramientas de IA también pueden proporcionar retroalimentación instantánea a los estudiantes, lo que les permite mejorar su comprensión y desempeño de manera más eficiente, así como facilitar el acceso a una amplia gama de recursos educativos en línea, lo que amplía las oportunidades de aprendizaje. La secretaria de Estado de Digitalización e IA, Carme Artigas, recuerda que el chatgpt no deja de ser una herramienta a la que no hay que temer. “Ahora bien”, aclara, “es lo mismo que cuando tienes una calculadora científica, antes tienes que saber las integrales triples para hacer funcionar esa calculadora”.

Por eso, en todo foro donde le preguntan por ello, Artigas repite el mismo mantra: “el chatgpt es una herramienta muy útil” en este contexto porque si tú tienes cero conocimientos, chatgpt no te va a ayudar, porque no te puedes fiar, no tiene razonamiento”.

Otro tanto ocurre con la oportunidad que representa la IA como analizador de grandes conjuntos de datos para identificar patrones y tendencias en el rendimiento estudiantil, lo que puede ayudar a tomar decisiones informadas sobre la enseñanza y la mejora del currículo.

¿Qué la IA supone desafíos y preocupaciones? Eso no lo niegan ni quienes la amparan. Para sus detractores, va de suyo. En verdad, si se parte de un mal principio, el acceso a tecnologías de IA puede ser desigual, lo que plantea preocupaciones sobre la equidad en la educación. De igual modo, ojo con la recopilación de datos por parte de sistemas de IA, ya que pueden plantear preocupaciones sobre la privacidad y la seguridad de la información personal de los estudiantes. De ahí la importante de empezar bien para no acabar mal.

Otro revés sería la excesiva dependencia de la IA, que podría llevar a una reducción en la interacción humana en el aula, lo que podría afectar negativamente el desarrollo de habilidades sociales y emocionales, sin olvidar los siempre inquietantes algoritmos de IA que podrían contener sesgos inherentes, lo que potencial y eventualmente influirían en las decisiones y retroalimentación proporcionadas a los estudiantes.

También existe la preocupación de que la automatización a través de la IA pueda amenazar los puestos de trabajo de los educadores, aunque muchos argumentan que la IA puede ser una herramienta complementaria en lugar de un reemplazo. Como apunta el educador Julián Roa, “según yo lo veo, estamos en un punto de inflexión enorme. Por supuesto que la sociedad incorporará esta tecnología y las que vendrán, y por supuesto que se volverá a alcanzar un punto de equilibrio. Pero en el camino, y mientras tanto, quien no sea capaz de reinventar la forma de plantear una nueva forma de aprendizaje-enseñanza va a tener algún que otro problema”.

Por adoptar una conclusión, por más provisional que resulte, la IA en la educación no es inherentemente buena ni mala, pero su impacto depende de cómo se integre y utilice en el entorno educativo. Es esencial abordar los desafíos y preocupaciones para aprovechar al máximo el potencial de la IA en la mejora de la educación y garantizar que sea equitativa y ética. Los educadores y los responsables de la toma de decisiones deben trabajar juntos para garantizar que la IA se utilice de manera responsable y beneficie a los estudiantes.

Como apunta el profesor e investigador Luis Manuel Fernández, la integración de la inteligencia artificial en los procesos de aprendizaje y enseñanza “debe hacerse de manera ética y responsable”. En este punto radica la diferencia entre acometer bien o mal la implementación de la IA en la educación. Por ejemplo, explica, hay que tener en cuenta la privacidad y la seguridad de los estudiantes por encima de todo lo demás.

En su opinión, no hay duda de que la inteligencia artificial “puede ser una herramienta muy valiosa”, pero incide en ello de forma repetida: “Es esencial que el profesorado la use de manera reflexiva y que tenga en cuenta las necesidades, siempre, del estudiante”.

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí