Escasas medidas, nulo asesoramiento y espacios críticos de ventilación

Ricardo Díaz Colegio de Químicos

La transmisión del virus por aerosoles es conocida desde los primeros momentos de la pandemia. Desde el inicio del verano existe un consenso mayoritario en la comunidad científica por el que se identifica a los aerosoles como la principal vía de contagio. También, se conocen las dos variables sobre las que hay que actuar para reducir el riesgo de contagio: la concentración de patógeno o carga viral y el tiempo de exposición al agente infeccioso.

La falta de previsión y recursos en la vuelta al colegio se hizo notoria cuando, al carecer de la suficiente dotación de equipos e infraestructuras para la teledocencia, se consolida como única opción posible la presencialidad. Ahí perdimos la posibilidad de actuar reduciendo el tiempo de exposición.

En lo que se refiere a la actuación sobre la reducción de la carga viral, los colegios recibieron la recomendación de mantener puertas y ventanas abiertas para renovar el aire.
De esta forma, se inicia el curso, de forma presencial, sin instrucciones técnicas de cómo garantizar la renovación del aire en las aulas. Y así llegamos al momento en el que las temperaturas exteriores hacen que, mantener las ventanas totalmente abiertas, produzcan condiciones insanas para alumnos y docentes en las aulas.

Desde los primeros días del otoño, colegios y AMPAS han manifestado su preocupación por la salud de los escolares y por la imposibilidad de llevar a cabo el trabajo de aprendizaje normal en las aulas.

Como reacción a esta preocupación, el 3 de noviembre la Consejería de Educación y Juventud emitió una instrucción para la correcta ventilación de los centros educativos de la Comunidad de Madrid. Es una obviedad señalar que publicar dicha instrucción a estas alturas del curso denota una lamentable e incomprensible falta de previsión y de preparación del curso durante el pasado verano.

En el contenido del documento, la Consejería abunda en las actuaciones, ya conocidas, sobre los focos emisores (mascarillas y reducción de aforos). Posteriormente, aborda las actuaciones sobre el medio de propagación con el empleo de ventilación natural durante 15 minutos al entrar en las aulas, 5 minutos entre clase y clase, y ventilación continua en los baños.

Después de exponer los distintos mecanismos de renovación del aire y la clasificación de las categorías de calidad del aire, pasa a realizar recomendaciones generales. Las principales son fomentar en todo lo posible las actividades al aire libre y crear ventilación natural cruzada en las aulas abriendo ventanas y puertas de lados opuestos.
Dado que los aerosoles y el CO2 en un aula provienen de la respiración, como método indirecto de control de la concentración de aerosoles se emplearán medidores de CO2. A cielo abierto, la concentración del CO2 está entre los 350 y los 400 ppm. En un aula será aceptable hasta los 700 ppm. Por encima de este valor hay que abrir todas las ventanas y las puertas para regenerar inmediatamente el aire. Éste es el aporte práctico positivo del documento.

Medidores de CO2

Sin embargo, el documento indica que no es necesario un medidor por aula dado que se pueden emplear “aulas testigo” o estándares que nos darían un dato estimativo de la situación del resto de aulas mediante extrapolación de datos comparativos.

Tropezamos aquí con un problema de falta de contacto con la realidad dado que cada aula es muy diferente y en cada momento de la jornada puede tener diferente número de alumnos, así como alumnos de diferentes edades con diferentes capacidades de exhalación. En cualquier caso, no hay mejor referente que la toma de la medida “in situ” para conocer perfectamente la situación en cada momento. Nadie se sentiría seguro en un vehículo sin velocímetro que tuviera que calcular su velocidad por estimaciones respecto a otros vehículos.

Es posible que la Comunidad de Madrid no disponga de recursos para dotar a cada aula de un medidor con señal de alarma programable a los 700 ppm. Sin embargo, para resolver el problema, se debería recomendar que algún empleado, de forma itinerante y continua, midiera regularmente el CO2 de cada aula dotándolo con un pequeño equipo de bolsillo. Así se obtendrán medidas reales con una inversión mínima.

Otra deficiencia del documento, y de la estrategia de la Consejería, reside en la falta de existencia de un órgano consultivo a quien dirigir cuestiones y peticiones de asesoramiento en ventilación; máxime en plena pandemia y en algo tan importante como el mantenimiento de la calidad e higiene del aire que se respira en las aulas.

