España perderá en 30 años hasta 800.000 alumnos y se cerrarán 33.000 aulas

Foto: Pool Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa

Los cambios demográficos y tecnológicos que se producirán en el futuro cercano estima que en 2050 España tendrá 800.000 estudiantes menos de entre 3 y 15 años que ahora, y un total de 33.000 aulas cerrarán sus puertas. Es solo uno de los augurios que contempla el estudio ‘Fundamentos y propuestas para una Estrategia Nacional de Largo Plazo‘, que presentó este jueves el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Clicando en este enlace se puede consultar íntegro el estudio el Informe Estrategia España 2050 

La educación supone el segundo ‘desafío’, como lo llama el Gobierno, de una suerte de aspectos en los que el Ejecutivo que preside Pedro Sánchez se propone empezar a trabajar durante los próximos 30 años con el fin previsible de revertir la situación, o al menos aminorar los daños advertidos.

El estudio ha sido elaborado por un centenar de investigadores de reconocido prestigio y de disciplinas académicas diversas, coordinados por la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia y apoyados por organismos como la AIReF, el Banco de España, y el Joint Research Centre de la Comisión Europea.

Los autores subrayan que en las próximas décadas, la digitalización trasformará la forma en la que consumimos, procesamos y utilizamos la información. La generalización de tecnologías como la sensórica avanzada o la Inteligencia Artificial reducirá la importancia de los datos memorizados y supondrá una revalorización de las competencias sociales, emocionales y creativas, que son, a su juicio, las que garantizarán un mejor desempeño en un mundo cada vez más complejo y especializado.

Así, los estudiantes tendrán que aprender a trabajar con las máquinas y no a competir contra ellas, apunta el estudio, lo que exigirá un mayor conocimiento en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, Science, Technology, Engineering and Math en inglés), pero también mejores competencias cognitivas (como la creatividad o el razonamiento deductivo), sociales (como la comunicación, el trabajo en equipo, el liderazgo o la negociación) y emocionales; “competencias en las que los humanos somos mejores que las máquinas”, saluda el estudio.

Esta transformación, aseguran los expertos, unida a la aceleración del cambio tecnológico, aumentará la ventaja competitiva de aquellos sistemas educativos más versátiles y más centrados en la adquisición de competencias que en la memorización de contenidos. Y de no abordarse las carencias que señala el informe, de aquí a 2050, 3,4 millones de estudiantes podrían repetir curso y alrededor de 2 millones podrían abandonar la escuela de forma temprana, algo que, en la mayoría de los casos, los abocaría a una vida laboral precaria y aumentaría significativamente sus probabilidades de caer en la pobreza y la exclusión social, se advierte.

Pero hay margen para la esperanza. Por ejemplo, si se consigue reducir el porcentaje de alumnos de 15 años que han repetido al menos una vez del 28% actual hasta el 10%, España ganaría el aprendizaje de casi medio año adicional de escolarización y ahorraría unos 900 millones de euros al año (el equivalente al 3-4% del presupuesto de Primaria y ESO). Este dinero podría usarse para financiar otras políticas y cerrar la brecha educativa social, ya que el 49% de los estudiantes de 15 años que han repetido alguna vez provienen de un entorno socioeconómico vulnerable.

Reducir en 18 puntos el porcentaje de alumnado repetidor no será fácil, admiten los autores del estudio, pero aclaran que es “perfectamente factible, entre otras cosas, porque nuestras altas tasas de repetición no tienen nada que ver con la capacidad de nuestra juventud sino, más bien, con el diseño de nuestro sistema de evaluación y el apoyo insuficiente que reciben los alumnos de entornos más desfavorecidos; dos cuestiones que pueden atajarse en poco tiempo”.

De hecho, indican, en la actualidad hay 13 países de la UE con tasas de repetición inferiores al 10%. De forma análoga, si España lograse reducir el porcentaje de jóvenes que abandonan la escuela de forma prematura desde el 17% actual hasta el 10% en 2030 (el objetivo que había fijado la UE para el 2020) y se consiguiese que todos ellos terminasen al menos la secundaria postobligatoria, se podría recortar la tasa de desempleo estructural unas 4 décimas e incrementar la productividad del trabajo un 1,7%.

El mismo posibilismo se aprecia en el desafío del aprendizaje. Si se aumentara en 20 puntos los resultados en PISA en las distintas competencias (matemáticas, lectura y ciencia) hasta alcanzar niveles de 500 puntos (media de la UE-8) de aquí a 2050, el PIB español podría crecer unos 0,5 puntos porcentuales más al año en las subsiguientes décadas, la competitividad de la fuerza laboral y las empresas aumentaría considerablemente, y mejoraría el bienestar económico y social de la ciudadanía.

La pregunta que se formula el ciudadano la adelantan los expertos: ¿Es posible mejorar 20 puntos nuestros resultados en PISA en 30 años? “Sí lo es. De hecho, en lo que va de siglo, países como Polonia, Portugal, Letonia o Italia han logrado una mejora similar”. Es cierto, reconocen, que pasar de una puntuación de 480 a 500 requiere más esfuerzo que pasar de 460 a 480, “pero también es verdad que nuestro país aún tiene mejoras pendientes fáciles de implementar y con un gran impacto potencial en términos de aprendizaje”.

