Ética a Nicomedes

Aritstóteles

Permítame que le llame Nicomedes y no Nicómaco, por aquello de que, ni yo, desafortunadamente, soy Aristóteles, ni a usted le otorgo el honor de saberse educado en la ética como lo estuvo Nicómaco. Al menos así lo han demostrado. Y le vengo a nombrar Nicomedes porque no deja de ser un nombre muy ibérico, y se ha hecho gala de ser muy “ibérico” en las opiniones que se emiten sobre esta materia.

Dejemos claro al lector que estoy llamando Nicomedes a todo aquel que falto de criterio objetivo sobre el que fundamentar su posición, aun siendo ésta ideológica, no tiene a bien sostenerla en esto, un poso ideológico y trata de confundirnos vistiendo sus argumentos con medias verdades o directamente invenciones, producto de clichés preconcebidos que, a fuerza de repetirse una y otra vez se convierten en dogma.

Procedo.

Pongamos que es Ud. un cargo “político” desde el que representa a un colectivo y que, como tal, alguna responsabilidad tiene a la hora de verter opiniones que afectan, de forma dramática, a un sector, en este caso el educativo privado. Pongamos también que Ud. ha querido trasladar un sentir ideológico, lícito por otra parte, sobre una serie de cuestiones que se le han planteado. Pongamos además, que desde su posición tiene información suficiente para emitir esas opiniones. Y pongamos, finalmente, que desde su estrado es Ud. capaz de generar opinión sobre los temas de los que enjuicia.

Pues bien, teniendo en cuenta todo lo anterior, lamento decirle, estimado Sr. Nicomedes, que es Ud. un indocumentado. No se me ofenda por el término, porque, por el momento, solo implica que no se ha documentado en los temas sobre los que profiere opiniones, o al menos, no adecuadamente. Prefiero, mientras y hasta que Ud. me demuestre lo contrario, pensar que es ese el problema y no que esa opinión tiene una carga ideológica y un enfoque falaz, porque, entonces, tendría que advertirle de que lo honesto sería señalar que es ese particular lo que le mueve.

Permítame que entre en materia.

Se señala recurrentemente, como un mantra, que no existe en Europa ningún ejemplo de enseñanza concertada. Vamos a entender por concertado todo aquel centro educativo que siendo público arrastra gestión privada o que siendo privado está sostenido, en parte, por fondos públicos. Pues bien, en ese sentido le tengo que decir que en países como: Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Eslovaquia, Finlandia, Francia, Holanda, Hungría, Irlanda, Luxemburgo, Polonia, Portugal, Reino Unido Y República Checa, si existe un modelo similar. Y no solo eso, sino que en las diferentes constituciones de estos países está contemplada esta posibilidad (salvo el Reino Unido, que como Ud. sabe no tiene constitución escrita como tal, sino “codificada”). Uno puede estar de acuerdo o en desacuerdo con este sistema de financiación. Yo, personalmente, prefiero una financiación directa a la familia, como expongo a continuación, pero lo que uno no puede hacer es faltar a la verdad. De ahí la importancia de la ética.

También se menciona en muchos foros, respecto de la propuesta que está prevista incluir en el borrador de presupuestos de gravar con un IVA del 21% a la educación privada, que eso debía ser normal, al igual que ocurre con todas las empresas. Permítanme que les alumbre con información que a lo mejor es de su interés. En la directiva 2006/112/CE de la UE se establece claramente la inconveniencia de gravar con impuestos, tanto a la sanidad privada, como a la educación privada, por entenderse que son servicios esenciales que no solo restan el destino de recursos económicos extra a cada estado miembro, sino que también aseguran la libertad de elección de centro y modelo educativo a las familias. Por tanto, no, estimado Sr. Nicomedes, no puede ser como a “cualquier empresa privada”. Por no hablar de las recomendaciones de la OCDE o el principio recogido en la Carta de Derechos Fundamentales de la UE, que en su artículo 14 recoge el derecho de las familias a elegir la educación de sus hijos “conforme a convicciones religiosas, filosóficas y pedagógicas”. Esto, claro está, es aplicable a los países de la UE. Si hablamos de que lo que realmente nos interesan son otros modelos educativos de países ajenos a ella, entonces reconozco mi desconocimiento y mi desinterés.

Me permito lanzarles una propuesta para su reflexión que creo solucionaría parte de los problemas. ¿Por qué no introducir un, llamémoslo, “Bono Social Educativo” cuyo importe supusiera el mismo valor del coste que supone para el erario actualmente el puesto escolar en los centros públicos, de forma que cada familia pudiera elegir libremente el modelo de colegios al que querrían que asistieran sus hijos? Esto, sin duda, permitiría, por un lado, que las familias valorasen adecuadamente el proyecto que ofreciera cada centro; por otro, haría accesible la educación privada o concertada a muchos españoles interesados en esa opción; y, de paso, permitiría que cada centro recibiera un flujo de dinero (en el caso de los públicos, sumado al que ya reciben) que les facultara a incurrir en inversiones o gastos para la mejora de su proyecto. ¿No sería mucho más ecuánime y democrático? Incluso, por su carácter social, ¿por qué no articularlo con progresividad en función de la renta de cada familia? Y vaya por delante que como ciudadano que anualmente se retrata con el fisco, quiero para mi país la mejor educación pública posible. No tengan duda de ello.

Concluyo, querido Nicomedes, deseando haber aclarado el desconocimiento que podía albergar sobre la materia y ruego que en opiniones futuras tomen en consideración, éticamente hablando, dicha información para poder establecer un debate sobre cuestiones fundamentadas en la práctica comunitaria y en el derecho y evitar así un debate que se centre en cuestiones ideológicas. O, por el contrario, cuando vierta opiniones sobre la materia, advierta al lector claramente, que Ud. quiere circunscribir sus opiniones al debate ideológico. Sería lo ético.

Jaime García Crespo, CEO de Educación y Sistemas

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here