Estado vegetativo

CPR dummy

En medicina es sinónimo de apagamiento del ser. Para ser concretos, según la World Medical Assocation (WMA)  es el estado “…en el cual el cuerpo cíclicamente se despierta y se duerme, pero no expresa evidencia metabólica cerebral o de comportamiento que indique una función cognitiva o que es capaz de responder de una manera aprendida a eventos o estímulos externos.”. Otras fuentes también señalan que “estos pacientes mantienen espontáneamente las constantes y funciones vitales, el ritmo sueño-vigilia y carecen de actividad voluntaria.”.

Andaba yo en estas disquisiciones, cuando se me vino a la cabeza la similitud con nuestra España de hoy.

La lectura de los periódicos de esta semana, el visionado de noticiarios vespertinos y los trayectos matutinos con la radio encendida en el coche mientras uno llega al despacho, dan para rumiar los últimos acontecimientos.

Nos encontramos, empecemos por ahí, con un país en el que una parte consentida ha decidido no hacer cumplir una sentencia judicial, ratificada además, por el TSJC. Señores, señoras, Montesquieu ha muerto. En fin, ya lo había hecho en alguna otra ocasión, para que nos vamos a engañar, pero es en esta en la que el certificado de defunción se sostiene en una mano cual panfleto ácrata a modo de desafío al Estado. Un Estado que, por mor de las necesidades de nuestro guapo patrio, ha decidido no demostrar capacidad cognitiva alguna para oponer sus argumentos y sus capacidades ante tamaño desafío. Solo se muestra capaz de responder con frases y propuestas aprendidas del pasado, una maravillosa mesa de negociación paritaria, sin darse cuenta de que, en este estado, el contrario avanza. ¿Les suena el estado en el que se encuentra este Estado?

Decía que las necesidades de nuestro guapo patrio, le llevaron a tener que configurar un engendro político para sostenerse en su deseo. Alguna mente preclara, Alfredo, va por ti, lo denominó gobierno Frankenstein. No se puede ser más perspicaz. A aquellos que somos amantes de las novelas góticas de terror, y en especial de Mary Shelley, no se nos escapa que el ser configurado en base a trozos y miembros inertes unidos por materia y materiales ajenos a él y dado a la vida a través de un chispazo, no es algo que tenga vocación de pervivencia. Es más, a poco que una tuerca falle, el monstruo enloquece y carece de actividad voluntaria y cognitiva. Y eso es lo que le pasa al bicho ahora. Lo que ocurre es que, en este caso, ni siquiera contamos con la belleza del mal que se reflejaba en la novela gótica británica, y el nuestro se asemeja más a un Luis Ricardo, ¿recuerdan?: el de “cantidubi, dubi, dubi; cantidubi, dubi, da”.

Pues ese es el modo en el que nos encontramos ahora. En el modo “cantidubi”. Resulta que nuestro país es, con motivo del 40º aniversario de su incorporación y en plena guerra ruso-ucraniana, sede de la reunión de la OTAN. Pues bien, parte del gobierno ha decidido hacer dejación de funciones y mostrar su alineamiento prorruso de forma clara. “La Tuerca” y los referéndums no se pagan solos, ¡oiga!

Más allá de esto, en el colmo de lo cómico, una parte de ese gobierno se acusa a sí misma de prevaricación aduciendo que 37 millones destinados a la organización de esta cumbre, una nadería, se han entregado a dedo y vaya usted a saber con qué criterios. Al tiempo que “la postulante Díaz” balbucea excusas sobre su inasistencia por problemas de agenda médica. En el colmo del despropósito, ni siquiera tienen la valentía de sostener su disconformidad. ¿Es, o no es grotesco? En fin. ¿Pueden hacerse una idea de lo que estarán pensando nuestros aliados con esta patulea que, además, permite que entren en la comisión de secretos oficiales los grupos que sostienen el gobierno, alguno de ellos (todos los independentistas catalanes y vascos) acusado de estar financiado por países de dudosa ética y estética, como Irán, Venezuela, China o la propia Rusia? En fin.

¿Estamos o no, en un Estado en estado vegetativo?

Mientras tanto, el Sr. Sánchez, nuestro guapo nacional, debe andar haciéndose cruces mientras duerme poco con semejante pandilla merendilla. Se imaginó a sí mismo en un final de legislatura en el que sería, y va a ser, presidente de turno de la UE (esa que tan poca gracia hace a alguno de sus socios) y en vísperas del 18º cumpleaños de la Princesa de Asturias, que supondrá la asunción por su parte de nuevas responsabilidades de Estado. Ser “republicomonárquico” no es fácil en estos momentos. Que yo recuerde solo lo logró Julio César hasta que llegaron los Idus de marzo y su querido Bruto colaboró en el complot. Ahora Bruto parece llamarse Díaz, en todos los sentidos.

Decían las malas lenguas que Clark Gable era el guapo oficial de Hollywood, pero un suplicio para las actrices. Era bien conocido por su halitosis extrema que hacía insoportable estar cerca de su presencia. Debe ser que a algunos guapos les pasa. La halitosis es síntoma de problemas estomacales. Como para no. También, según libros antiguos, señal de estar en presencia del demonio, que no dejó de ser un ángel caído en desgracia. Quién sabe.  El caso es que nuestro presidente empieza a ser un sujeto a evitar, según las encuestas.

El refranero español, que tiene mucha retranca, nos regala muchos dichos que bien se podrían aplicar a nuestra situación. El primero que se me viene a la cabeza es aquel que señala que “lo que mal empieza, mal acaba”. Es cierto que él recibió, de mala manera, un estado en vías de salir de una enfermedad de largo alcance y alta intensidad, pero lo deja vegetativo.

Ser un funambulista andando por una cuerda en el averno no debe ser fácil. Incluso le creo cuando manifestó su sentir sobre la futura gobernanza de su país. Pero la realidad, sea por un motivo o por otro, es que ha cedido a cuestiones inexplicables que dañan el entramado institucional de nuestro país, y de cualquier democracia que se preste, solo para asegurarse cuatro años de “gloria”.

Puede que no seamos una excepción, porque la verdad es que cuando uno mira a cualquier punto cardinal se encuentra con situaciones similares. Pero lo que nos toca es vivir lo nuestro. Y no pinta bien.  Así que ya solo nos queda esperar con paciencia asistir al descenso de nuestro Fausto y esperar que no se cumpla aquello de que “otro vendrá, que bueno te hará”, porque entonces habremos pasado ya al estadio final.

Esperemos que no.

Jaime García Crespo, CEO de Grupo Educación y Sistemas

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