Cierre de colegios, más en la España rural

En este contexto surgen las cifras que llaman la atención y, por qué no, a la desesperanza en cierto sentido. Pero hasta para eso el Gobierno tiene remedios. En 2050, España tendrá unos 800.000 estudiantes menos de entre 3 y 15 años de edad. Esto equivale a tener unas 33.000 aulas de 24 alumnos menos que en 2019.

Esta fuerte contracción de la población estudiantil obligará a cerrar varios colegios, sobre todo en la España rural, y a reducir el tamaño de otros muchos. No obstante, bien gestionada, también abrirá la puerta a una serie de mejoras profundas en el sistema. Eso se apunta en el estudio.

De entrada, España podrá duplicar su volumen de gasto por alumno en los niveles de infantil, primaria y ESO, pasando de los 4.880 euros actuales a unos 9.640 en 2050 (nivel actual de Dinamarca) sin apenas incrementar el gasto público. Esta inyección de recursos servirá para impulsar prácticas como la co-docencia, aumentar las tutorías de apoyo para los estudiantes más rezagados, y mejorar las condiciones del profesorado.

Las instalaciones que ya no sean necesarias se podrán reconvertir y destinar a otras modalidades formativas, como la educación infantil de 0 a 3 años o la recualificacion de adultos, cuya demanda crecerá en el futuro. La mayor disponibilidad de recursos económicos permitirá también impulsar la digitalización del sistema educativo, iniciada ya con la inyección de fondos europeos.

Tecnología y educación

En las próximas décadas, la generalización de las nuevas tecnologías modificará la forma en la que se aprende, enseña, evalúa y tutela a los alumnos en las escuelas. La Inteligencia Artificial permitirá impulsar un aprendizaje más personalizado y profundo, adaptado al ritmo y a las particularidades de cada estudiante.

Por ejemplo, ya existen sistemas capaces de analizar las traducciones realizadas por los alumnos en clases de lengua extranjera y de ayudarles a reforzar su conocimiento en función de los errores cometidos. En un futuro cercano, estas tecnologías se aplicarán a todas las asignaturas y permitirán a los docentes corregir y analizar los exámenes y trabajos de su alumnado con mayor frecuencia y grado de detalle, haciendo así un seguimiento más personalizado de su progreso.

Estos mismos sistemas permitirán identificar pérdidas de interés o problemas de aprendizaje, detectar de forma temprana riesgos de repetición o abandono, y proveer a los alumnos de una asistencia adicional presencial o remota. Asimismo, facilitarán el diagnóstico prematuro de diversas enfermedades que dificultan el aprendizaje (como la dislexia,129 el autismo o el trastorno por déficit de atención e hiperactividad) y ampliarán las posibilidades de aprender para las personas con alguna discapacidad.

La digitalización de las aulas también permitirá a los centros educativos intercambiar datos y compartir las habilidades y el conocimiento entre equipos docentes de forma telemática, algo que podría traducirse en una reducción de la desigualdad entre centros, un apoyo crucial para las escuelas e institutos rurales, y una mejora significativa de los resultados de aprendizaje.

Naturalmente, según los expertos, para que estos cambios se produzcan, habrá que llevar a cabo reformas profundas en el sistema: apostar por la I+D educativa, digitalizar los sistemas de datos y gestión del conocimiento, modernizar las infraestructuras, y recualificar a buena parte del cuerpo docente. “Además, tendremos que aprender a lidiar con los posibles efectos negativos que el uso de los dispositivos digitales puedan tener sobre la concentración, el aprendizaje y el bienestar de los alumnos”, se señala.

Objetivos concretos e ideas

  • Reducir el porcentaje del alumnado que, con 15 años, ha repetido al menos una vez, pasando del 29% actual al 5% antes de mediados de siglo.
  • Disminuir la tasa de abandono escolar desde el 17% actual hasta el 3% antes de 2050.
  • Conseguir que el 93% de la población entre 25 y 34 años tenga una educación superior a la ESO antes de 2050, frente al 70% actual. En aras de alcanzar este objetivo, el periodo entre 16 y 18 años habrá de considerarse etapa formativa.
  • Mejorar la equidad del sistema, elevando de manera especial las oportunidades de quienes sufren mayores desventajas de origen. Esto implica reducir la importancia que tiene el origen social en el acceso, la repetición y el abandono escolar hasta alcanzar la media de la UE-8 en 2050.
  • Mejorar los resultados nacionales en aprendizaje, a través de la reducción de la proporción de estudiantes de 15 años con rendimiento bajo en las evaluaciones PISA (o en otra evaluación diagnóstico de carácter nacional) en lectura, matemáticas y ciencias (inferior al nivel 2) hasta alcanzar el objetivo del 15% fijado por la UE antes de 2050.134.
  • Fomentar la excelencia en el sistema educativo, duplicando la actual proporción de estudiantes de 15 años con rendimiento alto en las evaluaciones PISA (o en otra evaluación diagnóstico de carácter nacional) en lectura, matemáticas y ciencias (nivel 5 o superior) hasta converger con la media de la UE-8 en 2050.
  • Incrementar progresivamente el gasto público en educación hasta cotas del 5,5% del PIB a mediados de siglo, garantizando una mejora similar en el gasto por estudiante. Este incremento de la financiación debe venir acompañado de mejoras significativas en la eficiencia y composición del gasto.

 

 

 

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