Resulta especialmente llamativo que el documento desaconseje la instalación de equipos de higienización por considerarlos innecesarios cuando haya ventilación natural. Evidentemente, ventilación e higienización no son incompatibles; bien al contrario, resultan sumatorias cuando ambos mecanismos se complementan sinérgicamente. De hecho, muchos equipos de higienización llevan incorporados sistemas de medida de CO2 para controlar su puesta en funcionamiento, e incluso, aviso por alarma de máximo riesgo (denominados semáforos).

En una situación de pandemia, y en lugares cerrados donde concurren personas no convivientes durante muchas horas, es inexplicable que se desaconseje el uso de estos equipos. Sólo se puede interpretar que se trata de un hecho similar al sucedido con las mascarillas; de las que, en principio, se dijo que no eran necesarias porque no se disponía de ellas y, en este momento, quien no la lleve puesta se expone a una sanción.
También resulta extraño que, en el tema de la higienización, únicamente se hable de los filtros HEPA como equipos que han optado comprar algunos ayuntamientos y centros educativos. El documento indica que únicamente se deben emplear como último recurso donde no se logre la ventilación natural cruzada “satisfactoria”.

Cabe preguntarse si en los comedores escolares, donde los alumnos se retiran las mascarillas para comer, puede entenderse como “satisfactoria” una ventilación controlada mediante extrapolación de la medida de CO2 de un equipo situado en otra sala del centro. Cabe preguntarse si, en un comedor escolar, están de más los higienizadores (dimensionados y ubicados correctamente), aún con ventilación natural.

Abundando sobre términos subjetivos en un documento pretendidamente técnico, y a parte del retraso con que se ha publicado, también se evidencia una clara improvisación en la lectura textual de su segunda conclusión: “Ventile con aire exterior tanto como sea razonablemente posible”. Lo “razonablemente posible” dependerá del individuo que considere lo que es razonable y lo que deja de serlo según una subjetiva sensación térmica.
Otra conclusión del documento dice textualmente: “El confort térmico debe ceder frente a las consideraciones sanitarias”. Esto es algo obvio, pero en días de frío extremo, es posible que para mantener los niveles de CO2 la ventilación provoque temperaturas de 10 a 5OC en el aula. Quizá ahí no se debe hablar de confort térmico sino de imposibilidad real de dar clase. Sobre todo, porque podemos crear la indeseable situación de colapsar los centros sanitarios por patologías provocadas en la pretensión de evitar el contagio por Covid.

Por otra parte, y esto es bastante más grave, llama poderosamente la atención que el documento no repare en la situación de lugares que pueden resultar críticos para los contagios:

1. Los gimnasios y los vestuarios de los colegios. El ejercicio físico origina mayor volumen de aerosoles y ello genera mayores riesgos.
2. Los comedores de los colegios: Sorprendentemente, a estos espacios no dedica ni una palabra el documento y representan lugares especialmente críticos en generación de posibles contagios dado que todos los niños se retiran mascarillas a la vez para comer y, además, es un lugar donde difícilmente se guarda silencio.

Hace pocos días, la misma Comunidad de Madrid recomendaba a los usuarios de Metro que, además del uso de mascarillas, se abstuvieran de hablar con otros viajeros o por teléfono al objeto de reducir la emisión de aerosoles. Pues bien, en los comedores de los colegios los alumnos hablan, posiblemente más de 30 minutos, alzando bastante la voz, en un lugar cerrado y sin mascarillas. ¿Creen que no es excesivamente relevante la diferencia de criterio?

Los centros formativos necesitan asesoramiento profesional para la ventilación e higienización real de todos sus espacios, especialmente, en aquellos que, como los comedores, desarrollan actividades de mayor riesgo. El asesoramiento debe ser “in situ”, llevado a cabo por profesionales y, obviamente, no se deberían descartar, a priori, higienizadores como métodos sumatorios en la reducción de riesgos de contagio. Que se requieran unos recursos que, quizá, no están disponibles en la Comunidad, no es óbice para que se prescriba el tratamiento “ad hoc” idóneo para cada espacio.

Tener óptima ventilación y mantener una temperatura que permita trabajar es un traje a medida en cada espacio. Quienes ostentan responsabilidades en nuestras Instituciones Públicas deben entender que es necesario tratar como adultos a los ciudadanos; y mucho más en tiempos de una crisis sanitaria y económica como la que estamos atravesando. Si no hay recursos para dotar de asesoramiento y medios técnicos a los centros formativos, es necesario hacerlo saber a la ciudadanía, por respeto a la misma y porque la situación lo requiere.

Ricardo Díaz, Decano del Colegio de Químicos de Madrid y catedrático en UDIMA

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