España cuenta ya casi con el mismo número de universidades públicas que privadas

El número de universidades privadas autorizadas, un total de 43, se acerca al de la públicas, que suman 50, según refiere el último informe sobre universidades de la Fundación CYD, que subraya que, mientras que el número de universidades públicas se ha mantenido inalterado en los últimos 25 años, el de las privadas se ha multiplicado por 2,7.

En octubre de 2023 se contabilizaban 41 universidades privadas reconocidas por ley y con actividad docente, cinco más que a finales de 2021. Entre ese mes y la actualidad, hay que sumar 2 universidades más, hasta las 43 actuales.

Asimismo, operaban en otoño pasado algo más de un centenar de escuelas de negocios con una actividad significativa. En conjunto, las cinco primeras entidades en términos de ingresos concentraron cera del 29% del valor total del mercado en 2022, participación que superó el 48% al considerar a las diez primeras.

El concepto de la universidad como negocio es un tema complejo y controvertido que ha generado debates en el ámbito educativo y más ampliamente en la sociedad.

Hace apenas unos días, José Lominchar, desde hace 17 años, director de CIAR, Intelligence & consulting (Consultoría Internacional de Alto Rendimiento), afirmaba en una entrevista concedida a ÉXITO EDUCATIVOO que la educación, sin lugar a dudas, debe entenderse, también, como “un negocio”, pero debido a que “esa entrada de inversores cada vez mayor, y especialmente fondos”.

Es, decía, “una realidad, cada vez tenemos una mayor presencia de fondos de inversión en el sector de la educación, en todos los niveles: a nivel de colegios, de universidades y de escuelas de negocios” y se preguntaba por qué sucede esto. Pues “porque es un negocio políticamente correcto”.

Él mismo se planteaba cuál es el problema de un fondo inversor, que tanto parece asustar en el ámbito de la educación, pero que tan presentes están de forma creciente, y su respuesta es que, “en algunas ocasiones la proyección que hacen es limitada en el tiempo. Lo ideal es que un fondo de inversión si apuesta por la educación lo pueda proyectar en el largo plazo. Es decir, el objetivo no solamente es buscar una rentabilidad en el corto plazo, sino que ese músculo financiero que entra en la educación, en una institución educativa, lo que busque es hacerla crecer cuantitativa y cualitativamente”. “El riesgo”, reconocía, “está en aquellas inversiones que se hacen acotadas en el tiempo, a cuatro o cinco años, como suele suceder con algunos fondos de inversión”.

Al respecto, a la pregunta concreta de que si la educación puede o debe entenderse como un negocio la respuesta no puede ser otra que “sí. ¿Es un negocio interesante? Sí. ¿Cada vez tendremos más presencia de fondos de inversión? Seguramente”, concluía.

Muchas universidades dependen en gran medida de los ingresos por matrículas, donaciones, subvenciones gubernamentales y otras fuentes de financiación para operar. En este sentido, las universidades compiten por atraer estudiantes y obtener esa financiación, lo que puede llevar a una mentalidad empresarial en la gestión de la institución.

Por otra parte, algunas críticas al enfoque empresarial de la universidad argumentan que puede llevar a una mercantilización de la educación, donde los estudiantes se consideran clientes y la educación se convierte en un producto que se vende en el mercado. Esto puede afectar la calidad y la integridad de la educación, ya que las decisiones se basan en consideraciones económicas en lugar de pedagógicas.

Además, en un entorno donde las universidades compiten por estudiantes, fondos y reconocimiento, los rankings universitarios y la reputación institucional pueden jugar un papel importante. Esto puede llevar a una mayor presión para mejorar la calidad educativa, la investigación y otros aspectos de la institución, pero también puede generar preocupaciones sobre la priorización de objetivos empresariales sobre los educativos.

Algunos defensores del enfoque empresarial de la universidad argumentan que puede fomentar la innovación y el espíritu empresarial en el ámbito académico. Las universidades pueden colaborar con la industria, desarrollar programas de estudios centrados en las necesidades del mercado laboral y promover la transferencia de tecnología y conocimiento hacia la sociedad.

Frente a ello, una crítica al enfoque empresarial de la universidad es que puede perpetuar desigualdades en el acceso a la educación superior. Las universidades pueden estar más centradas en atraer a estudiantes con la capacidad de pagar matrículas más altas o en mejorar su posición en los rankings en lugar de abordar las barreras económicas, sociales y culturales que enfrentan los estudiantes menos privilegiados.

En conclusión, si bien el enfoque empresarial de la universidad puede tener ventajas en términos de financiamiento, innovación y competitividad, también plantea desafíos en términos de equidad, calidad educativa y valores fundamentales de la educación superior. Por ello, es importante encontrar un equilibrio entre los objetivos empresariales y educativos para garantizar que la universidad cumpla su misión de servir a la sociedad y promover el desarrollo humano y social.

La rentabilidad ‘privada’ de educar

Según el Observatorio Sectorial DBK de INFORMA (filial de Cesce), los ingresos del sector de universidades privadas y escuelas de negocios experimentaron un significativo crecimiento en 2022, en un contexto marcado por el buen comportamiento de la demanda de formación superior privada. De esta forma, el negocio total alcanzó los 3.265 millones de euros al cierre del ejercicio, tras crecer un 11,2% respecto a 2021.

El segmento de universidades privadas facturó 2.390 millones de euros, cifra que se incrementó un 10,4%. Este negocio supuso el 73,2% de los ingresos totales del sector. Las seis universidades no presenciales con actividad en 2022 generaron unos ingresos conjuntos de 480 millones de euros en ese ejercicio, tras crecer un 8,8% respecto a 2021. Por su parte, las universidades presenciales alcanzaron en 2022 los 1.910 millones de euros, un 10,8% más.

En términos de alumnos, el total matriculado en grados y másteres oficiales en universidades privadas se incrementó un 9,7% en el curso 2021/2022 y un 9,9% en el curso 2022/2023, hasta superar, de forma provisional, los 415.000 alumnos. Esta cifra supuso el 25,5% del número total de alumnos en universidades públicas y privadas, manteniendo la tendencia al alza.

Por su parte, el segmento de escuelas de negocios estuvo marcado por el buen comportamiento de la actividad económica y de la inversión empresarial en formación, lo que permitió que la facturación conjunta de este tipo de entidades experimentase un incremento del 13,6% en 2022, situándose en 875 millones de euros.

Las previsiones para el cierre de 2023 apuntaban al mantenimiento de la tendencia alcista del mercado, aunque se esperaba una tasa de crecimiento más moderada. Así, es previsible que el negocio total registre un aumento próximo al 9%, superando ya los 3.500 millones de euros.

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